Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 11/24/2003 12:00:00 AM

Ni pompa ni circunstancia

La visita de Estado de George W. Bush al Reino Unido resultó un fiasco. Las protestas de los pacifistas y el bombazo en Estambul dañaron la fiesta.

Cuando en julio de 2002 la reina Isabel II invitó por solicitud del primer ministro Tony Blair al presidente norteamericano George W. Bush a una visita de Estado al Reino Unido, la idea sonaba excelente. El gobierno norteamericano acaparaba muestras de solidaridad del mundo entero por el trago amargo del 11 de septiembre mientras Bush anunciaba su decisión de derrotar al terrorismo. Un espectáculo de pompa y circunstancia como ese sellaría la amistad de los dos países en un momento difícil pero heroico. Pero de entonces para acá el gobierno de Bush pasó de víctima a agresor cuando atacó a Irak sin justificación suficiente, y su guerra contra el terrorismo parece lejos de ser ganada. El bombazo contra intereses británicos en Estambul (Turquía), perpetrado precisamente en esos días como un claro mensaje de Osama Ben Laden, acabó por dañar una fiesta que ya estaba bastante aguada.

El plan ya estaba muy deteriorado desde semanas antes de que los Bush aterrizaran el lunes a las 7:22 de la noche, hora local, en el aeropuerto londinense de Heathrow, junto con algunos miembros de la comitiva de 700 personas. Las autoridades norteamericanas ya tenían claro que la visita de su jefe no tendría el brillo de la que hizo Woodrow Wilson en 1918, el único presidente en ser honrado antes que él con una invitación como esa. No recibiría ovaciones, ni haría el tradicional desfile en carroza. El Presidente de la nación más poderosa del mundo, en la práctica, no podría dajarse ver de la gente. Ya sabían que, lejos de las muchedumbres que recibieron a Wilson con vítores, lo que esperaba a Bush eran manifestaciones de rechazo a quien los británicos consideran, según las encuestas, como una amenaza a la paz mundial.

Además las exigencias de los norteamericanos tenían molestas a las autoridades británicas. Todas las áreas circundantes a los desplazamientos del Presidente fueron cerradas tanto al tráfico como a los peatones, creando así desiertos en el medio de la ciudad. Dicha estrategia sería reforzada con una fuerte presencia policial. Más de 5.000 fueron dedicados a la protección del mandatario y, en total, unos 14.000 turnos fueron trabajados por las personas envueltas en la operación. El costo de esta fue de dos libras esterlinas a cada hogar londinense, de acuerdo con cifras de la oficina del alcalde, Ken Livingstone. (El costo total de la misma asciende a unos millones de libras esterlinas).

Sin embargo este operativo le pareció insuficiente a los funcionarios de la Casa Blanca, quienes temerosos de un ataque de Al Qaeda, querían hacerle serias renovaciones al Palacio de

Buckingham. Estas incluían instalación de ventanas y cortinas a prueba de balas y de bombas en la suite belga donde se alojaron los Bush, además del reforzamiento de sus muros. Dicha solicitud enfureció a la reina y el incidente le fue filtrado al The Telegraph on Sunday. También hubo rumores sobre la petición de tener un helicóptero Black Hawk listo en la azotea del palacio.

Lo peor es que luego se demostró que sí había fallas en el sistema de seguridad del Palacio. El Daily Mirror infiltró a uno de sus reporteros en palacio: Ryan Parry consiguió un trabajo de sirviente real con referencias falsas. Durante dos meses se paseó a sus anchas y hasta tuvo la oportunidad de entrar a la habitación donde se iba a alojar Bush pocas horas antes de su arribo. Y nadie supo nada hasta que la noticia fue publicada el martes en el mencionado diario.

"En un principio pensaron que la visita sería una buena idea. Estaban convencidos de que la ocupación de Irak habría sido victoriosa. Por lo contrario, esto va a ser una catástrofe abismal de relaciones públicas", vaticinó a SEMANA el parlamentario de oposición, George Galloway, el lunes en la noche durante una reunión del movimiento 'Paren la guerra'. Tras ocho meses de tormenta ocasionada por la guerra en Irak, Tony Blair había tenido algunas semanas de relativa calma que le habían permitido enfocarse en temas domésticos, que son los que más preocupan a los británicos. Así que recordarles la situación caótica que se vive en Irak y la agenda espinosa que existe entre Europa y Estados Unidos era un tanto suicida.

