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| 7/6/1992 12:00:00 AM

Nuevo Desorden

Las guerras civiles son la herencia de la caída de la URSS. Aquí están las potencialmente más graves.

MIJAIL GORBACHOV LO advirtió cuando la disolución de la Unión Sovietica era una posibilidad, pero muy pocos de sus conciudadanos le creyeron. Hoy, sin embargo, el caos parece avanzar sin que haya un mecanismo internacional capaz de detenerlo.
NAGORNO-KARABAGH
Atrapados en un cruce de caminos imperiales, los armenios cristianos y los musulmanes azeríes han convivido difícilmente. En medio del caos de la revolución rusa, ambos pueblos disfrutaron de una independencia efímera, e incluso se unieron para formar parte de una Federación Transcaucasiana, que sólo duró un año, hasta 1918. En 1920 Armenia y el Azerbaiyán "ruso" cayeron bajo dominio comunista y se incorporaron a la URSS. En 1923 para aplacar las iras de la vecina Turquía, el régimen de Moscú concedió a Azerbaiyán (emparentado con ella por cultura, lenguaje y religión) el enclave de Nagorno-Karabagh.
Este era el sector más oriental de asentamiento armenio y cristiano, pero quedó bajo control administrativo de los azeríes. Al caer el comunismo resurgieron las fricciones. En el invierno de 1987, miles de armenios manifestaron en Nagorno para pedir su unión con Armenia, pero cuando el presidente Gorbachov no lo concedió, se recrudeció la violencia. En diciembre pasado los armenios, que son la gran mayoría de los 105 mil habitantes de Nagorno, llevaron a cabo un plebiscito en el que se manifestaron a favor de la unión con Armenia y boicotearon el plebiscito que Azerbaiyán llevó a cabo para su propia secesión de Rusia.
En las últimas semanas, los armenios -que afirman luchar para defenderse de su expulsión de su enclave- han logrado sacar a los últimos azeríes de Nagorno y constituir un corredor que une a esa región con Armenia, mientras bombardean áreas fronterizas de Nachikevan, enclave azerí. Esos desarrollos han inflamado los sentimientos de los turcos, quienes presionan porque su país intervenga a favor de sus hermanos azeríes. Irán, la antigua Persia, tiene en su territorio una parte del antiguo Azerbayán y por lo tanto interés en ejercer su influencia en la región. La preparación de una conferencia de paz se inició el primero de junio en Roma, con participación de 11 delegaciones nacionales.
MOLDAVIA
Otro conflicto que podría internacionalizarse es el de Moldavia, que quiere unificarse con su "hermana" Rumania. Tras la guerra ruso-turca de 1816, Moldavia oriental, conocida entonces como Besarabia-, entre los ríos Prut y Dniéster fue cedida a Rusia, mientras la Moldavia rumana siguió bajo el Imperio Otomano. En 1858 Moldavia rumana y Valaquia fueron unidos para constituir el principado de Rumania y en 1878 ésta logró su independencia. En 1917 los rumanos de Besarabia declararon una república moldova que se unificó al año siguiente con Rumania. En 1940 la Unión Soviética exigió la devolución de Besarabia y sus tropas la ocuparon. Tras la Segunda Guerra Mundial se formó la República Soviética de Moldavia, con inclusión de Besarabia, poblada en el 70 por ciento de rusos y ucranianos y en el 20 por rumanos.
Con la caída del comunismo, Moldavia no ha ocultado su deseo de reunificarse con Rumania, lo que es resistido por los rusos y ucranianos que forman el 90 por ciento de los 700 mil habitantes que viven en la ribera oriental del Dniéster, donde han proclamado una "república independiente".
El conflicto podría involucrar a Ucrania, Rumania y Rusia. Las tensiones crecieron a partir de finales de mayo, cuando contingentes blindados del 14 Ejército, bajo control ruso, tomó posiciones frente a la ribera oeste. El presidente moldavo, Mircea Snegur, acusó al ejército de alinearse con los secesionistas, llamó a "todos los ciudadanos moldavos a repeler la agresión". La resistencia de ucranianos y rusos en Moldavia ha encendido la solidaridad hablante y ya hay miles de cosacos, y ultranacionalistas en trincheras a lo largo del Dniéster para defender a sus "hermanos" contra los "rumanos".
El gobierno moldavo enfrenta también la rebelión de los gagauzos, una minoría de origen turco que habita en el sur y que demanda también la independencia del Kishinio.
LA CUESTION GEORGIANA
En Georgia una guerra civil enfrenta al gobierno con los partidarios del depuesto presidente Zviad Gamsajurdia, quien después de ser expulsado a sangre y fuego de Tblisi, se hizo fuerte en el sector occidental del país. Desde allí se dirige la campaña contra el nuevo presidente del Consejo de Estado, el antiguo canciller de la URSS Eduard Shevardnadze.
El viejo amigo de Gorbachov deberá terminar la guerra civil y resolver el "problema nacional", las demandas de independencia de Osetia del Sur (que quiere integrarse con Osetia del Norte, que forma parte de Rusia) y de las regiones autónomas Abjasia y Adzharia. Osetia del Sur, con cuatro mil kilómetros cuadrados y 100 mil habitantes, se declaró república en 1990, lo que dio lugar a una confrontación que ha producido centenares de muertos y miles de refugiados.
LA CRIMEA
Los conflictos anteriores forman los puntos más calientes de la antigua URSS. Pero hay otros. En Tajikistán hay una paz precaria entre facciones rivales. Azerbaiyán sufre también una disputa interna entre los comunistas y el Frente Popular. El futuro de Tataria y Chechenia, regiones secesionistas, está lejos de aclararse. Y el más peligroso está en Crimea, la península sobre el mar Negro.
Crimea había sido tradicionalmente rusa, pero en 1954 Nikita Khruschev la "cedió" a Ucrania, lo que ahora es rechazado por los rusos étnicos. El Parlamento de Crimea cedió a las presiones ucranianas y retiró su declaración de independencia, hecha con la intención de unirse a Rusia. Pero su homólogo moscovita agitó el avispero al declarar de inmediato que la cesión de 1954 era ilegal e inválida. La pregunta es si Crimea continuará con sus planes de realizar un plebiscito de independencia el 2 de agosto. El gobierno de Ucrania ha dicho que impedirá ese plebiscito, pero hay nacionalistas rusos como el vicepresidente Aleksandr Rutskoi que han proclamado su solidaridad con sus paisanos de Crimea.

