Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2010/07/10 00:00

Novelón francés

El presidente Nicolas Sarkozy fue salpicado por el escándalo de la mujer más adinerada del país, la dueña de L'Oréal, Liliane Bettencourt, por la supuesta financiación ilegal de la campaña del jefe del Estado.

El escándalo Bettencourt apunta ahora al Palacio del Elíseo. Sarkozy ha guardado silencio, pero anunció que el lunes hablará en la televisión pública.

Conmoción en Francia. Y de qué calibre. El presidente de la República, Nicolas Sarkozy, está contra las cuerdas y los jueces empiezan a mirarlo de reojo. Su ministro de Trabajo, Eric Woerth, se encuentra a un paso de sentarse en el banquillo de los acusados y de convertirse en un cadáver político. Y la mujer más adinerada del país, Liliane Bettencourt, dueña del imperio L'Oréal y con 87 años a cuestas, aparece ahora como sospechosa de haber financiado ilegalmente la campaña del jefe del Estado y de haber evadido el pago de impuestos. Y por si fuera poco, protagoniza un monumental escándalo a raíz de una pelea con su hija.

Al novelón le han salido varias patas, la más grave de las cuales surgió el martes de la semana pasada cuando Claire Thibout, que entre 1995 y 2008 fue contadora de la señora Bettencourt, le dio unas declaraciones al periódico Mediapart, que se lee solamente en Internet. Según ellas, Patrice de Maistre, el hombre que le maneja a la propietaria de L'Oréal los 24.000 millones de dólares de su fortuna, le pidió el 26 de marzo de 2007 a Thibout que sacara la suma de 150.000 euros (unos 180.000 dólares) en efectivo. Claire, tal como le indicó a Mediapart, le respondió que no estaba autorizada para retirar más de 50.000 y le preguntó a dónde iría el dinero.

La respuesta de Patrice de Maistre, según la ex contadora, fue clarísima: "Bueno, son para la campaña presidencial de Sarkozy y 50.000 euros no son suficientes". Por esa razón, agrega Thibout, ella se fue "a la sucursal bancaria de siempre del BNP-Paribas, que queda en la avenida de la Grande-Armeé", sacó los 50.000 euros y se los dio "a Liliane Bettencourt, que le entregó el sobre delante de mí a De Maistre". Sin embargo, como los 50.000 euros no alcanzaban, De Maistre "se fue o envió a alguien a Suiza para retirar lo que faltaba" y luego dijo que "iba a cenar pronto con Eric Woerth para darle discretamente los 150.000 euros". En aquel entonces, Woerth era el tesorero de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), el partido conservador de Sarkozy.

El lío es que las leyes francesas prohíben la financiación privada de las campañas políticas, y luego de que la Policía halló algunos documentos que podrían demostrar ciertas afirmaciones de Thibout, la Fiscalía de Nanterre anunció la semana pasada la apertura de una investigación preliminar para depurar responsabilidades. Pero el poder judicial quiere más. El miércoles, la Unión Sindical de Magistrados (USM) le solicitó a Sarkozy el nombramiento de un juez de instrucción independiente, requerimiento al que el Presidente se ha negado. "¿Qué es lo que tiene que ocultar?", preguntó esa tarde Christophe Régnard, presidente de la USM.

En medio de esta cascada de desastres, la única buena noticia para Liliane Bettencourt y Sarkozy se produjo el jueves, cuando Claire Thibout aclaró que el hoy Presidente no frecuentaba los desayunos que la dueña de L'Oréal solía ofrecerles a algunos políticos, momentos en los cuales se les entregaban sobres con dinero efectivo como los que se supone le dio Patrice de Maistre a Eric Woerth con 150.000 euros dentro.

