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| 10/4/2008 12:00:00 AM

No fue paliza

El debate entre vicepresidentes no fue la debacle que muchos esperaban para Sarah Palin. Pero mantenerse a flote no es suficiente para los republicanos, rezagados en las encuestas.

Cómodamente sentados frente al televisor, miles de norteamericanos concluyeron que Sarah Palin había sido la sorpresa de la noche. No era para menos. Ocurrió el jueves pasado, a las 10:30, cuando la candidata republicana a la vicepresidencia, la joven gobernadora de Alaska, acababa de medirse en un debate televisado con su contrincante, el veterano senador demócrata de Delaware Joe Biden. Hasta ese momento, nadie daba un peso por la señora Palin. Todo el mundo creía que iba a meter la pata estrepitosamente como en un par de entrevistas recientes con los famosos presentadores de CBS News, Katie Couric, y de ABC World News, Charles Gibson.

Pero no. Tras batirse a duelo con un viejo zorro de la política como Biden, que con 65 años a cuestas y 36 en el Senado conoce a la mayor parte de los líderes internacionales, la gobernadora se defendió mejor de lo que se pensaba: no cometió ningún error garrafal. El problema, sin embargo, es que el haber salido bien librada no bastó para despejar las dudas sobre su capacidad para convertirse en vicepresidenta de Estados Unidos y, menos aun, para eventualmente reemplazar en la presidencia a John McCain en caso de que él derrote en las elecciones del 4 de noviembre al demócrata Barack Obama.

No era raro que los demócratas abrigaran la esperanza de que la señora Palin saliera mal librada del debate. Pocos días antes, esta mujer de 44 años que lleva casi dos como gobernadora de Alaska había dado dos entrevistas verdaderamente patéticas. En la que le concedió a Charles Gibson el 11 de septiembre, no supo, por ejemplo, cuál era la Doctrina Bush sobre la que le se había formulado una pregunta, una doctrina que consiste en la controvertida forma como la Casa Blanca ha manejado la llamada guerra contra el terrorismo. Pero no sólo eso. Palin también se abstuvo de contestar un cuestionamiento con el argumento de que era "irrelevante".

Si la entrevista con Gibson había sido un desastre, el encuentro dos semanas después con Katie Couric fue la debacle. Ante la estrella de CBS News, Palin fue incapaz de mencionar cuáles periódicos lee para informarse sobre la actualidad internacional. "Los leo todos con gran aprecio por la prensa", contestó titubeante. Más adelante, preguntada por unos datos sobre la trayectoria de McCain, señaló increíblemente: "No los sé. Pero después le cuento". Luego insistió en que gran parte de la experiencia internacional que posee se debe a que Alaska "tiene una frontera con Rusia". Y añadió, en respaldo de esa tesis, que si el Presidente ruso "mira para atrás hacia el espacio aéreo de Estados Unidos", va a dar "a Alaska". Para rematar, la gobernadora no se sonrojó siquiera al referirse a Rusia y a Canadá como "dos países extranjeros", y no simplemente "países". Insólito.

Semejantes respuestas desataron no solamente una gigantesca ola de burlas en programas de humor como Saturday Night Live, en el que Tina Fey ha alcanzado la cumbre de la popularidad con las imitaciones de Palin que ahora copan las páginas de YouTube, sino también una andanada de críticas en las columnas de prensa. '¿Está lista Palin? ¡Por favor!', titulaba su artículo de la semana pasada en la revista Newsweek el prestigioso analista Fareed Zakaria, que en la primera línea clamaba para que alguien apartara a la gobernadora de su propia "agonía". "Sarah Palin no está calificada para ser vicepresidenta. No ha pasado un solo día pensando en ningún asunto importante nacional o internacional", escribió Zakaria, que no tuvo inconveniente en irse lanza en ristre contra McCain. "Haber escogido a esta compañera de fórmula ha sido fundamentalmente irresponsable", subrayó.

