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| 3/19/1990 12:00:00 AM

NEGRO FUTURO

A pesar de la liberación de Nelson Mandela, el proceso surafricano se acerca peligrosamente a la guerra civil.

Su reclusión duró 27 años y 190 días. Pero cuando emergió de la " Prisión Victor Verster", de la mano de su esposa Winnie, Nelson Mandela saludó a la multitud que le esperaba con el mismo inconmovible puño en alto con que se despidió, en 1964, al iniciar su cadena perpetua.
Su libertad fue la culminación de un proceso de negociaciones secretas que adquirieron verdadero dinamismo a partir de la llegada al poder del actual presidente surafricano Frederick De Klerk. Pero a los ojos de todos los analistas internacionales, el episodio del domingo es un sintoma más de que el orden racista imperante en Surafrica esta en camino de desaparecer.

La primera noticia concreta sobre la inminencia de la liberación se había presentado el 2 de febrero, cuando el presidente De Klerk anuncio el propósito de su gobierno de liberar a Mandela, a tiempo que legalizó los movimientos opositores mas importantes: el congreso Nacional Africano (al que pertenece el lider liberado y cuenta con mas del 40% de adherentes entre la comunidad negra), su rival el Congreso Panafricanista y, por último, el Partido Comunista Surafricano.

La liberación de Mandela se produjo en momentos en que las sanciones económicas internacionales que llevaron a Surafrica al total aislamiento cultural y económico, comienzan a pesar demasiado en el pais. Un reciente estudio demostro que durante la vigencia de esas sanciones, el nivel de vida de la poblacion blanca disminuyó considerablemente.

La violencia que se desencadenó en Johanesburgo a tiempo que Mandela se preparaba para dirigirse a cientos de miles de personas, resultó apenas un reflejo de la complejidad de las fuerzas que se enfrentan en Surafrica.
De un lado, estan los ultraconservadores blancos, para quienes De Klerk es un personaje funesto bajo cuyo gobierno podrían desaparecer los privilegios que han mantenido la minoría blanca durante años. Uno de sus lideres, Andries Teurnicht, declaro que De Klerk entregó el gobierno a las pandillas de forajidos y abrió las puertas a una revolucion marxista".
Otros mas moderados, como el periodico liberal Weekly Mail, simplemente consideran que De Klerk no podrá controlar los males que escaparon de la caja de Pandora que abrió su regimen. Para uno de sus editorialistas, "si De Klerk cree que podra manejar el proceso que ayudo a desencadenar, se esta engañando a si mismo".

Para gran parte de esa minoria blanca, las concesiones de De Klerk parecen exageradas. Sobre todo les molesta el llamamiento del presidente a iniclar conversaciones con los lideres negros sin que medie condición alguna. Pero también levantó ampolla en esa comunidad la derogación de normas que en otras latitudes hubieran sido impensables: así, De Klerk suspendió la pena capital y abolió ciertas restricciones a la prensa y a la actividad de multiples congregaciones politicas poco recomendables para el régimen. Por si fuera poco, redujo la detención sin juicio de por medio a seis meses y dejó entrever que el estado de emergencia, que cobija toda clase de arbitrariedades contra las protestas negras, podría ser levantado en breve.

Pero a pesar de la imágen "perestroika" que el presidente De Klerk quiere presentar a su país y al mundo, pocos creen que su esfuerzo pueda llevar a un resultado concreto. Su posición frente al problema de fondo, esto es, al regimen político que debería regir al pais, difiere sustancialmente hasta de las aproximaciones mas moderadas de los negros. Mientras Mandela y su gente pretenden establecer una sociedad "no racial" en la que el poder será ejercido por quien obtenga la mayoría sobre la base de "un ciudadano-un voto", De Klerk defiende la condición racial de la sociedad ("Es un ingrediente inocultable de Surafrica") y promueve un regimen en el que se defiendan los "derechos de grupo", lo que invariablemente llevaría a que la minoría blanca mantuviera algun grado de control sobre ciertos aspectos claves de la vida surafricana. Su visión del futuro en la que ningun grupo, blanco o negro, ejerza la supremacia, ha sido rechazado por quienes ven en ella la intención velada de mantener aunque sea una parte del status quo Imperante.
Aún así, los partidos derechistas blancos iniciaron desde una semana antes de la liberación de Mandela una campaña destinada a desencadenar elecciones locales y dar impetu a la anticipación de las elecciones generales. El fantasma de una revuelta de derecha contra el gobierno reformista (que invariablemente llevaría al país a la guerra civil) comenzó a barajarse mientras se revelaban los vinculos entre la policia y los grupos neofascistas. En Ciudad del Cabo son insistentes los rumores sobre la creacion de "escuadrones de la muerte" que ajustaran cuentas a los politicos blancos "que vendieran a su comunidad".
Algunos observadores estiman que uno de cada tres policias del Transvaal están comprometidos con escuadrones pro-apartheid.
Del lado de las organizaciones negras tampoco hay claridad alguna.
No se trata solo del tradicional antagonismo entre el Congreso Nacional Africano y el Congreso Panafricano, sino los violentos enfrentamientos que, con características de guerra civil, se presentan en la region de Natal, patria chica de Mandela. Allí, el grupo zulu Inkatha se enfrenta al Frente Unido Democrático, en una batalla que lleva más de 50 muertos desde la liberación de Mandela y mas de 2.000 desde que se iniciaron las hostilidades.