En cualquier caso, lo cierto es que lo anterior, que por sí sólo huele mal, apesta aún más a raíz de unas grabaciones hechas con el consentimiento de Pascal Bonnefoy, mayordomo de Liliane Bettencourt desde 1998. En ellas, Patrice de Maistre deja entrever que su multimillonaria jefa evade impuestos en Francia mediante un sofisticado manejo de cuentas bancarias en Suiza. Y ahí no para el escándalo. También acaba de saberse que Florence Woerth, la esposa del ministro de Trabajo y especialista en inversiones, fue contratada en 2008 por De Maistre para vigilar la fortuna de Liliane Bettencourt. El salario hasta su renuncia hace dos semanas no ha sido malo: 13.000 euros (casi 16.000 dólares) mensuales, más una prima anual de 50.000 euros. Todo esto se supo por las grabaciones del mayordomo, que asegura que a Florence la contrataron por petición de su marido, el ministro.

El gobierno ha sentido el golpe. Eric Woerth no solo ha demandado a Mediapart, el diario que posee 30.000 suscriptores por Internet y cuyo director es el veterano periodista Edwy Plenel, sino que contesta entrevistas un día sí y otro también para decir que no va a renunciar. Al cierre de esta edición se ignoraba si Sarkozy iba a mantenerlo hasta el 13 de julio, víspera de la fiesta nacional, día en que el Ejecutivo tiene previsto presentar ante el Parlamento la reforma al sistema de pensiones, una de sus iniciativas más importantes cuyo defensor debe ser, claro, el ministro de Trabajo.

Sarkozy ha guardado silencio y sufrido bastante, sobre todo después de que dos de sus viceministros se vieron forzados a dimitir la semana pasada por haber manejado incorrectamente dineros del erario. Se demostró, por ejemplo, que el encargado del Gran París, Christian Blanc, había pagado 12.000 euros en tabacos, y que el responsable de Cooperación, Alain Joyanet, había girado 116.000 euros por un viaje a la isla caribeña de Martinica para tomar parte en una conferencia.

Para rematar, a Sarkozy le llueve agua sucia de lado y lado. Martine Aubry, primera secretaria de la oposición socialista, le critica el silencio. Y Marine Le Pen, hija de Jean-Marie Le Pen y representante de la ultraderecha xenófoba, ha subido siete puntos en las encuestas y roza el 20 por ciento de popularidad. Entre tanto, la opinión negativa sobre el Presidente supera ya el 64 por ciento, de acuerdo con un sondeo de L'Express.

No es la primera vez que el nombre de Liliane Bettencourt sale a relucir en un escándalo en los últimos meses. La multimillonaria se ha visto además envuelta en un rifirrafe mayúsculo con su única hija, Françoise Meyers-Bettencourt, que la acusa de haberle quitado parte de su herencia luego de que Liliane le regaló nada menos que 1.300 millones de euros (cerca de 1.600 millones de dólares) a un fotógrafo amigo que se llama François-Marie Banier. Al parecer, Liliane ha contratado dos seguros de vida a favor de su amigo y le ha donado cuadros de Matisse y Picasso, entre otros.

La disputa ha alcanzado niveles de telenovela. Desde 2007, cuando Françoise Meyers-Bettencourt demandó a Banier por supuesto aprovechamiento de una persona débil física y psíquicamente, la hija no se habla con la madre, y a la madre le importa un pito el embrollo. Como dice Jean-Marie Colombani, el director del prestigioso diario parisino Le Monde, semejante historia "la habría apreciado mucho Honorato de Balzac".

A Liliane no le es extraño el mundo de los escándalos. Huérfana de madre a los cinco años, creció muy apegada a su padre, Eugène Schueller, el creador de los tintes modernos para teñir el pelo y de la firma L'Oréal, un auténtico imperio de los cosméticos. Poco después, se vinculó a un grupo violento de ultraderecha y le tomó varios años limpiar su imagen. Casada con el dirigente político André Bettencourt, enviudó en 2007 y al año siguiente se vio envuelta en otra movida financiera cuando cayó entre las víctimas de la pirámide financiera de Bernard Madoff en Nueva York. Ahora está metida en otro asunto. Un asunto gris, que no aclara por mucho maquillaje que se le ponga.

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