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| 10/29/2001 12:00:00 AM

No a la guerra

A pesar de la indignación los campus universitarios y el ciberespacio empiezan a llenarse de pacifistas.

La encendida retorica del presidente George W. Bush al declarar ante el Congreso la guerra al terrorismo ha sido bien recibida por la mayoría del pueblo norteamericano. Sin embargo, un movimiento pacifista compuesto por estudiantes universitarios, grupos religiosos y organismos progresistas comienza a tomar fuerza.

Aunque el movimiento había sido tímido al cierre de esta edición se esperaba una marcha multitudinaria en Washington para el sábado 29 de septiembre, fecha en que estaba prevista la reunión del FMI y el Banco Mundial, que se canceló por culpa del atentado que sobrecogió al mundo. Muchos de los grupos antiglobalización, que con anticipación coordinaron una protesta de 100.000 personas a las afueras de la reunión, se sintieron identificados con las iniciativas pacifistas de las últimas semanas y decidieron continuar con la manifestación, pero dirigiéndola contra la solución militarista al terrorismo. Richard Becker, coordinador del Centro de Acción Internacional, dijo a The Washington Post: “Hemos reenfocado nuestra demostración para que se dirija a los peligros más inmediatos del racismo y la grave amenaza de una nueva guerra”. Para este mismo fin de semana también se habían anunciado marchas en San Francisco y en Los Angeles y otras reuniones pacifistas como el Centro de Paz de Washington y el Comité de Servicio de Amigos Norteamericanos (Afsc), un grupo de cuáqueros. La convocatoria para la marcha del sábado en Washington exhortaba a los internautas así: “A menos que impidamos que Bush lleve a cabo una nueva guerra en Oriente Medio, las inocentes aumentarán a decenas de miles y más”.

Estas marchas no son la única demostración del nuevo movimiento pacifista estadounidense. La primera voz que disintió fue la de la congresista demócrata Barbara Lee. Su voto fue único. Pero, además, el viernes pasado estudiantes de varias universidades convocaron marchas. Por ejemplo, en la Universidad de Berkeley, en California, que desde los años 60 tiene una historia de manifestaciones contra la guerra, unos 3.000 estudiantes se reunieron para protestar contra la discriminación contra árabes y para pedir una salida diplomática. Uno de los primeros estudiantes en tomar la palabra fue una joven de 22 años que dijo: “Los terroristas mataron a mi tía. Pero cuando prendo la televisión y lo único que veo es que Norteamérica está en guerra… Mi primito ya no tiene mamá pero no quiero que la gente de otros países diga: Norteamérica mató a mi mamá”. Según la Red de Acción Pacífica Estudiantil expresiones como ésta no se limitaron a la costa oeste sino que más de 150 campus universitarios en Nueva York, Nueva Jersey, Missouri, Maine y Oregon organizaron reuniones pacifistas.

Sumándose a los estudiantes, varios grupos religiosos también han censurado la política gubernamental. El Consejo Nacional de Iglesias hizo circular entre los clérigos de diferentes creencias una petición hecha al Congreso estadounidense titulada ‘Niéguenles su victoria: una respuesta religiosa al terrorismo’, en la que le piden una “sobria abstinencia” al responder a los ataques.

Estas iniciativas son cada vez más numerosas, las marchas podrían hacer pensar que no es tan cierta la versión gubernamental de que el llamado a la guerra es un consenso de toda la nación. Pero como dijo a SEMANA el profesor Emilio Viano, de la American University, “es muy difícil para estos movimientos intervenir en la coyuntura actual. En estos momentos es antipatriótico hablar de otras medidas, como el diálogo o la diplomacia, con este tipo de terroristas”.



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La encendida retorica del presidente George W. Bush al declarar ante el Congreso la guerra al terrorismo ha sido bien recibida por la mayoría del pueblo norteamericano. Sin embargo, un movimiento pacifista compuesto por estudiantes universitarios, grupos religiosos y organismos progresistas comienza a tomar fuerza.

Aunque el movimiento había sido tímido al cierre de esta edición se esperaba una marcha multitudinaria en Washington para el sábado 29 de septiembre, fecha en que estaba prevista la reunión del FMI y el Banco Mundial, que se canceló por culpa del atentado que sobrecogió al mundo. Muchos de los grupos antiglobalización, que con anticipación coordinaron una protesta de 100.000 personas a las afueras de la reunión, se sintieron identificados con las iniciativas pacifistas de las últimas semanas y decidieron continuar con la manifestación, pero dirigiéndola contra la solución militarista al terrorismo. Richard Becker, coordinador del Centro de Acción Internacional, dijo a The Washington Post: “Hemos reenfocado nuestra demostración para que se dirija a los peligros más inmediatos del racismo y la grave amenaza de una nueva guerra”. Para este mismo fin de semana también se habían anunciado marchas en San Francisco y en Los Angeles y otras reuniones pacifistas como el Centro de Paz de Washington y el Comité de Servicio de Amigos Norteamericanos (Afsc), un grupo de cuáqueros. La convocatoria para la marcha del sábado en Washington exhortaba a los internautas así: “A menos que impidamos que Bush lleve a cabo una nueva guerra en Oriente Medio, las inocentes aumentarán a decenas de miles y más”.