Y en el seno mismo del Congreso Nacional Africano se presenta un enfrentamiento generacional entre los lideres coetaneos con Mandela, que todos han atravesado la barrera de los 70 años, con dirigentes más jovenes que han vivido los excesos del régimen racista. Esta última es una generación menos tolerante, para la que la violencia presentada por Mandela como "actos defensivos" debe asumir un caracter mas definitivo. Lideres como Cyril Ramaphosa, de 37 años, consideran que las conversaciones que podrían comenzar entre Mandela y el gobierno no conducirán a nada.
Muchos de ellos se preguntan como el mismo hombre que lanzo en 1961 el movimiento guerrillero "Lanza de la Nación" y entro en la clandestinidad, acepta ahora el dialogo luego de 27 años de prisión, sin que al salir haya podido apreciar cambios sustanciales en la forma de vida de su pueblo. Para esos nuevos lideres, la disposición al diálogo de Mandela (tal vez un ingrediente sustancial de su liberacion) es una consecuencia de que el viejo lider no vivió los levantamientos de mediados de los 70 ni la conflagración que arraso los tugurios negros en los 80, cuando miles de negros murieron bajo las balas de la policía.

Aún en el mejor de los casos, el panorama de Surafrica resulta sombrio.
La minoría blanca (el 15% de la población) teme por su vida, aunque Mandela ha condenado, el revanchismo. La economía parece irremediablemente afectada y todo indica que la mayoría de los paises no levantaran sus sanciones hasta que el gobierno de Pretoria tome acciones apreciables en contra del apartheid.
Y la posición oficial todavía es demasiado lejana de la del CNA como para pensar en una solución negociada.
Por lo que parece, mucha sangre debera correr antes de que la paz llegue a ese país.-

EL "APARTHEID"
Son varias instituciones legales que rigen el "apartheid" y que tendran que ser objeto de negociación cuando las partes finalmente se pongan de acuerdo para iniciarlas.

En primer lugar, existe un registro nacional por raza que es la base misma del sistema de segregación. Se trata de la Ley de Registro de Población.
( "Populations, Registration Act") segun la cual todos los ciudadanos del país deben registrarse al nacer, con especificación de su color.

Con base en ese registro la "Group Areas Act" (Ley de Areas por Grupo) se encarga de la segregacion residencial y de dictarles a los negros donde sus hijos no pueden ni sonar en ingresar.

La Ley de Tierras ("Land Act") limita la propiedad negra de tierra al 13% del país. Se trata del cimiento legal del "gran apartheid", que divide al país en patrias negras y blancas.
Otras instituciones, como las "leyes de pase"-, que restringían el movimiento de los negros en su propio pais, fueron abolidas en 1986. Otro tanto ocurrio con las "leyes de ciudadanía", que despojaban a millones de negros de sus derechos fundamentales al asignarlos a "grupos tribales", pero aún se mantienen hasta cierto punto en vigencia. También deberá ser debatida la subsistencia de los estados ficticios creados por Surafrica para esconder su deportación masiva de negros como Transkei, Ciskei y Venda.

La "Reservation of Separate Amenities", que justificaba toda clase de segregaciones, como en el transporte, las playas, los espectaculos publicos, ha caido de hecho en buena parte. Pero aun persiste la separación en hospitales, hoteles y piscinas.-
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