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| 4/14/1986 12:00:00 AM

NI SI NI NO, SINO TODO LO CONTRARIO

El referéndum sobre la OTAN dejó a los españoles más confundidos que antes.

El miércoles 12 de marzo los españoles votaron a favor de permanecer dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, el pacto militar de defensa que desde hace treinta años agrupa a los Estados Unidos y la mayoría de los países de Europa Occidental. En el referéndum sobre si España debía quedarse en la OTAN o salirse de ella, un 52.5% de los votos fue por el SI (que se quedara), un 39.8% por el NO (que se saliera), y un 6.5% en blanco. La abstención llegó al 40% de los votos posibles.
Antes de ocuparse de lo que significa el resultado, hay que mirar qué significaba el referéndum.
Cuando se creó la OTAN, simétricamente enfrentada al Pacto de Varsovia encabezado por la URSS, Franco gobernaba a España. Los Estados Unidos hubieran querido fortalecer la alianza con un socio de tan probado anticomunismo, pero para los europeos, que acababan de salir de la segunda guerra, no era fácil de tragar una amistad repentina con el antiguo aliado de Hitler y Mussolini, de manera que España quedó forzosamente por fuera. Para taponar ese vacío en el dispositivo de defensa, los norteamericanos negociaron entonces con Franco la cesión de dos grandes bases militares en territorio español: la aérea de Torrejón, en las cercanías de Madrid, y la naval de Rota, sobre el Mediterráneo, cerca a Cádiz. Con ellas, más la base británica del Peñón de Gibraltar, sobre el Estrecho, España quedaba en la práctica integrada en la alianza militar de Occidente, aunque fuera por mano extranjera. Pero en cambio se mantenía excluida del sistema de integración económica del continente, el Mercado Común Europeo, en el cual participaban casi sin excepción los miembros de la OTAN .
Cuando murió Franco y se inició la "transición" hacia la democracia, el ingreso en los dos organismos fue planteado a un tiempo. En lo económico España encontraba resistencias, pero en lo militar no. De manera que el gobierno centrista de Leopoldo Calvo Sotelo no tuvo dificultades en colocar a su país dentro del marco de la OTAN, pero lo dejó en cambio por fuera de la Comunidad Económica. Los socialistas españoles, encabezados por Felipe González, plantearon la más encendida protesta, llenaron a España de vallas que proclamaban "OTAN, de entrada NO", y se comprometieron a convocar un referéndum popular cuando llegaran al poder para sacar al país de la alianza militar.
Pero una vez que subieron al poder, en octubre de 1982, el punto de vista de los dirigentes socialistas empezó a cambiar: la OTAN no era ya tan mala. Esto se debía en parte a una evolución política -la disminución de su antiamericanismo y el correlativo aumento de su antisovietismo-, y en parte a una serie de consideraciones puramente prácticas. Una de ellas era el reconocimiento de que con OTAN o sin ella, la neutralidad de España era una ficción, pues ahí seguían las bases norteamericanas para impedirla y seguirían para siempre si España se salía de la alianza. Otra, el hecho de que Calvo Sotelo, al entrar a la alianza militar quedándose por puertas de la Comunidad Económica Europea, había dejado a España sin instrumentos de negociación. Antes hubiera podido forzar su aceptación en la CEE a cambio de su participación en la OTAN. Ahora le sucedía exactamente lo contrario. Para ser admitida en la CEE, tenía que comprometerse a desmontar el referéndum sobre la salida de la OTAN, o a hacerlo de tal manera que España quedara en ella. España entró a la CEE, y el presidente Felipe González quedó con un difícil problema entre las manos: convertir en votos pro-OTAN los mismos votos anti-OTAN que habían llevado a los socialistas al poder.
Su primera reacción fue esforzarse por ganar tiempo, postergando indefinidamente el prometido referéndum. Pero el Partido Comunista, que veia en esa consulta la posibilidad de recuperar algo de sus disminuidas fuerzas, insistía sin cesar en que había que celebrarla. Las bases socialistas, a medida que el gobierno iba dejando incumplidas una tras otra las promesas con que había llegado al poder, se aferraban también a la del referéndum. La oposición de derecha veía en todo el episodio una buena oportunidad para que se desgastaran y dividieran los socialistas. De manera que finalmente fue convocado el referéndum sobre la OTAN, y se inició una vasta campaña en torno al sí y al no.
