Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1989/05/08 00:00

NARCO-GOLPE

Tras el frustrado golpe parecen estar las garras del narcotráfico.

NARCO-GOLPE


Mientras era conducido al aeropuerto en la mañana del domingo dos de abril, por un contingente de soldados rebeldes fuertemente armados, el general Prosper Avril, esposado y humillado, creía con toda seguridad que sus días como Presidente de Haití estaban contados. Al fin y al cabo, en el caótico escenario político haitiano, la vieja máxima de que "el que a hierro mata, a hierro muere", tiene un significado concreto. De 50 años, el antiguo colaborador de Nene Doc había conseguido el poder apenas en septiembre pasado, cuando se lo arrebató a su colega el general Henri Namphy. No resultaba por eso demasiado extraño que ahora el turno de abandonar el país a empujones le tocara a él, y eso no lo sorprendía demasiado.

La sorpresa llegó, sin embargo, por otro camino. Al llegar al aeropuerto, un grupo mayor y mejor armado que los captores, los copó sin disparar un sólo tiro. Voilá, el general Avril era de nuevo Presidente de su país. La Guardia Presidencial, haciendo honor a su nombre, había completado con éxito la interceptación de los rebeldes, y le transportaba de regreso al palacio presidencial.

La situación, sin embargo, no se aclaró inmediatamente. Los rebeldes, pertenecientes al temido batallón Leopardos (basado en las barracas Dessalines en Puerto Príncipe), insistían en el derrocamiento del Presidente, para lo cual hasta tomaron varios rehenes, entre ellos al ministro del Interior, coronel Acedious St. Louis y uno de los hijos del dictador. La Guardia Presidencial contraatacó como una simple demostración de fuerza. Por lo que parece, los soldados de Desssalines liberaron esa misma tarde a los rehenes, ante la amenazadora presencia de varios tanques en las filas de los leales. Al día siguiente, sin embargo, los Leopardos bloquearon la principal avenida de Puerto Príncipe, la calle Delmas, único camino que comunica a la capital con el aeropuerto, en demanda de la restauración en el mando de su comandante, coronel Himmler Rebu, quien había sido detenido como responsable del levantamiento. Los combates que siguieron produjeron los primeros cuatro muertos del episodio, cuando los soldados leales restablecieron la circulación de la importante vía. Al final del lunes se supo que tres oficiales rebeldes habían sido expulsados del país por la frontera de la República Dominicana. Se trataba del mencionado coronel Rebu, del coronel Phillips Biamby paradójicamente comandante de la Guardia Presidencial, y del coronel Leonce Qualo, director de Inteligencia Nacional.

A pesar de que en ese momento la situación pareció regresar a la normalidad, nuevos brotes de violencia se presentaron el martes, y obligaron al gobierno a decretar el toque de queda. Lo que originalmente era un golpe militar en el más puro estilo haitiano, se había convertido en una especie de lucha interna del ejército, detrás de la cual, los observadores comenzaron a descubrir la verdadera causa: el narcotráfico.

Algunos días antes del golpe, cuatro altos oficiales del ejército habían sido destituidos por su evidente vinculación con las mafias colombianas, que suelen utilizar el suelo haitiano como trampolín para sus vuelos con cocaína hacia los Estados Unidos. Esas destituciones aparentemente habían sido provocadas por la visita la semana anterior del subsecretario de Estado asistente de los Estados Unidos para asuntos caribeños Richard Melton, quien habría dado a Avril un ultimátum para poder recomenzar la ayuda norteamericana, estimada en unos US$70 millones al año.

Avril, quien goza de algún aprecio dentro de su país, parece realmente empeñado en limpiar la imagen de su gobierno de toda conexión con el narcotráfico. Pero aunque al final de la semana parecía consolidarse en el poder, quedaba la sensación de que la maquinaria del narcotráfico no dejará escapar de sus manos a Haití tan fácilmente. ·

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