Estas marchas no son la única demostración del nuevo movimiento pacifista estadounidense. La primera voz que disintió fue la de la congresista demócrata Barbara Lee. Su voto fue único. Pero, además, el viernes pasado estudiantes de varias universidades convocaron marchas. Por ejemplo, en la Universidad de Berkeley, en California, que desde los años 60 tiene una historia de manifestaciones contra la guerra, unos 3.000 estudiantes se reunieron para protestar contra la discriminación contra árabes y para pedir una salida diplomática. Uno de los primeros estudiantes en tomar la palabra fue una joven de 22 años que dijo: “Los terroristas mataron a mi tía. Pero cuando prendo la televisión y lo único que veo es que Norteamérica está en guerra… Mi primito ya no tiene mamá pero no quiero que la gente de otros países diga: Norteamérica mató a mi mamá”. Según la Red de Acción Pacífica Estudiantil expresiones como ésta no se limitaron a la costa oeste sino que más de 150 campus universitarios en Nueva York, Nueva Jersey, Missouri, Maine y Oregon organizaron reuniones pacifistas.

Sumándose a los estudiantes, varios grupos religiosos también han censurado la política gubernamental. El Consejo Nacional de Iglesias hizo circular entre los clérigos de diferentes creencias una petición hecha al Congreso estadounidense titulada ‘Niéguenles su victoria: una respuesta religiosa al terrorismo’, en la que le piden una “sobria abstinencia” al responder a los ataques.

Estas iniciativas son cada vez más numerosas, las marchas podrían hacer pensar que no es tan cierta la versión gubernamental de que el llamado a la guerra es un consenso de toda la nación. Pero como dijo a SEMANA el profesor Emilio Viano, de la American University, “es muy difícil para estos movimientos intervenir en la coyuntura actual. En estos momentos es antipatriótico hablar de otras medidas, como el diálogo o la diplomacia, con este tipo de terroristas”.



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Petición hecha al congreso estadounidense del Consejo Nacional de Iglesias (inglés)



La encendida retorica del presidente George W. Bush al declarar ante el Congreso la guerra al terrorismo ha sido bien recibida por la mayoría del pueblo norteamericano. Sin embargo, un movimiento pacifista compuesto por estudiantes universitarios, grupos religiosos y organismos progresistas comienza a tomar fuerza.

Aunque el movimiento había sido tímido al cierre de esta edición se esperaba una marcha multitudinaria en Washington para el sábado 29 de septiembre, fecha en que estaba prevista la reunión del FMI y el Banco Mundial, que se canceló por culpa del atentado que sobrecogió al mundo. Muchos de los grupos antiglobalización, que con anticipación coordinaron una protesta de 100.000 personas a las afueras de la reunión, se sintieron identificados con las iniciativas pacifistas de las últimas semanas y decidieron continuar con la manifestación, pero dirigiéndola contra la solución militarista al terrorismo. Richard Becker, coordinador del Centro de Acción Internacional, dijo a The Washington Post: “Hemos reenfocado nuestra demostración para que se dirija a los peligros más inmediatos del racismo y la grave amenaza de una nueva guerra”. Para este mismo fin de semana también se habían anunciado marchas en San Francisco y en Los Angeles y otras reuniones pacifistas como el Centro de Paz de Washington y el Comité de Servicio de Amigos Norteamericanos (Afsc), un grupo de cuáqueros. La convocatoria para la marcha del sábado en Washington exhortaba a los internautas así: “A menos que impidamos que Bush lleve a cabo una nueva guerra en Oriente Medio, las inocentes aumentarán a decenas de miles y más”.

Estas marchas no son la única demostración del nuevo movimiento pacifista estadounidense. La primera voz que disintió fue la de la congresista demócrata Barbara Lee. Su voto fue único. Pero, además, el viernes pasado estudiantes de varias universidades convocaron marchas. Por ejemplo, en la Universidad de Berkeley, en California, que desde los años 60 tiene una historia de manifestaciones contra la guerra, unos 3.000 estudiantes se reunieron para protestar contra la discriminación contra árabes y para pedir una salida diplomática. Uno de los primeros estudiantes en tomar la palabra fue una joven de 22 años que dijo: “Los terroristas mataron a mi tía. Pero cuando prendo la televisión y lo único que veo es que Norteamérica está en guerra… Mi primito ya no tiene mamá pero no quiero que la gente de otros países diga: Norteamérica mató a mi mamá”. Según la Red de Acción Pacífica Estudiantil expresiones como ésta no se limitaron a la costa oeste sino que más de 150 campus universitarios en Nueva York, Nueva Jersey, Missouri, Maine y Oregon organizaron reuniones pacifistas.

Sumándose a los estudiantes, varios grupos religiosos también han censurado la política gubernamental. El Consejo Nacional de Iglesias hizo circular entre los clérigos de diferentes creencias una petición hecha al Congreso estadounidense titulada ‘Niéguenles su victoria: una respuesta religiosa al terrorismo’, en la que le piden una “sobria abstinencia” al responder a los ataques.

Estas iniciativas son cada vez más numerosas, las marchas podrían hacer pensar que no es tan cierta la versión gubernamental de que el llamado a la guerra es un consenso de toda la nación. Pero como dijo a SEMANA el profesor Emilio Viano, de la American University, “es muy difícil para estos movimientos intervenir en la coyuntura actual. En estos momentos es antipatriótico hablar de otras medidas, como el diálogo o la diplomacia, con este tipo de terroristas”.



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