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| 9/30/1985 12:00:00 AM

NIDO DE ESPIAS

Escándalo en Alemania porque el jefe y altos funcionarios de los servicios de seguridad eran espías que trabajaban para la URSS.

La mayor habilidad de un espía, fuera de la astucia, es no parecerse a sí mismo. Tal es el caso de las sesentonas secretarias y del beodo jefe del contraespionaje de la República Federal Alemana, Hans Joachim Tiedge, que escaparon todos, casi al son de la misma polka, hacia la Alemania Democrática (RDA) causando el mayor escándalo de espionaje en la historia de Alemania Occidental.
Esta saga, que desató, además, una auténtica psicosis de sospecha en las altas esferas de Bonn, la inició una abuela de 60 años que más que una Mata Hari recordaba a la inofensiva empleada oficial en trance de jubilación. Durante 12 años esta mujer, que se hacía llamar Sonia Lueneberg, trabajó como secretaria privada de Martin Bangemann, actual secretario de Economía de la RFA. Valiéndose de una documentación ajena, ella se radicó en Francia desde donde pasó a Alemania Federal a mediados de los años 60. La vinculación con Bangemann le permitía a la espía tener acceso a información valiosa: su jefe era miembro del Consejo Federal de Defensa de la RFA.
No menos hábil fue Ursula Richter, mujer atractiva a pesar de sus 52 años. Ella saltó del Canadá a Alemania Occidental, y logró incrustarse en un grupo del Partido Cristiano Demócrata del canciller Kohl.
Cuando ellas y un mensajero militar huyeron al Este, las autoridades no se alarmaron mucho. Creyeron que se trataba de un incidente más dentro de la larga historia de escándalos de espionaje del país. El golpe sobrevino cuando Tiedge cruzó la frontera hacia la RDA. Su deserción, emprendida el lunes 19 de agosto y sólo descubierta el jueves siguiente dejó fríos a sus superiores de la Oficina Federal de Defensa de la Constitución (contraespionaje interior). El hombre tenía acceso -según admitieron los servicios secretos de Bonn- a "casi todos los niveles de documentos secretos, está enterado de todo y tuvo en sus manos todos los hilos con los cuales se detectaba a los espías del Este en la RFA".
Tras esa dura constatación, otro rayo cayó sobre los alemanes federales. Una funcionaria que trabajaba en la Presidencia de la República, fue detenida. Al comienzo se creyó que era la secretaria privada del Presidente mismo de la RFA, Richard Weizsaecker, pero más tarde se supo que se trataba de Margarete Hoke, 51 años, secretaría de la sección de Defensa y Asuntos Extranjeros, de la dependencia de Weizsaecker. Soltera, vegetariana y aburrida, Frau Hoke trabajaba hace 21 años en esa oficina rebosante de datos apetitosos para un topo de Alemania Oriental.
Estas huidas y detenciones suscitaron, claro, una ola de chistes y un cierto carnaval de noticias falsas en los diarios sensacionalistas. El derechista Bild Zeitung, por ejemplo, llegó a sugerir que la secretaria del canciller Helmut Kohl y 12 secretarias del Partido Socialdemócrata estaban siendo vigiladas. Una desmentida del vocero del Canciller redujo a cenizas esas "pistas", en especial la que apunta hacia la oficina de Kohl. Horas después fue capturado en Coblenza un empleado de quien se dijo pudo haber vendido al Este datos sobre "blindajes" . A La primera reacción del gobierno, como ocurre generalmente en estos casos, fue la de reunir el gabinete y dialogar con algunos jefes de partido, para después anunciar que se tomarán medidas para enderezar el servicio de inteligencia e implantar nuevos métodos de trabajo en ese campo. También dejó ver que habrá algunas destituciones y renuncias. El primero en figurar en la lista de los que deben pagar con su empleo la "crisis de los espías" es Heribert Hellenbroich, el recién instalado director del Servicio Federal de Información (BND). Hellenbroich, 48 años, estuvo hasta el 1 de agosto pasado al frente del contraespionaje interior y siempre había protegido a Tiedge. Su jefe inmediato, el ministro del Interior, Friedrich Zimmermnn, está a su vez siendo presionado por la oposición socialdemócrata para que renuncie por la responsabilidad que a él también le cabe en el asunto. Pero el Ministro se defiende echándole la culpa de todo a Hellenbroich, quien, según él, nunca le informó que Tiedge tenía "problemas personales". En realidad, Hellenbroich era un buen amigo del fugitivo. De la misma generación, ambos entraron al BND como agentes e hicieron una carrera casi paralela en Colonia, hasta el punto de que Hellenbroich había desempeñado el cargo que tenia Tiedge, al huir. Esto, unido a un tratamiento excesivamente prudente del caso de alcoholismo de Tiedge, es lo que se le reprocha a Hellenbroich.
El hoy director del BND aduce que haber tratado bruscamente a su subordinado lo hubiera hecho saltar antes al otro lado del muro, pues un funcionario de contraespionaje, aquejado por problemas personales y sin respaldo de su jefe, es fácil presa de sus adversarios. De ahí ha surgido la hipótesis de que Tiedge se quebró sólo hasta cuando su amigo fue trasladado de Colonia a Munich, dejándolo a la deriva con sus problemas.
Otros creen que la raiz de todo está en el desorden que reina en la oficina de Hellenbroich. El Bild Zeitung, recogiendo declaraciones de funcionarios de esa dependencia, amparados por el anonimato, ha descrito al BND como el reino de los ascensos "con base a tejemanejes y sexo", lo que explicaría el deplorable estado de los servicios secretos de la RFA. En esto coincide con el semanario progresista Der Spiegel que ha calificado tales servicios como "un colador" por el que todo se filtra. Se habla hasta de la misma Cancillería Federal, cuyo servicio secreto se ha ganado el apodo de "triángulo de las Bermudas", pues de allí desaparecen con frecuencia jugosos documentos confidenciales sin dejar rastro.

