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| 11/30/2003 12:00:00 AM

Noche de paz

Con las conversaciones con los palestinos empantanadas, crecen las voces en Israel por una salida negociada.

Queremos vivir en paz y estoy de acuerdo en que les entreguen más tierra a los palestinos pero creo que ahora va a ser difícil lograr un acuerdo porque muchos ya no les creemos". Mientras trabaja en un almacén de Jerusalén, Dorit Turgeman, una mujer israelí, continúa diciendo a SEMANA que aunque todo iba bien con la tregua de hace unos meses, los ataques terroristas le hicieron perder la confianza. Cerca está su esposo, Roni Turgeman, quien conoce a varios palestinos y emplea algunos de ellos en su restaurante de falafel, shawarma y otras delicias de la gastronomía israelí. "No tenemos problemas, me la llevo bien con ellos y espero que haya paz pronto".

Como la de ellos, la voz de quienes quieren la paz en Israel se ha sentido con más fuerza en los últimos meses. Periódicos como Haaretz y Jerusalem Post dicen que la población está cansada de la tensión y de esperar que llegue esa paz con seguridad que el primer ministro israelí Ariel Sharon prometió durante su campaña electoral de 2001. Y una encuesta contratada por el James Baker III

Institute of Public Policy, de Houston, descubrió que el 53,3 por ciento de los israelíes aprobarían un plan de paz que reconociera un estado palestino, basado en las fronteras de 1967, con mutuas concesiones que legalizaran algunos asentamientos judíos, con Jerusalén como capital compartida, retorno de parte de los refugiados o su establecimiento en otros países árabes. Entre los palestinos el 55,6 por ciento también lo aprobarían.

Objetivo distante

Ese plan constituye, a grandes rasgos, las bases del "Acuerdo de Ginebra" presentado este lunes 1 de diciembre en la ciudad suiza y promovido por hombres como Yossi Beilin, ex ministro del asesinado primer ministro Yhitzak Rabin, y el ministro palestino de información Yasser Abed Rabbo. El acuerdo, conseguido a fines de octubre tras dos años de conversaciones, es un símbolo de que el diálogo es posible y fue bien recibido por el secretario de estado norteamericano, Colin Powell. Pero el vice premier israelí, Ehud Olmert, desestimó tanto al plan como la aprobación de Powell.

Eso demuestra que la paz parece hoy muy lejana. El gobierno de Sharon acusa a la Autoridad Palestina de no detener los atentados de los extremistas suicidas, pero al mismo tiempo le impide tener los medios para hacerlo. Y los palestinos resienten los asesinatos selectivos de sus dirigentes, la destrucción de las casas de los suicidas, el muro que se construye para "evitar el ingreso a Israel de terroristas" y, sobre todo, la ocupación por parte de colonos israelíes de áreas de sus territorios. Peace Now, la principal organización pacifista de Israel desde 1978, reveló que alrededor de 60 pequeños asentamientos habrían sido instalados durante el gobierno de Ariel Sharon.

Sharon no parece dispuesto a retroceder. Al respecto Moshe Maor, profesor de ciencias políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalén, afirmó a SEMANA que es evidente que Sharon está perdiendo legitimidad, pero cree que en materia de paz "no habrá movimientos si los palestinos no detienen los ataques terroristas. De lo contrario, serán movimientos simbólicos, sólo palabras".

Por eso resulta difícil avanzar hacia al menos recomenzar las conversaciones que fueron suspendidas en junio pasado para revivir la 'hoja de ruta', el plan de paz que busca resolver el conflicto en 2005. A pocos días de una posible reunión entre Sharon y su homólogo palestino, Ahmed Qurei, las partes parecen muy distantes. Sharon expresó hace unos días en Jerusalén que "nos reuniremos pero no haremos ningún compromiso hasta que no veamos qué pueden hacer ellos". Por su parte, el palestino ha dicho que pedirá suspender las obras del muro y el desmantelamiento de los asentamientos judíos que se encuentran en territorio palestino. Posiciones que no dejan mucho campo a la esperanza.

El legado de Rabin

Con ese telón de fondo, los pacifistas israelíes recuerdan al líder que los tuvo más cerca de ese objetivo. El pasado 2 de noviembre más de 100.000 personas -según algunos cálculos- se reunieron en Tel Aviv para recordar el asesinato hace ocho años de Rabin, el primer ministro promotor de los acuerdos de Oslo. Rabin fue asesinado por Yigal Amir, un estudiante judío de extrema derecha, cuando ratificaba su compromiso pacífico ante la multitud que lo esperaba.

Esa tarde miles de personas portaron pancartas con mensajes como "Sharon vete a casa", "Abandonen los territorios ocupados", "Salven el país".

Para algunos organizadores y representantes de los medios, esta ha sido la reunión de izquierda más grande que se ha realizado en Israel desde que

Sharon llegó al poder. Hecho que probablemente es producto del sentimiento de muchos israelíes que piensan que las políticas de Sharon han aumentado la violencia en lugar de lograr la paz. En el evento intervino el ex primer ministro Shimon Peres, quien también participó en la elaboración de los acuerdos de Oslo de 1993. Este seguidor de la paz afirmó que el país debe retornar a la visión de

Rabin. "Sus puntos de vista todavía siguen vigentes y continuaremos con ellos". Asimismo pidió al gobierno evacuar los asentamientos que se encuentran en la línea de Gaza y afirmó que ha fallado la política de hacer más énfasis a la fuerza que a las negociaciones. Peres, quien preside el partido Laborista, ha presentado en los últimos días un plan que busca resolver las diferencias entre palestinos e isralíes. Aunque no se sabe si será una iniciativa más o una utopía, lo que se puede asegurar por ahora es que quiere hacer de Israel un lugar mejor para vivir. Como lo soñó Rabin. Como aún lo sueñan cientos de israelíes y palestinos.
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