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| 4/1/1996 12:00:00 AM

NI COJONES NI COBARDIA

EL DERRIBO DE ODS AVIONES CIVILES POR LA FUERZA AEREA CUBANA EVIDENCIA QUE EL CONFLICTO CON ESTADOS UNIDOS ESTA AUN MUY LEJOS

El incidente en que murieron cuatro pilotos cubano-norteamericanos, derribados aparentemente en aguas territoriales de Cuba por aviones MiG de ese país, era, por sobre todo, una tragedia anunciada. Múltiples vuelos de aviones estadounidenses, piloteados por civiles cubanos opuestos al gobierno de la isla, habían sido re-portados por La Habana al gobierno del vecino del norte, sin que Washington pasara de tibias advertencias a los involucrados. Esta vez, por fin, los factores que hacen de la relación entre esos dos países una de las más complejas del mundo, se combinaron para producir un resultado mortal. El episodio revolvió las viejas heridas existentes entre esas dos naciones, que habían iniciado un proceso de acercamiento muy importante que incluyó no sólo el establecimiento de conexión telefónica, sino la liberalización de los vuelos comerciales entre Miami y La Habana y las visitas frecuentes de personalidades estadounidenses de la ciencia, el arte, la política y hasta el deporte, entre otras actividades. Después del sábado, el presidente Bill Clinton, casi a regañadientes, debió usar unas palabras muy fuertes para advertir a Cuba que no toleraría que se repitiera la situación, pero las medidas de 'castigo' resultaron menos drásticas de lo que esperaban los enfurecidos cubanos anticastristas de Miami. Porque para éstos ni el endurecimiento del bloqueo comercial a través de la ley Helms-Burton, ni la expansión del alcance de Radio Martí la emisora con la que Estados Unidos busca sembrar la rebeldía entre los cubanos de Cuba ni la suspensión de vuelos comerciales, es suficiente. Para ellos, como dijo uno de sus dirigentes, el empresario ultraderechista Jorge Mas Canosa, el derribo de las avionetas fue un acto de guerra que sólo se puede contestar con guerra.El hecho desató una batalla diplomática en la que Estados Unidos maniobró con la ventaja de tener precisamente en esos días la presidencia del Consejo de Seguridad, donde, luego de muchas horas de deliberación (sin presencia cubana), extrajo una resolución no vinculante que 'deploró' sin condenar el hecho. Los representantes de ambos países intercambiaron insultos muy poco diplomáticos: la norteamericana Madeleine Albright, refiriéndose a una parte de las conversaciones grabadas de los pilotos, en la que uno de ellos dijo haberles "volado los cojones" a los objetivos, opinó que eso no eran "cojones sino cobardía". El canciller cubano, a su turno, contestó que "lo primero nos ha sobrado siempre y de lo segundo nunca hemos padecido". La controversia se centró inicialmente sobre si el derribo se había producido en aguas territoriales o no. Sin embargo, al final de la semana siguiente parecía claro que el incidente había tenido lugar dentro del límite de las 12 millas territoriales cubanas. No sólo por los mapas de la detección del radar, ilustrados minuto a minuto, sino por el hecho, también plenamente documentado, de que el mismo día de los sucesos las autoridades norteamericanas pidieron permiso para entrar a las aguas cubanas a realizar maniobras de rescate, permiso que fue inmediatamente concedido. Pero la controversia derivó hacia el hecho de que no hay razón alguna, según las regulaciones internacionales, que justifique el ataque a aeronaves civiles, así estén violando un espacio aéreo ajeno. Las expresiones soeces de los pilotos cubanos mientras derribaban las avionetas le dieron un tinte de asesinato a una acción defensiva que, por otra parte, sólo es posible entender en el contexto de las relaciones cubano-norteamericanas. Los personajesEn todo este enredo hay dos personajes que desempeñaron papeles claves y antagónicos: José Basulto y Juan Pablo Roque. Los antecedentes de Basulto hablan por sí solos. En 1961 tomó parte en la invasión anticastrista de Playa Girón, de cuyo desastre pudo escapar al refugiarse en la base norteamericana de Guantánamo. Al año siguiente regresó a bordo de un bote, desde el cual disparó un cañón hacia un hotel de La Habana. Desde entonces Basulto se dedicó a promocionar las acciones armadas contra Cuba y contra los sandinistas de Nicaragua. Pero en 1991 un nuevo factor le cayó como anillo al dedo. Miles de cubanos, exasperados por la dramática situación provocada en la isla por la desaparición de la URSS, se hicieron a la mar en balsas en busca de llegar a la costa de la Florida, donde las leyes norteamericanas disponían recibirles como héroes y darles derecho de residencia automático. Basulto observó que esa era una situación perfecta para modificar sus viejas e inofensivas estrategias militaristas, y fundó el grupo 'Hermanos al