Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1999/05/24 00:00

MUERTE ADOLESCENTE

¿Resentimiento? ¿Violencia cultural? La masacre de Colorado plantea una grave crisis social en <BR>Estados Unidos.

MUERTE ADOLESCENTE

Tanto Eric David Harris, de 18 años, como Dylan Bennet Klebold, de 19, pertenecían a
'buenas familias' de la clase media norteamericana. Ninguno de los dos vivió el divorcio de sus padres
ni sufría de privaciones afectivas o materiales. Y aunque no se destacaban tampoco eran pésimos
estudiantes. Harris y Klebold no parecían tener una razón pero el martes de la semana pasada, en el
Columbine High School, un colegio público situado en un buen vecindario de Littleton, Colorado,
mataron entre carcajadas a 12 de sus compañeros y al profesor de finanzas.
Harris y Klebold perdieron la vida, muertos por su propia mano, tras considerar completa su 'misión
suicida'. Hoy los horrorizados estadounidenses se preguntan qué puso motivar este nuevo caso, que se
une a una cadena de incidentes en los últimos años. June Arnett, del National School Safety Center, una
fundación con sede en Westlake Village, California, señaló a SEMANA varias causas generales: "La
facilidad con la que los jóvenes consiguen armas, la apología de la violencia que se presenta no solo por
la televisión sino en Internet y en los juegos de video, la pérdida de los valores familiares, y todo ello
combinado con los celos que sienten los adolescentes por sus compañeros de mejor nivel económico,
mayor belleza, éxito en los deportes o superior desempeño académico." Algo que otros analistas han
dado en llamar el 'Síndrome de Dawson's Creek', por la serie de televisión en que la vida escolar es
mirada desde una óptica de glamour y belleza absolutos.
Según Arnett, "lo más inquietante es que mientras los compañeros de colegio describieron un
comportamiento anormal en Harris y Klebold, ni los directivos del colegio ni las autoridades tenían el menor
indicio de que una tragedia podría presentarse". En efecto, los muchachos habían comenzado a actuar en
forma sospechosa. Decían pertenecer a 'la mafia de la gabardina' (the trenchcoat mafia). Andaban
marcialmente vestidos de negro, usaban insignias nazis, hablaban un alemán macarrónico entre sí,
despreciaban a los estudiantes sobresalientes y a los deportistas y realizaron su 'misión suicida' el 20 de
abril, el día del cumpleaños de Hitler. Harris estaba obsesionado con juegos de video violentos como
Doom y había desarrollado sus propias versiones.
Todo eso, sin embargo, no explica la razón que pudo llevar a unos muchachos como Harris y Klebold a
solucionar lo que para millones son problemas típicos de la adolescencia matando a sus compañeros y
luego suicidándose.
"El problema puede ser la ambigüedad del mensaje: enseñamos a nuestros niños 'no matarás' y luego
los dejamos sumergirse por horas en los juegos de video más violentos, en las páginas de Internet que
promueven la violencia y en la televisión, que no se queda atrás", explica Arnett. Internet podría estar
sirviendo como vehículo de información sobre esas tendencias, con su profusión de páginas
terroristas y pronazis, y el rock 'industrial' tendría mucho que ver, con sus letras de odio y desesperanza. Y
lo peor es que el fenómeno toma características de epidemia y cada matanza es capaz de producir otras,
por imitación e incluso por emulación.
La complejidad y la urgencia del tema produce posturas pragmáticas, como la que planteó a SEMANA
Nancy Hwa, de Handgun Control, una organización que aboga por el endurecimiento de las normas sobre
armas de fuego, "es necesario que, al menos, las armas no estén en manos de los adolescentes. Eso es
lo primero. Después podemos lidiar con las causas."

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