Viernes, 19 de septiembre de 2014

| 2013/09/06 00:00

El último testigo del suicidio de Hitler

Rochus Misch, de 96 años, falleció en Berlín. Estuvo en el búnker de la Cancillería cuando el líder nazi se suicidó.

Rochus Misch, de 96 años, falleció en Berlín. Foto: DW
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DW

La última persona que quedaba con vida de quienes estuvieron en el búnker de Adolf Hitler cuando el líder nazi se suicidó, en un Berlín rodeado por las tropas del Ejército Rojo, ha muerto. Se trata de Rochus Misch, quien sirvió como telefonista en el refugio de la Cancillería hasta los últimos días del Tercer Reich, y además trabajó como guardaespaldas del mismísimo Führer.

Misch tenía 96 años y falleció el jueves 5 de septiembre, según informó este viernes el coautor de la autobiografía del funcionario, Burkhard Nachtigal. “No pudo recuperarse de un ataque de apoplejía. En sus últimos días fue muy difícil comunicarse con el”, informó Nachtigal. Hace algunos meses, Misch había escrito el prólogo de un libro sobre su vida que será publicado en inglés en octubre.

En una entrevista que dio a la revista alemana PM History en 2009, Rochus Misch reiteraba su lealtad a Adolf Hitler, aunque condenaba los “terribles y crueles crímenes” cometidos por los nazis. Sin embargo, no se los reprochaba a su jefe porque “eso superaría mi cumplimiento del deber como soldado”.

“Ahora estoy bien informado. Está claro que pasaron cosas terribles. No hay excusa posible. Hubo campos de concentración. Eso no se puede negar”, dijo en esa entrevista, aunque aseguró que en su círculo íntimo jamás se habló del tema y él no conocía las atrocidades cometidas por los nazis, algo de lo que muchos alemanes dudaban.

Funcionario de las SS

Misch publicó en 2009 una autobiografía (“El último testigo”) con la que esperaba dejar testimonio de su rol en la historia. En ella pedía a los jóvenes que no perdieran la oportunidad “de hacer las preguntas adecuadas en el momento oportuno”, y quería explicar “por qué yo y muchos otros no conseguimos hacerlo entonces”.

El guardaespaldas nació en 1917 y tras ver el júbilo que generaba Hitler en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, y azuzado además por la posibilidad de asegurar su futuro como funcionario, ingresó a las SS y fue derivado a las Waffen SS, el cuerpo de combate de élite de ese grupo. En 1940 pasó a la guardia personal de Hitler. “Estábamos a un metro de distancia. Sentí un frío intenso y después un calor impresionante”, relata de su primer encuentro con su jefe.

Con él llegó hasta el búnker, donde dice haber presenciado la escena de los cuerpos inertes de Hitler y su esposa, Eva Braun. “Hitler tenía la cabeza sobre la mesa, mientras Eva la tenía ladeada. Ya no recuerdo bien, ¿estaba sentado en el sofá o en un sillón al lado? Pero sigo viendo a Eva, con las rodillas encogidas hasta el pecho”, dijo en una entrevista.

El 2 de mayo de 1945, Joseph Goebbels le dio la orden de retirarse. Entonces desconectó su central telefónica y huyó del búnker en dirección a la Friedrichstrasse, donde fue capturado por las tropas soviéticas y enviado nueve años a prisión en la Unión Soviética. Tras ser liberado, trabajó en una tienda de pintura hasta su jubilación.

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