Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2002/03/01 00:00

Muerte en Angola

Jonás Savimbi, el segundo guerrillero más viejo del mundo después de 'Tirofijo', fue abatido por oponerse a la paz de su país.

Savimbi fue capaz de atravesar todas las barreras ideológicas en pos del poder. Al final su oposición a la paz lo dejó sin amigos

Con la muerte de Jonas Savimbi en Angola salió de la escena uno de los últimos protagonistas de las guerras que siguieron a la descolonización de Africa. Querido y odiado, brillante pero brutal, Savimbi pareció abarcar en su compleja personalidad todas las contradicciones de un continente que aún no se reencuentra consigo mismo.

Un continente que, como Africa, sigue sufriendo su trágica interacción con el mundo 'civilizado'.

Savimbi, líder de la Unión para la Independencia total de Angola (Unita) murió el sábado a las 3 de la tarde en una emboscada del ejército del presidente José Eduardo dos Santos. Sus tropas, que aún se estiman en varios miles, estaban a la defensiva desde 1992, cuando Savimbi se negó a aceptar las nuevas realidades geopolíticas y se convirtió en el mayor obstáculo para la paz. En realidad su caída era inevitable.

La noticia del suceso se diseminó como reguero de pólvora. Se trataba de un hombre que llevaba luchando desde 1966 y su figura era considerada legendaria por sus partidarios y sus enemigos. Por eso los efectivos gubernamentales organizaron rápidamente una sesión fotográfica macabra para disipar cualquier duda sobre su deceso. Pocos creían que Savimbi, ese hombre que jugó con la vida de miles de sus compatriotas durante tantos años, pudiera estar realmente muerto.

Jonás Savimbi, como la mayoría de los líderes históricos del Africa del siglo XX, comenzó su carrera de rebelde en la lucha por la independencia nacional de Angola, colonia portuguesa desde el siglo XVI. Nacido en 1934, heredó de su padre, pastor protestante, la facilidad oratoria y, como el brillante estudiante que fue, logró ser admitido en un colegio elitista portugués, donde se graduó como el primero de su clase en 1957. Al año siguiente viajó a Lisboa para estudiar medicina, pero pronto se vio involucrado en la lucha independentista. Bajo la presión de los servicios secretos portugueses pasó a Lausana, Suiza, donde supuestamente cambió su carrera por la ciencia política. Se dice que se graduó en 1965 y él adoraba ser llamado doctor, pero nada de ello está confirmado.

Para la época la lucha independentista ya mostraba las divisiones que luego de la retirada portuguesa llevarían al desastre al país. Una facción estaba comandada por Holden Roberto, fundador y líder del Frente por la Liberación de Angola (Fnla), apoyado por Estados Unidos y sus aliados. Aunque el joven y brillante Savimbi, de la tribu ovimbundu, era el ministro de Relaciones Exteriores de su gobierno en el exilio, pronto rompió con el Fnla por su tendencia a favorecer a la etnia bakongo. Intentó pasarse entonces a las toldas del Movimiento Popular por la Liberación de Angola (Mpla), un conglomerado marxista dirigido por el poeta Agostinho Neto. Pero cuando éste le negó un asiento en su propio consejo de gobierno Savimbi volvió a quedarse sin grupo.

El siguiente paso fue buscar apoyo en el extranjero. Lo encontró en China, donde él y varios de sus compañeros fueron invitados a estudiar prácticas guerrilleras. De regreso, en 1966, fundó su propio movimiento, la Unión Nacional para la Liberación Total de Angola, en la localidad de Muangai, en su provincia natal de Moxico.

Dividida en al menos tres facciones antagónicas entre sí, la lucha independentista prosiguió entre ríos de sangre pero pocos avances estratégicos. Sólo la caída del régimen portugués de Marcelo Caetano en 1974 a manos de un golpe de oficiales de izquierda inició el fin de la aventura colonial de Portugal en Africa.

Pero la salida de las tropas y los colonos portugueses y la proclamación de la República de Angola en 1975 fueran el comienzo de un nuevo capítulo de su tragedia. Incapaces de ponerse de acuerdo, los líderes iniciaron de inmediato una guerra civil que destruyó al país. Savimbi, el eterno pragmático, se reinventó a sí mismo. De maoísta pasó sin problemas a aliado de Estados Unidos y del régimen racista de Suráfrica. Pero sus tropas no pudieron con el apoyo cubano-soviético del Mpla. Mientras éste se consolidaba en la capital, Luanda, Savimbi se retiró hacia el interior para reagruparse.

Y lo logró principalmente por el vergonzoso apoyo del gobierno surafricano del apartheid. La lucha continuó indefinidamente durante los siguientes 15 años y, de nuevo, factores externos determinaron el destino de Angola. El final de la Guerra Fría y del gobierno racista de Suráfrica abrieron una nueva oportunidad para la paz. Savimbi y el presidente José Eduardo dos Santos, heredero de Neto, la firmaron en la localidad portuguesa de Bicesse en mayo de 1991 y acordaron una fecha para las elecciones el año siguiente. Pero aún faltaba lo peor para los angolanos.

Savimbi regresó a Luanda después de muchos años y comenzó su campaña presidencial. Pero en cuanto se enteró de su derrota en las urnas rehusó aceptarla y se atrincheró en Huambo, la segunda ciudad del país. Las Naciones Unidas, con el apoyo de Estados Unidos, Portugal y Rusia, trataron desesperadamente de salvar la paz, pero todo fue en vano.

Lo que siguió fue más sangriento que todo lo que se había vivido antes. Miles de civiles murieron a manos de la Unita y el mundo le dio la espalda a Savimbi. El presidente norteamericano Bill Clinton cambió la política de desconocer al gobierno de Dos Santos y la ONU impuso un bloqueo de suministros y petróleo a la Unita. Savimbi, tras otro intento de paz en 1994, seguía tercamente en una guerra personalista, desideologizada y sin razón de ser.

Desde entonces el líder, que en su momento había aprovechado las contradicciones de la Guerra Fría, se convirtió en un paria. Lejos quedaron los días en que, en 1986, fue recibido por Ronald Reagan en la Casa Blanca como un luchador anticomunista por la libertad. Su final era cuestión de tiempo.

Hoy la gente se pregunta qué queda para Angola después de la muerte del hombre que tanto contribuyó a su destrucción. Ese es un país de 12 millones de habitantes que carece virtualmente de infraestructura. La inmensa mayoría de ellos viven en la extrema pobreza a pesar de estar en un territorio rico en petróleo, diamantes (el negocio principal de Savimbi) y otras riquezas naturales. El programa de alimentación de la ONU sostiene a un millón de personas. La expectativa de vida es de 44 años y un tercio de los niños mueren antes de los 5 años.

Dos Santos ha declarado que si lo que queda de la Unita se desarma pronto celebrará elecciones. Aunque no se espera que los actores de la guerra, ahora diseminados en unidades inconexas, se comprometan con la paz, lo cierto es que Dos Santos no tendrá la excusa de la conflagración para explicar la miseria extrema de su país. Para completar el círculo de la historia ese gobernante de estirpe comunista será recibido esta semana por el presidente George W. Bush en la misma Ca

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.