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| 5/30/2017 5:32:00 PM

El dictador Noriega y el “conejo” de los gringos a Carlos Lehder

El fallecido general panameño pudo ser condenado en Estados Unidos gracias al testimonio del excéntrico narco colombiano. Sin embargo, décadas después él dice que la justicia norteamericana no le cumplió y pide regresar a Colombia.

La muerte del dictador panameño Manuel Antonio Noriega ha revivido muchos episodios de los excesos de su vida y de su estrepitosa caída por cuenta del rigor de la justicia nortemaericana. A sus 83 años, y después de haber pasado más de tres décadas tras las rejas, quien impuso la mano de hierro en el vecino país falleció de un tumor cerebral. La enfermedad le había permitido pasar los últimos días de su vida cerca a sus seres queridos.

Por cuenta de sus nexos con el narcotráfico en Colombia, Noriega pasó de ser el militar aliado y consentido por la CIA a ser extraditado por Estados Unidos. Como bien reseña el periódico El País de España en un perfil a propósito de su muerte "la suerte del dictador panameño se fue al traste cuando Estados Unidos comprobó que Noriega no solo era su aliado, sino también del narco. Si la CIA aún lo veía con buenos ojos, la DEA, la agencia antidroga, se inclinaba por todo lo contrario".

El diario relata como la caída de Noriega, gracias al Tío Sam, fue rápida. En 1988 fue acusado por un tribunal de ese país por tráfico de drogas y tan solo un año después "tras unas fraudulentas elecciones y un intento fallido de golpe de Estado, el presidente George Bush dio la orden de comenzar el bombardeo de Panamá, la conocida como Operación Causa Justa, para tratar de capturar a Noriega. Este se entregó el 3 de enero de 1990".

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En ese episodio de novela hay otro protagonista: Carlos Lehder. El narco colombiano fue el primer capo extraditado a Estados Unidos. Se tejen muchas versiones sobre este hecho, como por ejemplo que fue el mismo Pablo Escobar quien lo entregó por cuenta de que sus excentricidades ya estaban fuera de control.  Los libros que han reconstruido la vida del ‘Patrón‘ aseguran que por un incidente en una fiesta el líder del Cartel de Medellín decidió dar la información sobre su paradero a las autoridades de Estados Unidos.

En ese episodio, sin embargo, hay un rol que pocos conocen. Gracias a esa extradición de Lehder la justicia de ese país pudo adelantar el proceso contra Noriega. En 2015, el caso había vuelto a la opinión pública por una sentida carta que Lehder le escribió al presidente Juan Manuel Santos. En la misiva, Lehder aseguraba que tenía 70 años y que fue “resentenciado, sin abogado y por correo, a 55 años de prisión”.  

Lehder había sido capturado y enviado a Estados Unidos en 1987. Allí fue sentenciado a cadena perpetua más 135 años por negociar más de 2.000 kilos de cocaína. El sistema norteamericano de justicia permite las rebajas de penas a cambio de colaboración. En este mecanismo Lehder fue reclutado en 1991 por fiscales de ese país para que ayudara en el juicio contra Noriega. 

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Estados Unidos había decidido declararle la guerra a Noriega. Los vínculos del gobernante con el cartel de Medellín habían sido puestos en evidencia por la prensa norteamericana, especialmente por The New York Times.

Para esa crucial tarea, el narcotraficante firmó un acuerdo de dos puntos con la justicia. El primero establecía que le cambiarían su sentencia a una pena menor a 30 años. El segundo era que bajo ninguna circunstancia tendría un castigo superior al de Noriega. Ninguno de los dos temas se cumplieron. Las investigaciones revelaban que Noriega daba refugio a los capos colombianos en su país, autorizaba el transporte de la droga por sus aeropuertos y traficaba armas. Específicamente lo acusaron de haber recibido a Escobar, los Ochoa y los Rodríguez Orejuela luego de que las autoridades colombianas allanaron Tranquilandia, el mayor laboratorio de coca de la época.

A raiz del expediente criminal de su mandatario, Panamá fue prácticamente invadido por Estados Unidos. Noriega, después de varios días de estar escondido en la Nunciatura Apostólica de ese país, fue capturado y extraditado. En el proceso en ese país, gracias al testimonio de Lehder, la justicia norteamericana logró probar el nexo que había entre el dirigente panameño y Pablo Escobar.

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En una entrevista con SEMANA en 1991, Lehder afirmó que decidió cantar
porque “Noriega traicionó a muchos colombianos. Los entregó a una potencia extranjera sólo para quedarse él mismo con sus propiedades, cocaína y dinero”. El militar finalmente fue condenado a 40 años de cárcel en 1992, pero terminó pagando menos años que el mismo capo, quien todavía se encuentra preso en ese país.

¿Le pusieron conejo?

 Semana.com conoció en 2015 los documentos que el gobierno colombiano tenía sobre la extradición del capo. La colaboración que Lehder prestó al gobierno estadounidense para el juicio de Noriega no está en duda. De hecho, en una carta que consta en el expediente el fiscal líder de ese proceso, Michael P. Sullivan, reconoce que “Lehder fue uno de los más significativos e importantes testigos que el gobierno utilizó en el juicio (contra Noriega). La veracidad y la franqueza de su testimonio fue vital para el proceso que llevaba el Gobierno, y fue sin duda una de las principales razones del fallo de culpabilidad que dio el jurado”.