Por el lado de Bush, el enfrentarse a las masas de manifestantes del Viejo Continente no era la mejor manera de conseguir votos para su reelección. Las imágenes de manifestantes peleando con la policía y quemando banderas norteamericanas frente al Palacio de

Buckingham o el derribamiento de su réplica en papier-mache en Trafalgar Square no son las más taquilleras en materia de aspiraciones presidenciales.

Pero a pesar de los riesgos para las partes, la visita no fue cancelada. En opinión de los analistas diplomáticos, una vez una invitación ha sido formulada es altamente improbable que sea retirada. Ambos gobiernos han negado que la cancelación del viaje haya sido siquiera considerada. A cambio, los protagonistas decidieron demostrar que la visita de Bush era totalmente pertinente, para mostrar cómo los dos países están trabajando por la democracia y la seguridad mundial.

Ante el cúmulo de dificultades previstas, el Presidente optó por la estrategia de ponerle al mal tiempo buena cara, y de venderle esa buena cara, de buen amigo con un gran sentido del humor, a la opinión pública británica. Así que su llegada estuvo precedida por cálidas entrevistas en los medios británicos, entre los cuales estuvo el tabloide The Sun.

Incluso antes de tocar suelo londinense, esa estrategia parecía estar dando dividendos. De acuerdo con una encuesta realizada por The Guardian el lunes pasado, 43 por ciento de los encuestados aprobaba la visita presidencial, mientras 36 por ciento opinaba lo contrario.

Bush siguió usando su fórmula ganadora en su discurso que pronunció en Banqueting House Hall durante un almuerzo ofrecido en su honor el miércoles en la mañana. Como entrada, se echó un chiste sobre el deseo que tenían muchos de verlo hospedado en el mismo sitio que David Blaine, el ilusionista norteamericano que ayunó 40 días en una urna transparente junto al Támesis. El plato fuerte fue un largo argumento sobre el papel de Estados Unidos forjador de libertad y democracia. Y para el postre optó por el dulce: hizo una exaltación de la estrecha relación entre Estados Unidos y el Reino Unido, país al que calificó como su "mejor amigo en el mundo".

Esa misma noche, después de cero progreso durante meses, una solución para los nueve ciudadanos británicos detenidos en Guantánamo fue formulada: su repatriación será autorizada y serán juzgados en el Reino Unido. La propuesta, aunque suscitó un sinnúmero de dudas, fue presentada como un acto de buena voluntad.

El jueves fue el día escogido por la coalición 'Paren la guerra' para protestar por la presencia de Bush en suelo británico. Cuando más de 100.000 personas se alistaban para marchar, la explosión de dos carros bomba en Turquía, que mató a 27 personas e hirió a más de 400, le dio un viro de 180 grados a la visita presidencial. Los ataques al consulado británico en Estambul y a las oficinas locales del banco Hsbc fueron los primeros contraobjetivos meramente británicos, desde el inicio de la guerra al terrorismo.

En ese escenario, los dos dirigentes trataron de aprovechar el momento de la mejor manera posible y convertir el desastre en una demostración de voluntad. Blair y Bush reafirmaron su compromiso de atacar la amenaza terrorista, dónde y cuando fuera necesario hasta que ésta fuera destruida. Parecieron proyectar la idea de que precisamente el ataque de Estambul justificaba su fuerte resolución de no dejarse amilanar por los violentos.

Pero en la calle los que manifestaban con gritos creían lo contrario: que nunca como ahora ha proliferado tanto el terrorismo en el mundo. Como dijo el abogado Mischa Gorris a The Washington Post: "Hoy hay más y más bombazos desde la acción en Irak, y cada vez más terrorismo. Usted nunca cambiará las mentes y los corazones de los terroristas a punta de bombardeos. Más bombas es lo único que se consigue así".
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1844

PORTADA

Francisco superstar

La esperada visita del papa a Colombia tiene tres dimensiones: una religiosa, una política y otra social. ¿Qué puede esperarse de la peregrinación del sumo pontífice?