Sangre en Bosnia
NINGUNA DE LAS GUErras que atraviesan a la URSS o flamean en Africa, despiertan como la de Yugoslavia tantas críticas al Nuevo Orden Mundial proclamado tras el conflicto del Golfo. Se trata del destino de Bosnia-Herzegovina, admitida como miembro de ONU a pesar de estar ocupada por irregulares serbios con el apoyo del ejército yugoslavo. El coro abarca a todos los extremos ideológicos, desde la derechista ex embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Jeanne Kirkpatrick, hasta el columnista liberal del New Yok Times, Anthony Lewis.
Lewis escribió que "Cuando Bush llevó a este país y a otros a la guerra del golfo, actuó en nombre de un Nuevo Orden MundiaL Esta no fue sólo una guerra por el petróleo, dijo, sino el comienzo de una era en la que la agresión contra los débiles no se toleraría en ninguna parte". Refiriéndose al caso de Bosnia, desangrada casi inerme por los serbios para impedir su independencia, dice el comentarista "Qué cínica suena hoy la promesa de Bush". Esa impresión se fortaleció después, cuando la vocera del Departamento de Estado dijo que ningún interés norteamericano justificaba la intervención.
Entre tanto el canciller de Bosnia, clamando por protección contra los aviones yugoslavos, lo resumió todo cuando dijo "Somos gente real también".
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