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| 12/30/2016 8:07:00 PM

Las grandes derrotas de las 'superpoderosas' en el mundo

Se esperaba que las mujeres consolidaran posiciones de liderazgo mundial en 2016, pero en lugar de eso perdieron el poder, o la opción de alcanzarlo, en Estados Unidos, la ONU, Brasil y Corea del Sur.

La noche de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, Hillary Clinton tenía todo listo para recibir a miles de invitados en el enorme Javits Center, ubicado en un lugar privilegiado de Nueva York, a orillas del río Hudson. Allí se preparaba a celebrar bajo su famoso techo de cristal, el mismo que pretendía romper simbólicamente al convertirse en la primera presidenta de la mayor potencia planetaria. En lugar de eso, sufrió la más estruendosa de las derrotas aquella angustiosa velada que el mundo siguió expectante. La inesperada victoria de Donald Trump, un personaje abiertamente misógino y machista, arruinó la fiesta. Fue el momento más ilustrativo de un año frustrante para el ascenso de las mujeres al poder.

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Todo apuntaba a que en este 2016 era inminente que las mujeres consolidarían posiciones de liderazgo mundial a pasos agigantados. Ya gobernaban por primera vez en países como Alemania, Brasil y Corea del Sur, además de encabezar organismos como el FMI. Hillary, que ocupó la segunda posición en el tradicional ranking de ‘poderosas’ de la revista Forbes de este año, era favorita en Estados Unidos. Y la idea de que la ONU eligiera a su primera secretaria general tomaba vuelo. Luego del batacazo del Brexit, Theresa May fue escogida en julio como primera ministra británica, y su llegada al número 10 de Downing Street no hizo más que reafirmar los buenos augurios. Fue un espejismo. Desde entonces, aquellas que se encaminaban a encabezar los listados de ‘las más influyentes’ terminaron por sufrir reveses estrepitosos. Pasaron de “superpoderosas” a “superderrotadas”.

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En la sede de Naciones Unidas, también en Nueva York, se generó un gran movimiento para que una mujer encabezará por primera vez el organismo mundial. Más de 50 países hicieron campaña por tener una secretaria general, entre ellos Colombia, que lideró la idea con su embajadora María Emma Mejía. Pero la iniciativa naufragó con la llegada del portugués António Guterres, que asumirá el mando el primero de enero por los próximos cinco años.
 
Los más optimistas recuerdan que de los 10 aspirantes que competían por relevar a Ban Ki-moon la mitad fueron mujeres, entre ellas dos latinoamericanas, la canciller argentina Susana Malcorra y la exnegociadora de la ONU sobre cambio climático Christiana Figueres, de Costa Rica. Sin embargo, la verdad es que ninguna de esas candidaturas tomó fuerza.
 
Otro gran revés se produjo en el mayor país de Latinoamérica. Dilma Rousseff, la heredera política de Luiz Ignacio Lula da Silva que ascendió al poder en 2010 como la orgullosa primera presidenta de Brasil, descendió a niveles record de impopularidad, con cientos de miles de personas volcadas a las calles para pedir su destitución. En un clima envenenado por una profunda crisis económica y repudiados escándalos de corrupción que sacudieron a toda la clase política del gigante suramericano, el Congreso juzgó a Dilma por maquillar las cuentas públicas, algo que habían hecho todos los mandatarios anteriores. El Senado, en una histórica votación que se definió por 61 votos a 21, la terminó tumbando en un agónico y dilatado proceso de impeachment que se saldó en agosto.  “En mi vida he sufrido dos golpes de Estado. El de la dictadura y éste”, se lamentó.

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Su caída no alivió la crisis brasileña. La economía no se termina de recuperar, los escándalos de corrupción han seguido salpicando a los políticos, incluido el actual presidente Michel Temer, igual o más impopular que Dilma, y los indignados siguen saliendo a las calles de tanto en tanto. Y de paso, dejó a la chilena Michelle Bachelet como la única representante femenina en las cumbres de mandatarios latinoamericanos.
 
Dilma no fue la única presidenta destituida. Al otro lado del mundo, la surcoreana Park Geun-hye fue apartada de su cargo a comienzos de mes por un novelesco escándalo de corrupción que involucraba a una cercana amiga, lo que sepultó sus índices de popularidad y provocó masivas protestas exigiendo su salida.
 
Otra ‘superpoderosa’, Christine Lagarde, la primera mujer en ser nombrada directora gerente del Fondo Monetario Internacional, también encajó un duro golpe judicial este diciembre cuando fue hallada culpable de negligencia en el ejercicio de sus funciones cuando era ministra francesa de Finanzas, el puesto que ocupó antes de acceder a la cúpula del organismo multinacional en 2011. La acusaban por no recurrir una multimillonaria indemnización al empresario Bernard Tapie en 2008. La sentencia del Tribunal de Justicia de la República llegó justo cuando acababa de comenzar su segundo mandato de cinco años al frente del FMI, y aunque no implica ninguna pena, sí pone en entredicho su cargo.

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Queda en pie la líder que ha encabezado recurrentemente el listado de Forbes, la canciller alemana Ángela Merkel, en el cargo desde hace más de una década. Es el otro gran rostro del poder femenino. Se encamina a otra reelección en 2017, pero su encomiable apoyo a los refugiados la ha puesto a la defensiva. La ultraderecha europea no ha tardado en responsabilizarla por el reciente atentado terrorista en Berlín, cuando un joven tunecino usó un camión para embestir peatones en un mercado navideño. El episodio podría socavar su popularidad. En cualquier caso, Merkel ya rompió su techo de cristal, pero en muchas otras latitudes, incluso en el Javits Center, ese techo desafortunadamente parece más blindado que nunca.

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