Por más que todo eso hacía presagiar que Sarah Palin iba a protagonizar un fiasco monumental, las cosas le salieron mejor de lo esperado. Para empezar, Palin logró bajarle un poco la guardia a Biden, cuando le preguntó mientras se saludaban: "Hey, can I call you, Joe?" ('Hey, ¿te puedo llamar Joe

'). Luego contestó rápidamente y como pudo las preguntas. Algo que le sirvió muchísimo es que el formato no admitía que la moderadora, la afroamericana Gwen Ifill, diera más de dos minutos para cada repuesta y que pusiera al senador y a la gobernadora a cruzarse acusaciones.

Otro aspecto que favoreció a Palin fue la utilización de expresiones típicas del hablar callejero. Aludió con frecuencia a los "Joe Six-Pack" y a las "Hockey Moms" para mencionar a los señores que compran un paquete de seis cervezas o a las madres de las jugadoras de hockey, y, siempre mirando a la cámara, usó combinaciones de palabras que no se habían escuchado en este tipo de programas como "betcha", "you're darn right" y "a heck of a lot more than that", para decir "le apuesto lo que quiera", "maldinga sea, usted está en lo cierto" y "es un jurgo más que eso". La gobernadora quería mostrarse como una mujer de clase media. El diario The Washington Post advirtió, incluso, que en sus gestos guarda un asombroso parecido con Gidget y con Hechizada, mujeres adorables de la televisión gringa en los años 60.

Palin casi nunca puso en aprietos a Biden, que estuvo caballeroso y no la emprendió contra ella sino contra McCain. Sólo lo incomodó al subrayar que él votó inicialmente a favor de la guerra en Irak y que después se arrepintió. También lo molestó cuando, después de que Biden se empeñaba en comparar a McCain con Bush, ella echó mano de la frase de Ronald Reagan con la que liquidó en un debate a Walter Mondale: "There you go again" ("Ahí está usted otra vez"). Por lo demás, Palin eludió contestar algunas cuestiones, evidenció su falta de conocimiento en materias de política internacional y economía, y confundió al comandante de las tropas gringas en Afganistán. Lo llamó "general McLellan" cuando en realidad su nombre es David McKiernan.

Finalizado el debate, surgió el interrogante de quién ganó. A primera vista, todo indicaba que Palin, al no haberse equivocado, había sido la vencedora. Según una encuesta de la CNN, el 84 por ciento de los televidentes consideró que había estado mejor de lo que pensaban. Pero la realidad es otra. Como afirma The Economist, "si la buena noticia para los republicanos es que ella no cometió errores protuberantes, la mala es que su comparecencia fue mediocre". Eso quedó confirmado en otro sondeo de la CNN, de acuerdo con el cual el 51 por ciento de los consultados piensa que Biden fue el vencedor, mientras el 39 por ciento asegura que la gobernadora superó al senador.

¿Incidirá el enfrentamiento televisivo del jueves en los comicios de noviembre? No lo parece. Como dijo David Gergen, profesor de la Universidad de Harvard y principal analista de la CNN, "es verdad que luego del desastre de la entrevista con Katie Couric el debate le sirvió mucho a la gobernadora Palin, pero hay que admitir que Joe Biden estuvo bien y muy centrado, con lo cual no creo que esto vaya a darle puntos a McCain en las encuestas". En resumen, lo de siempre: los candidatos a la vicepresidencia no importan mucho; la gente vota por los 'número uno'. Y eso, en plata blanca, significa que si los comicios fueran hoy y no dentro de un mes, Obama derrotaría a su adversario republicano por un considerable 6 por ciento de los votos. Así constaba el viernes en el promedio de los últimos sondeos que hace la página web RealClearPolitics. Pero en política todo puede dar un giro radical en un santiamén, de suerte que el que va abajo en esas consultas puede pasar a la delantera en menos de lo que canta un gallo y salirse con la suya en la mejor de las encuestas: las elecciones.
 
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