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| 10/3/1988 12:00:00 AM

NO HAY CUÑA

Paradógicamente el escándalo sobre el pasado de Quayle fue revelado por los periódicos de su familia.

Resulta difícil imaginar a Juan Gómez Martínez atacado en forma virulenta por El Colombiano por haberse atrasado en el pago de algun impuesto predial, o a Juan Manuel Santos nombrado, por ejemplo, ministro de Hacienda, respondiendo a la Unidad Investigativa de El Tiempo por un cheque chimbo de hace 10 años, o a Rodrigo Lloreda Caycedo sufriendo los embates del diario El País en plena campaña presidencial por acusaciones de clientelismo Los ejemplos, por supuesto, son ficticios, pero hay algo comun en ellos: todos esos políticos son propietarios de los periódicos nombrados.

Parecería inverosímil que un periódico se convirtiera en obstáculo de la carrera política de su dueño, pero eso es exactamente lo que le sucedió a Dan Quayle. Sus faltas, no hipotéticas sino reales, se han convertido en la comidilla preelectoral y le han dado la vuelta al mundo. Pero lo que casi nadie sabe es que la cadena de periódicos de su propia familia fue la que inició las investigaciones y publicó los informes que se han convertido en el dolor de cabeza del equipo republicano.

Se trata de la cadena fundada por Eugene C. Pulliam, un magnate al estilo William Hearst, que estableció un pequeño imperio de publicaciones en las ciudades medianas de la región central de Estados Unidos. Con un valor estimado por encima de los US$1.000 millones, la organización incluye, entre otros, a The Indianapolis Star y a The Indianapolis News, así como a varios diarios de localidades de Indiana y Arizona. En conjunto, la Central Newspapers Inc. ocupa el puesto número 18 en los medios escritos norteamericanos, un lugar nada despreciable.

El hecho de que esos diarios fueran propiedad de su familia no impidió que, cuando el candidato republicano George Bush escogiera a Quayle como su compañero de fórmula, el News y el Star pusieran al descubierto ciertos detalles del pasado de este último, sin limitarse a presentar los hechos escuetos, sino ahondando con informes permanentes, hasta el punto que se convirtieron en la fuente noticiosa de la que se nutrían los demás periódicos del país. Esta actitud motivó tal curiosidad, que el New York Times le dedicó un artículo titulado "Los periódicos de Quayle, la frente en alto" "El punto álgido llegó cuando encontramos la historia de que Quayle había buscado ayuda para lograr un puesto en la Guardia Nacional", declaró a The New York Times Frank Caperton, editor de The News. Caperton le envió copia a todos sus superiores, entre los que estaba, naturalmente, el padre de Quayle. La respuesta de ellos fue más o menos la misma: si se trata de información veraz y correcta, tiene el visto bueno.
"Siendo los periódicos neutrales, la ética periodística hacía imperativo publicar la noticia". El titular escondía una bomba: "Quayley la Guardia Nacional. Cómo entró". La tormenta que desató este artículo podría costarle la presidencia a Bush, y acabar con el escaso prestigio que el oscuro Quayle había alcanzado en sus 41 años de existencia.

No es para menos. La noticia publicada por el News involucraba a su anterior editor, un general retirado llamado Wendell Phillipi. Este declaró que en 1969 recomendó a Quayle, hijo de su jefe, para ser admitido en la Guardia Nacional, una especie de cuerpo militar de medio tiempo, con lo que el joven de 23 años evitó ser llamado a servir en Vietnam. Esa revelación inició una semana de fuerte controversia nacional sobre el tráfico de influencias familiares que puso a Quayle en condiciones de superioridad frente a miles de jóvenes que, careciendo de esos contactos, debieron enlistarse o huir al extranjero.

Pero al final de cuentas, nadie pudo explicar por qué, si Quayle había participado en cuatro elecciones para Congreso en los últimos 12 años, no se había hecho ninguna revelación de este estilo. Esa pregunta dejó en el ambiente una más de fondo: ¿el pasado de un congresista es menos importante que el de un vicepresidente?
Esa y otras cuestiones empezaron a pesar en el ánimo de los norteamericanos ahora que el humo parece disiparse en el campamento de Bush.
Una encuesta revelada por The New York Times indica que el 55% de los votantes piensa que el cubrimiento del pasado del candidato a vicepresidente es injusto Pero en medio de sus espinosos problemas, al cierre de esta edición se supo que el Indianapolis News publicó una nueva pata que le sale al gato de Quayle: al parecer, uno de sus ayudantes le prestó asesoría de imagen a uno de los villanos favoritos de los periódicos norteamericanos, el general Mantfel Antonio Noriega.
Por lo visto, a nadie mejor que a Quayle le aplica aquello de que "no hay cuña que más apriete que la del mismo palo". --
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