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| 11/6/1989 12:00:00 AM

NOBEL DE ALTURA

Premio de la Paz para el Dalai Lama, en medio de protestas de los chinos.

Los primeros en protestar fueron los chinos. A través de sus distintas embajadas en Europa, y en especial en Oslo, pidieron que no intervinieran en sus asuntos internos.

Pero el Premio Nobel de la Paz otorgado al Dalai Lama el jueves último, era un asunto que trascendía todas las fronteras y en el mundo entero millones de personas vieron y escucharon la figura del hombre que ahora tiene 54 años, hablando sobre la paz, la conciencia, la búsqueda de Dios y otros temas que aparentemente nada tienen que ver con las masacres que las tropas chinas vienen perpetrando en suelo tibetano.

Este Nobel de la Paz para el Dalai Lama, como reconocimiento a su lucha pacífista contra un vecino belicoso, ha sido interpretado por algunos medios como una bofetada al gobierno de Pekín, especialmente ahora, cuando no se han cerrado todavía las heridas producidas por las revueltas estudiantiles recientes. Lo irónico, que divierte a muchos observadores, es cómo este hombre, que antes era recibido por muy pocos gobiernos occidentales cuando llegaba a pedirles ayuda contra China, ahora lo nombran huésped ilustre y lo invitan abrumadoramente.

El Dalai Lama se llama realmente Tenzin Gyatso, nació en 1935 en una familia de campesinos del nordeste del Tibet y a los cinco años fue reconocido con la reencarnación del XIII Dalai Lama, es decir, Océano de Sabiduría. Los mejores años de su vida los ha pasado recorriendo el mundo, pidiendo el respaldo diplomático de las naciones óccidentales para que intercedan ante Pekin y acabe la invasión militar que lo arrojó al exilio desde 1959.

Este hombre no sólo ha tenido que negociar con los jerarcas chinos (después de las revueltas estudiantiles la situación se ha endurecido, aunque algunos piensan que el Nobel pudo cambiar un poco las cosas), sino atajar a los sectores más radicales y violentos de su nación, para quienes el uso del terrorismo contra el invasor es la única solución al conflicto.

No ha sido fácil la vida para el Dalai Lama y la orientación de un pueblo oprimido lo ha lanzado en ocasiones a situaciones desesperadas en el extranJero: para sus simpatizantes dentro y fuera del Tibet, este premio puede significar el principio de algo, por lo menos el de un clima de mode,ración militar y política por parte de los enemigos chinos.
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