UNA CAJA DE CERVEZA AL DIA
No menos desordenados fueron los últimos años de Tiedge en Colonia. Nacido en 1937 en una familia acomodada de Berlín, cuando terminó sus estudios de leyes en 1966 entró a trabajar directamente en el servicio de inteligencia. Sus superiores recuerdan que él logró ascender, gracias a su buen trabajo. ¿Desde cuándo empezó a trabajar para el espionaje de la RDA? Esto es un misterio por ahora. Lo evidente hasa el momento es que Tiedge empezó a tener problemas hace tres años, fecha que coincide con la muerte de su esposa, una profesora de 44 años, en condiciones que ahora son motivo de reexamen.
Agobiado por las deudas y con problemas de diabetes y sobrepeso, el topo que cruzó el muro terminó convertido en hombre depresivo y escandaloso cuya apariencia no recuerda en nada la de los magros y cerebrales espías de la "cortina de hierro", y que tampoco encaja en el esquema de un jefe de contraespionaje occidental.
Bebedor de una caja de cerveza al día, Tiedge terminó siendo odioso hasta para sus propios vecinos. Uno de ellos, Hans Troemmer, un coronel retirado de 61 años, llegó a enviar una carta hace algún tiempo a la Oficina de Protección, advirtiendo que las deudas y estilo de vida de su vecino "eran un riesgo para la seguridad". No eran necedades de anciano. Dirigentes cívicos y dueños de bares frecuentados por el funcionario en Colonia, recuerdan bochornosas escenas del hombre. Un día, Tiedge "subió tambaleante al estrado en una fiesta con la bragueta desabrochada y trató de pronunciar unas palabras ante el micrófono", siendo bajado a la fuerza por los asistentes. El coronel retirado ha llegado incluso a decir que la esposa de Tiedge fue muerta por éste último. "Era colérico -dice el vecino- y yo ví con frecuencia cómo golpeaba a su mujer, quien vino varias veces a protegerse en mi casa, en una ocasión con una herida en la cabeza. Puedo imaginarme que él la mató a golpes". Aunque la versión oficial de la muerte de esa señora, ocurrida en julio de 1982, es que ella resbaló en el cuarto de baño de la casa en una noche de juerga, se golpeó con el borde de la bañera y que un coágulo de sangre le causó la muerte. Los rumores en el barrio dicen que fue el marido quien la ultimó durante una riña.
A estas habladurías responden las hijas del espía. Martina, de 15 años, niega que su padre bebiera más que cualquiera otra persona, y Andrea, de 18, ratificó ante la sensacionalista publicación, Bild Am Sonntang, que su madre falleció por un accidente en el cuarto de baño. Pero el serio Der Spiegel, carga contra las muchachitas al acusarlas de moverse en el mundo de la droga de Colonia.
Otro aspecto de esta biografía del grotesco contraespía es el de sus deudas. Con un sueldo de 93 mil marcos mensuales, de los cuales le quedaban 41 mil libres de impuestos y seguros, Tiedge tenía cuentas sin pagar por la suma de tres millones 255 mil marcos. ¿Huyó a la otra Alemania sólo para dejar esos problemas atrás? Algunos funcionarios de Bonn, que creen en esa hipótesis, intentaron pedir permiso a las autoridades de Alemania Democrática para contactar al fugitivo y determinar si él había escapado por problemas personales o por razones políticas. Otros expertos, en cambio, consideran que Tiedge era un topo sofisticado que desde 1979 trabajaba para el servicio secreto de la RDA, lo que explicaría que desde que Tiedge ocupó una jefatura en la BFV, ningún caso espectacular de espionaje volvió a descubrirse en la República Federal Alemana.
Por lo pronto, se calcula que con la huida de ese funcionario han quedado quemados por lo menos unos 100 espías de Bonn en la RDA (el Bild Zeitung, eleva a 200 el número de tales agentes inutilizados), quienes podrían ser capturados en estos días o quedar en una situación de aislamiento peligroso allá. Este diario supone que dos agentes capturados hace dos años en la RDA, condenados más tarde a 12 y 15 años de cárcel, se deben a informes dados por Tiedge.
Lo peor de todo es que este escándalo afectará también los vínculos de Alemania Federal con los demás miembros de la OTAN, en particular con Estados Unidos, que empezará a temer que el gran paquete de secretos militares y científicos que vendrán con el desarrollo del proyecto de "Guerra de las Galaxias", termine en los bolsillos de los topos comunistas que aún quedan en las dependencias claves de la RFA.