Rescate', con una filosofía pacifista que invoca al Mahatma Gandhi y a Martin Luther King Jr. como sus inspiradores. Los pequeños aviones de la organización consiguieron un rápido prestigio como 'salvadores' de los balseros, pero también se convirtieron en un factor de estímulo para esa emigración ilegal. Y desde el año pasado, cuando el gobierno de Washington aceptó negarles la entrada a los balseros, el número de éstos descendió en forma dramática, y con ello la justificación de los 'Hermanos'. Desde entonces, aunque Basulto niega que sus actividades buscan provocar una respuesta violenta, la naturaleza de sus vuelos lo desmiente. Como dijo Lisandro Pérez, director del Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad Internacional de la Florida, "es una no violencia destinada esencialmente a provocar una reacción violenta y un conflicto internacional. Los eventos del sábado fueron un éxito desde ese punto de vista". El propio Basulto lo reconoció el sábado a su regreso al aeropuerto de Opa-Locka, cuando en conferencia de prensa aseguró que ellos habían volado "muchas veces" en el área donde fueron derribados, y que en cada ocasión habían reportado su posición al control aéreo cubano, el mismo que siempre les había indicado que se encontraban en territorio "peligroso". Mas aún, uno de los pilotos de 'Hermanos al Rescate' declaró al diario The New York Times que ellos tenían una especie de juramento de no aceptar las órdenes de los aviones interceptores en caso de que quisieran obligarlos a descender.Con esa premisa, es un milagro que la tragedia del sábado no se hubiera presentado antes. De hecho, el canciller Robaina presentó a la prensa una relación de más de 13 vuelos 'piratas' realizados desde el 15 de mayo de 1994, todos ellos comunicados a Estados Unidos por vía diplomática. Y en vuelos efectuados los días 9 y 13 de enero pasado, los 'Hermanos' llegaron al extremo de sobrevolar La Habana para dejar caer 'propaganda subversiva'.El otro personaje clave es Juan Pablo Roque, un misterioso ex mayor de la Fuerza Aérea Cubana que se infiltró como agente secreto en el corazón de 'Hermanos al Rescate', luego de que aparentara desertar en una balsa hacia Miami. Según parece, Roque regresó a La Habana entre el jueves y el viernes anteriores a la tragedia, y fue presentado en la televisión cubana el lunes, es decir, después de los hechos. Entonces el espía sostuvo que los 'Hermanos al Rescate' son en realidad un grupo claramente terrorista, que se lucraba de sus operaciones de búsqueda, y relató que él mismo era el encargado de entregar al agente del FBI Oscar Montoto sobre todas las operaciones del grupo. Para completar, el hombre dijo que la organización estaba involucrada en una serie de planes para asesinar a altos funcionarios cubanos, incluido el propio presidente Fidel Castro.Es posible pensar que los reportes de Roque hicieran crecer en Cuba aún más la paranoia oficial producto de casi 40 años de agresión norteamericana. Como por otra parte la soberanía es un tema especialmente sensible para un país que ha visto la suya en peligro durante tanto tiempo, ello explicaría sin justificarla plenamente la sobrerreacción de su comando aéreo frente a los intrusos.En cualquier caso, los cubanos lograron un objetivo muy importante a sus ojos: poner en el centro de la atención mundial un plan evidentemente articulado de incursiones aéreas, y lograr que el gobierno de Washington cuestione la actitud de los 'Hermanos al Rescate' como factor de desestabilización de su política exterior. Pero éstos también consiguieron su objetivo de endurecer la posición oficial del gobierno de Clinton, poner el tema en la agenda electoral y hacer retroceder los acercamientos entre los dos países. En Estados Unidos, entre tanto, volvieron a verse manifestaciones encontradas de enemigos y amigos del régimen cubano. Lo cierto es que una situación como esa, lejos de poner en peligro el poder de Castro, le da una nueva herramienta para mover el nacionalismo cubano. La tibia reacción internacional pone de presente que el gobierno norteamericano no las tiene todas consigo en el caso. Pero por sobre todo, quedó claro que una animosidad que debería estar en proceso de archivo sigue tan viva como en los años de la guerra fría. Vietnam, China y otros países 'totalitarios' tienen la amistad de Estados Unidos, mientras Cuba sigue en su papel de paria de América, dispuesto a disparar en cualquier momento. Ese esquema de cosas, de no ser superado, producirá con seguridad nuevas tragedias como la de aquel sábado en aguas del Caribe. Entre tanto, muchos comentaristas se preguntaban qué haría el gobierno de Estados Unidos si aviones civiles provenientes de un país enemigo sobrevolaran a Washington lanzando panfletos subversivos.
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