Por su participación en el juicio de Noriega, Carlos Lehder suscribió un Acuerdo de Cooperación con la Fiscalía del Distrito Sur de Estados Unidos el 28 de agosto de 1991. En el papel este organismo se comprometía a la reducción de su sentencia en los términos del tratado de extradición y a vincular a sus familiares a un programa de protección de testigos. En ese documento no se señala expresamente la duración de la pena, ni se hace referencia a que esta debe ser menor que la de Noriega.

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Esos compromisos están enunciados en la carta de Sullivan firmada en una declaración extrajuicio en 1996. En ese documento asegura que “ningún fiscal en el Distrito Sur de Florida le prometió a Lehder… que el Gobierno haría una recomendación específica de 30 años”. Agregó que, sin embargo, él sí habló con el abogado del capo, Sharon Talbot, respecto de que Lehder “podría recibir una reducción de sentencia igual, si no menor, a la del general Noriega”.

Sobre el tema de los 30 años hay dos interpretaciones. La primera es que la prohibición a que la pena no fuera superior a esa duración está en un decreto de 1989 en el que se establecía que “en ningún caso se concederá la extradición de un nacional si el Estado requirente no garantiza plenamente que no impondrá pena privativa de la libertad superior a 30 años”.  

Sin embargo, como bien se asegura en el documento del Gobierno, ese decreto sólo aplicó para las extradiciones concedidas después de 1989, y la de Lehder fue en 1987. Además fue declarado inconstitucional por la Corte Suprema el mismo año que fue expedido.

Dichos argumentos fueron explicados por el entonces ministro de Justicia, Yesid Reyes, en diferentes entrevistas radiales. El alto funcionario aclaró que a la fecha la única prohibición existente en la materia es que a los colombianos extraditados no les pueden imponer ni pena de muerte ni prisión perpetua.  

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Pero hay una segunda interpretación que favorecería a Lehder. Como reconoce el fiscal Sullivan, uno de los compromisos que adquirieron con él (aunque este no quedó firmado en el acuerdo) fue no darle una pena superior a la de Noriega. Eso no pasó. En abril de 1992, el exdictador fue condenado a 40 años de prisión, y posteriormente obtuvo una rebaja de 10 años. Mientras el capo colombiano sigue preso, el exgobernante fue dejado en libertad por la justicia estadounidense en el 2009. Regresó a Panamá en el 2011, luego de cumplir en París condenas por asesinato y blanqueo de capitales. Y por cuenta de esto pudo pasar los últimos días de su vida con tranqulidad en ese país. 

Un completo reportaje del director del diario español El País, Antonio Caño, señaló cuando lo liberaron que “Estados Unidos manifiesta en el caso Noriega toda la ruindad e incompetencia de su pasada política latinoamericana. Utilizado como un socio de la CIA por su capacidad de acceso a los enemigos de Washington, la administración de Bush padre no tuvo inconveniente en atizarle una rebelión interna y, en última instancia, decidir una invasión que costó cientos de vidas, para acabar con él cuando su presencia empezó a ser molesta… Noriega, simplemente, llegó a saber demasiado”.

En virtud de lo anterior, en el 2006, el capo solicitó la protección diplomática de sus derechos al Consulado de Colombia en Nueva York. Esta a su vez le pidió a la Fiscalía del Sur de Florida información sobre el procedimiento que se aplicó para la rebaja de pena de Lehder y de Noriega, solicitud que nunca fue contestada. En vista de que nada pasaba con su caso, el 31 de julio de 2015 Lehder dirigió una carta al presidente Juan Manuel Santos en la cual vuelve a solicitar protección diplomática ante la embajada de Estados Unidos. Argumenta que se encuentra privado ilegalmente de su libertad porque el gobierno americano incumplió el acuerdo de colaboración que tenían con él.

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El documento del Ministerio de Justicia señala que “encontramos entonces necesario que, a través del Consulado de Colombia en los Estados Unidos de América, se inste a las autoridades competentes de este país para obtener respuesta frente a lo manifestado en su comunicación por Carlos Lehder Rivas y por la misión diplomática colombiana, y se adelanten las acciones procedentes para atender tales solicitudes”.

Los expertos ven bastante improbable que a Lehder le puedan reajustar su condena. Su hija, Mónica, le ha pedido en múltiples ocasiones al Gobierno que interceda por él. “Estoy cumpliendo 12 años sin ver a mi padre, sin entrar a Estados Unidos y nadie quiere escuchar estas plegarias. Va a cumplir 70 años y lo único que quiere es volver y venir a morir a su patria”, dijo a propósito de la carta que le envió su papá a Santos.

Ahora que Noriega falleció en su país y rodeado de sus allegados, la paradojica historia de Lehder puede volver a revivir. 

*La versión original de este artículo apareció en este portal en agosto de 2015. 

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