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| 6/18/1990 12:00:00 AM

NI LOS MUERTOS DESCANSAN

Los ataques contra cementerios judios en Francia revelan el monstruo dormido del racismo en el país.

Allí estaba casi toda Francia.
El presidente Francois Mitterrand, el Gran Rabino Joseph Sitruk, el cardenal primado Albert Decoutray, el primer ministro Michel Rocard, Pierre Joxe, ministro del Interior, el dirigente conservador Jacques Chirac, el ex ministro Laurent Fabius, George Marchais, jefe del partido comunista, Francois Leotard, líder de la Unión para la Democracia Francesa y, con ellos, más de 200 mil personas que se unieron para protestar contra el mayor flagelo que afecta a la sociedad francesa en los días que corren: el renacimiento del racismo.

La piedra de escandalo que generó semejante unanimidad fue la profanación, en la semana anterior, de dos cementerios judíos situados en las localidades de Carpentras, cerca de Marsella, y Wissemburg, en el nordeste del país. En la primera, 34 tumbas fueron abiertas y pintadas con leyendas antisemitas, y el cadaver de un hombre anciano que había sido enterrado el mes anterior fue exhumado y empalado en el pecho con un parasol que sostenía una estrella de David. En Wissemburg, 20 tumbas corrieron un destino parecido. Para empeorar las cosas, horas antes de la manifestación se descubrió que en el cementerio de Clichy-sous-Bois, un suburbio al norte de París, 32 tumbas habían recibido un tratamiento semejante.

La marcha multitudinaria marco la primera ocasión en que un presidente francés se ha integrado a una manifestación de esas características desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Las seis cadenas francesas de televisión cancelaron su programación habitual para presentar imágenes en vivo de la marcha y el documental "Noche y niebla", producido en 1955 para que las generaciones posteriores no olvidaran el horror de la persecución nazi contra los judíos.
La cadena de profanaciones inflamó las pasiones de los franceses en un momento en el que el problema del racismo ha alcanzado un auge inesperado. Varias mezquitas han sido objeto de atentados con bombas, mientras algunos inmigrantes arabes han sido asesinados en los últimos meses.
Detrás del ambiente de odio que parece respirarse en muchas regiones francesas, el gobierno y las otras fuerzas políticas ven la influencia del Frente Nacional y sobre todo de su líder, el ultraderechista Jean Marie Le Pen. Este controvertido político ha convertido el racismo en su bandera política, al clamar por la expulsión de los 3.4 millones de arabes que viven en Francia y al enfilar con frecuencia sus baterías contra el papel de los 700 mil judíos franceses en la sociedad gala.

Le Pen ha descrito el holocausto de los judíos como "un detalle de la historia", y en una manifestación del 1 de Mayo proclamó que "racismo en Francia significa hoy patriotismo". A pesar de todo, el partido ultraderechista negó su responsabilidad en los atentados y afirmó que su Frente Nacional condena esos actos. "Parece más y más evidente que hay una conjura política contra el Frente Nacional. Desde el punto de vista moral, yo pongo a los individuos responsables de esta macabra ignominia en el mismo nivel de quienes la explotan contra sus adversarios políticos".

Esas palabras, sin embargo, no parecieron convencer a muchos fuera de su partido. Pero la profundidad de la crisis racista se evidencia por la serie de acusaciones cruzadas que circulan en medios políticos. Los socialistas han recibido críticas por insistir en tópicos que encienden la animosidad del Frente Nacional y, al mismo tiempo, los partidos de centro-derecha han sido objeto de ataques por no condenar suficientemente a esa agrupación por el temor, segun se dice, de molestar a los partidarios del Frente que ellos quisieran atraer hacia sus toldas.

Algunos afirman que los ataques contra los cementerios fueron una consecuencia del proyecto aprobado la semana anterior por la Asamblea Nacional, según el cual quienes incitaran al odio racial perderían el derecho a ser elegidos y a desempeñar cargos públicos, en una medida dirigida aparentemente a frenar al movimiento de Le Pen, que atrae, según las últimas encuestas, al 15.5 % de la población. Eso hace que los esfuerzos gubemamentales y de las fuerzas políticas afectas al gobierno, se dirijan a demostrar la realidad de las declaraciones de Michel Rocard en la manifestación:
"Francia no es ni racista ni antisemita ".-
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