"MISCHA", EL GANADOR
Al otro lado del muro de Berlín, hay un hombre de 62 años que no cabe en sí de satisfacción con todo esto. Es el claro ganador de la partida. Se llama Markus Wolf, aunque sus amigos le dicen "Mischa". Es el legendario jefe de la famosa Stasi, el servicio secreto de la RDA. Con el "retorno" del jefe del contraespionaje de Alemania Federal, "Mischa" se anota el mayor golpe de su carrera desde que uno de sus hombres, Gunter Guillaume se convirtiera en el colaborador insigne del canciller Willy Brandt, pudiendo disponer de los papeles oficiales y privados de éste durante quince meses. Descubierto en abril de 1974, Guillaume empezó a cumplir una condena de 13 años de prisión hasta cuando fue canjeado por otros espías de Alemania Federal en 1981.
Aunque diferente del caso Guillaume, por ser éste de alto espionaje político, el de ahora podría ser tan grave como aquel, por haber afectado al sector operativo del espionaje de la RFA y de algunos otros países de Occidente.
Wolf, tiene actualmente 62 años y fue formado en la URSS, pues su familia tuvo que emigrar a este país en 1933 por el ascenso del nazismo en Alemania. A diferencia de Erich Mielke, el septuagenario ministro del cual depende la Stasi, quien es visto como un "combatiente duro y puro" al servicio del comunismo, el eficaz "Mischa" tiene reputación de ser algo más mundado. La Stasi, emplea cerca de 3 mil oficiales y suboficiales y casi 1.600 empleados civiles dentro de la RDA, mientras que en el exterior se calcula que tiene entre 17 mil colaboradores y 100 mil informadores. Secretarias avejentadas y solitarias, así como alcoholizados y endeudados funcionarios, forman parte de ese batallón fantasma.
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