Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 11/29/2008 12:00:00 AM

Mumbai bajo fuego

Los espantosos ataques en la metrópoli financiera recordaron que India, considerada un poder emergente, está en la región más conflictiva del planeta.

La estación de tren Chhatrapati Shivaji es una de las más concurridas de India, el segundo país más poblado del mundo. En medio de ese mar de gente, el miércoles pasado, hacia las 9 de la noche, al menos dos terroristas comenzaron a disparar indiscriminadamente a la multitud. Las escenas de los cadáveres acumulados en medio de charcos de sangre en ese edificio histórico le dieron muy pronto la vuelta al mundo. Pero lo peor estaba por venir. El horroroso incidente fue apenas el primero en la serie de ataques coordinados que paralizaron por dos días a Mumbai, la capital financiera del gigante país del sur de Asia, y dejaron al menos 155 muertos y más de 300 heridos.

Lo que siguió después fueron horas interminables de pánico. Uno a uno, otros seis lugares localizados por toda la ciudad cayeron en manos de los terroristas: un hospital para niños y mujeres; un complejo residencial y comercial judío; un café colmado de turistas; el Hotel Oberoi-Trident, donde se hospedaban 380 personas. Hasta el majestuoso Hotel Taj Mahal, el punto de reunión de los más importantes empresarios estalló en llamas, mientras más de 30 cuerpos yacían la recepción. Varios huéspedes fueron secuestrados, entre ellos ciudadanos estadounidenses y británicos a quienes los atacantes buscaron deliberadamente.

Las autoridades tardaron preciosos minutos en reaccionar, pero al fin enviaron a comandos de elite desde Nueva Delhi. Lograron determinar que los terroristas hablaban en hindi y urdu, dos lenguas típicas de los musulmanes que viven en el norte del país y en Pakistán, señalaron que había por lo menos 25 hombres armados y desplegaron todo su poder para combatirlos y liberar a los rehenes. Al cierre de esta edición, las fuerzas de seguridad indias todavía trataban de acabar con los últimos terroristas, atrincherados en el Taj Mahal.

Mumbai, cuyo nombre colonial de Bombay fue cambiado en 1996, es un polo de atracción para compañías extranjeras y la ciudad que India ha utilizado como ejemplo para mostrar sus credenciales como potencia emergente. "Como capital comercial, tiene un estatus similar a Nueva York en Estados Unidos. Por eso, es indispensable para los planes de India de convertirse en un centro global de servicios", dijo a SEMANA Anupam Srivastava, especialista de la Universidad de Georgia que trabaja con los gobiernos de India y Estados Unidos en temas de defensa y seguridad. "Ataques reiterados en objetivos de alto valor en Mumbai pueden tener las mismas consecuencias desastrosas, tanto desde el punto de vista financiero como desde el sicológico, que tuvieron los del 11 de septiembre".

El impacto puede ser demoledor para India, donde habitan diferentes grupos extremistas e independentistas. "Ningún país es reconocido como un poder internacional si no es capaz de controlar su seguridad doméstica y servir como base para la seguridad de su vecindario. India ha fallado profundamente en ambos casos y, por tanto, su imagen ha sufrido", explica Srivastava.

India ha lidiado desde sus primeros años poscoloniales con el extremismo, aunque recientemente la violencia se ha incrementado y ha dejado una huella duradera. Los ejemplos abundan. El 11 de julio de 2006, siete explosiones detuvieron la línea férrea de Mumbai, la misma ciudad que estuvo en llamas el pasado miércoles, y mataron 183 personas. Ocho meses más tarde, en febrero de 2007, un tren expreso que viajaba entre India y Pakistán literalmente fue partido en dos por un bombazo.

En los análisis internacionales, Irak, Afganistán y Pakistán están etiquetados como los países con una actividad terrorista más intensa. "Sin embargo, hace ya mucho tiempo que India se encuentra entre ellos", escribió en El País de Madrid Fernando Reinares, uno de los expertos en terrorismo más importantes de Europa, quien señala que este año se han registrado unos 100 actos terroristas al mes en su territorio.

Aun así, los ataques del miércoles tienen poco en común con los anteriores. En vez de instalar bombas en plazas de mercado y trenes suburbanos, en los que las víctimas son casi siempre indios de clase trabajadora, los terroristas llegaron a la costa de Mumbai esa misma noche en botes inflables. Luego, con una coordinación asombrosa, se separaron para atacar objetivos de renombre, frecuentados por extranjeros, con los que claramente pretendían sembrar el pánico en los niveles local e internacional. No es común, además, que las tácticas de ataque hayan sido directas, con hombres que no pretendían un ataque suicida, sino que ingresaron armados a los establecimientos para disparar indiscriminadamente, tomar rehenes y defenderse de las fuerzas de seguridad.

El grupo que reivindicó los atentados, el Deccan Mujahideen, es prácticamente desconocido, lo cual ha despertado suspicacias. Es inusual que un grupo del que poco se había oído hablar sea capaz de una operación de semejantes proporciones. Según informó el diario Hindu, tres de los terroristas detenidos habrían confesado estar relacionados con Lashkar-e-Taiba, un grupo con base en Pakistán. Algunos observadores incluso especulan, por los métodos utilizados, sobre un vínculo con el terrorismo yihadista de Osama Ben Laden. "Al Qaeda tiene fronteras amorfas y ha inspirado imitadores. Es probable que haya habido apoyo desde afuera de India para estos ataques", dijo a SEMANA Nirvikar Singh, especialista de la Universidad de Santa Cruz en California. Adicionalmente, la inteligencia india había interceptado comunicaciones en la que se hablaba de ataques terroristas para recibir al presidente electo de Estados Unidos, Barack Obama. En cualquier caso, reclutar terroristas islamistas en India, donde habitan 130 millones de musulmanes, muchas veces maltratados por el fanatismo hindú, no debe ser un gran reto.

Nueva Delhi suele mirar hacia Pakistán cada vez que ocurre un atentado. El propio primer ministro indio, Manmohan Singh, declaró que los ataques tienen "vínculos externos" y que "están basados fuera del país", palabras que han sido interpretadas como un mensaje directo a Islamabad. "Es probable que después de los ataques haya mucha retórica antipaquistaní y se incrementen las tensiones en toda la región", contó a SEMANA Vernon Hewitt, experto en Asia de la Universidad de Bristol, en el Reino Unido. Algo todavía más preocupante al considerar que se trata de dos enemigos históricos, con bombas atómicas, que han librado guerras en el pasado y tienen roces por la región fronteriza de Cachemira. De hecho, en 2001, después de un atentado al Parlamento indio, Nueva Delhi movilizó cientos de miles de tropas a la frontera con Pakistán, considerada desde hace algún tiempo la nación más peligrosa del mundo. Contagiarse del caos de su vecino sería el peor escenario para India, un país que acaba de vivir su propio 11 de septiembre.
 
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.