Pero ya las posiciones no eran las mismas de los años anteriores. Del retador cartel "OTAN, de entrada NO", los socialistas pasaron a la suplicante consigna opuesta: "Si, por el interés de España". Y explicaban las ventajas económicas, tecnológicas, políticas e incluso militares que tendría para el país la permanencia en el aparato de la alianza: entre ellas, la de que asi los españoles podrían tener al menos un derecho de vigilancia sobre las bases militares instaladas en su propio territorio, en vez de conformarse con mirarlas desde el otro lado de las alambradas. Felipe González llegó a amenazar a sus huestes con la posibilidad de la orfandad, insinuando que en el caso de que triunfaran los "noes" él se retiraría del poder.
La derecha, entre tanto, echaba por la borda sus propias convicciones pro-OTAN y pro-defensa de Occidente. Lo importante para ella era ahora echar a Felipe del poder, y si para ello el camino más corto era que ganaran los "noes", estaba dispuesta a seguirlo. Así su jefe, Manuel Fraga, que en los tiempos en que era ministro de Información de Franco le organizó al dictador un referéndum en el que triunfaron los "sies" por un abrumador 99% y no se permitió ni un punto de abstención, predicaba ahora la abstención beligerante, y finalmente el "no". Felipe suplicaba que, si lo que querían los españoles era castigar a su gobierno socialista, que esperaran para hacerlo a las elecciones generales, que serán pronto. Todo lo cual complicaba terriblemente el voto. Habría "síes" de españoles anti-OTAN que votarían a favor de la alianza por llevarle la contraria a la derecha. "Noes" de españoles pro-OTAN que querían hacerle daño a la izquierda en el poder. "Síes" y "noes" y abstenciones y votos en blanco de españoles movidos por una ira generalizada: contra Felipe por haberse embarcado en el referéndum, o por haberse demorado tanto en convocarlo, y contra Fraga por poner el interés electoral de su partido por encima del interés geopolítico del país. Y la confusión aumentaba con la redacción misma de la consulta sometida a referéndum, que no era una pregunta sencilla (salirse de la OTAN o quedarse), sino un largo documento con preámbulo y conclusiones, salpicado de peros y de comas y de paréntesis como una ecuación de segundo grado.
En tales condiciones, el análisis de los resultados del referéndum también es complicado. No es posible, en efecto, equiparar el triunfo de los "síes" con un triunfo del gobierno socialista, ni se pueden atribuir los "noes" al voto de la izquierda antiotanista, y ni siquiera es posible señalar la abstención -un 40%- como una victoria de la prédica de Fraga, puesto que en las últimas elecciones, cuando no la predicaba nadie, fue casi igual de alta. ¿De quién son los votos en blanco? Tampoco es posible saberlo. Tal vez los que están más claros son los votos nulos, que sumaron el 1.1%, puesto que sin duda reflejan la confusión de los votantes ante las contradicciones del referéndum y la confusión de la pregunta.
De todo esto sale, sin embargo, debilitada la credibilidad de Felipe González, lo cual inevitablemente tendrá efectos negativos para los socialistas en las elecciones generales. Pero sale también disminuida la autoridad de Fraga en la derecha, a causa de sus ambiguedades. Se fortalece algo, posiblemente, el marginal Partido Comunista, que sin embargo está demasiado desgastado por sus propias divisiones internas como para sacar ventaja de la nueva situación. España se queda en la OTAN. Las bases norteamericanas, por el momento al menos, también se quedan en España. Del enclave británico de Gibraltar no se habla. Y lo único que saca España en limpio es que de ahora en adelante los generales españoles estarán ocupados discutiendo en Bruselas sobre bombas atómicas con otros generales de la OTAN, en vez de dedicarse a complotar entre ellos en España contra la democracia.







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