Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1992/08/31 00:00

NICARAGUA ES UN POLVORIN

El gobierno de Violeta de Chamorro atraviesa uno de los períodos más críticos desde que asumió el poder.

NICARAGUA ES UN POLVORIN


LA PRESIDENTA DE NICARAgua Violeta de Chamorro camina con alguna dificultad, debido a una vieja dolencia. Pero el difícil equilibrio de sus pasos no es nada comparado con los malabarismos que su gobierno debe hacer para mantener la paz. Las noticias de Nicaragua hablan con frecuencia de disturbios estudiantiles, enfrentamientos armados, acusaciones de corrupción e ineptitud gubernamental. La impresión es que Violeta parece estar cercada por todas partes.
Quienes llevaron a Violeta al poder, organizados bajo la Unión Nacional de Oposición, UNO, hoy la acusan de mantener una alianza exagerada con sus derrotados, los sandinistas. Estos, con buena parte de su popularidad perdida, sostienen que defenderán las conquistas de su revolución, aunque sea con las armas. Y como telón de fondo, el Congreso de Estados Unidos parece dispuesto a congelar la ayuda económica que hoy por hoy literalmente sostiene al país porque, según el senador Jesse Helms, el gobierno no quiere desmontar el aparato sandinista ni devolver los bienes confiscados.
Elproblema es que los 104 millones de dólares retenidos por el Comité de Desembolsos del Congreso, una suma relativamente pequeña en otras latitudes, son en Nicaragua la diferencia entre la estabilidad y el caos. Después de 15 años de guerra civil, el aparato productivo se vino abajo por completo. En 1977, antes de la caída de Anastasio Somoza, el país exportaba 750 millones de dólares, por encima de sus vecinos, Costa Rica incluída. Hoy esas exportaciones no llegan a 200 millones, mientras Costa Rica ha llegado a 1.600. Nicaragua recibe la ayuda percápita norteamericana más alta del mundo, pero muchos congresistas de Estados Unidos piensan que el dinero de sus contribuyentes está cayendo en un pozo sin fondo.
No es fácil entender esa compleja situación. La señora de Chamorro llegó al poder con el propósito de hacer olvidar los rencores inevitables e inaugurar la democracia en Nicaragua. El convencimiento de que sin los sandinistas el país sería ingoberna ble, la hizo mantener unas fuerzas armadas politizadas y, dejar en su puesto al general Humberto Ortega, uno de los más connotados sandinistas.
Pero además, el triunfo de la revolución dió lugar al surgimiento de una nueva burguesía, que domina hoy la economía del país. De allí las quejas de los norteamericanos, porque los créditos de fomento financiados por ellos terminan en manos de antiguos sandinistas, porque estos son quienes hoy califican mayoritariamente para su otorgamiento.
Por otra parte, abrir las compuertas de las libertades individuales en un país que nunca las había conocido, dió paso a un libertinaje que, combinado con la inexistente cultura política, hace que todas las disputas, ya sean de estudiantes, excombatientes o cualquier otro grupo, se resuelvan por el expediente de la violencia. Lo que es peor, permanece en el país una cantidad enorme de armas a pesar de los esfuerzos por recuperarlas. Por ello, son frecuentes los encuentros a bala.
Lo peor es que el ajuste hecho para reorganizar la economía y derrotar la hiperinflación, ha cobrado un gran costo social. Los servicios sociales como la salud están fuera del alcance del 70 por ciento de la población, y más del 30 por ciento de los que viven en ciudades carecen de agua potable. El desempleo llega al 50 por ciento.
Ese panorama no hace más que agravar las acusaciones de corrupción que involucran al verdadero administrador del país, que es Antonio Lacayo, el yerno de Violeta y ministro de la Presidencia.
Como dice un diplomático de ese país, "Nicaragua es un polvorín", y esa afirmación parece confirmada por la nueva controversia entre Humberto Ortega y su hermano, el ex presidente sandinista Daniel Ortega. Nadie se atreve a hacer predicciones sobre el futuro de Nicaragua, un país que quiere salir del largo túnel del que no ha logrado librarse en 15 años.

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