Martes, 24 de enero de 2017

| 2006/03/18 00:00

Nunca más

El viernes se conmemoran los 30 años del comienzo de la dictadura argentina, que completó el bloque de la infamia que afectó durante años al cono sur del continente.

La junta militar argentina estaba compuesta por el almirante Emilio Massera, el general del Ejército Jorge Rafael Videla y el general de aviación Orlando Agosti. Ellos derrocaron a la presidenta María Estela (Isabelita) Martínez de Perón, viuda del general Juan Domingo Perón. Tras la figura de la presidenta estaba el oscuro José López Rega, llamado ‘El brujo’

En un museo del barrio de la Recoleta, en Buenos Aires, una mesa de madera con cables colgados recuerda cuando miles de jóvenes izquierdistas, melenudos y soñadores, fueron tendidos sobre mesas, atados con cables y torturados con descargas eléctricas para luego ser arrojados medio dormidos desde aviones en el Río de la Plata o ser fusilados y enterrados como NN en algún cementerio.

Este 24 de marzo, cuando se cumplan 30 años del comienzo de la dictadura en Argentina, una marcha multitudinaria recorrerá Buenos Aires al grito de "Nunca más". En los colegios, las maestras hablarán de ese día, en los museos se harán exposiciones, en el barrio de la Boca se colocarán placas con los nombres de los vecinos desaparecidos, en las fábricas se homenajeará a los asesinados, al tiempo que el gobierno declaró feriado nacional para que el horror quede grabado en la memoria colectiva como un tatuaje.

Ese 24 de marzo, el radio colgaba en la pared de la cocina y María, una de tantas madres, recuerda cuando dieron la noticia de que la presidente María Estela Martínez, viuda de Juan Domingo Perón, había sido depuesta por una junta militar encabezada por el general Jorge Rafael Videla. Un escalofrío recorrió su espalda al pensar en su hijo de 17 años. El muchacho sobrevivió a la dictadura milagrosamente, pues se aburrió de esperar en una esquina a sus amigos: minutos antes habían sido apresados y nunca aparecieron.
 
Nadie simpatizaba con la viuda del general, una ex bailarina, ni con su brujo consejero, José López Rega: los de izquierda, porque sabían que el brujo era el fundador de la banda paramilitar Triple A, la primera de su tipo en el continente, los de derecha, porque acusaban a Isabel del desorden y la anarquía, y de su impotencia para frenar las acciones de los grupos guerrilleros Montoneros y ERP. Por eso, al saber de su caída, muchos respiraron aliviados, creyendo que el orden volvería al país. Pero para miles de familias comenzaba una época desgarradora.

Los organismos de derechos humanos calculan que unas 30.000 personas murieron por la dictadura. Una de ellas fue Laura, estudiante de historia de la Universidad de La Plata, secuestrada en 1977. Su madre tejió los mitones para el bebé que su hija esperaba, hasta cuando supo que Laura había sido asesinada. Desde entonces, Estela Carlotto busca a su nieto y es titular de las Abuelas de Plaza de Mayo, organización que ha recuperado 82 de los más de 500 bebés robados por los militares.

No sólo desaparecieron jóvenes de izquierda, también madres, como Azucena Villaflor, la fundadora de las Madres de Plaza de Mayo, diplomáticas como Elena Holmberg, extranjeros como las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Dumont.

La dictadura causó estragos en un país donde la clase media tenía un nivel de vida casi europeo. La deuda externa pasó de 8.000 millones de dólares a 124.332 millones; la deuda externa per cápita saltó de 320 dólares a 3.406; la pobreza pegó el brinco de 3,2 por ciento a 38,5 por ciento, y la brecha entre el 10 por ciento más rico y el 10 por ciento más pobre se amplió de 7,5 veces a 32,1 veces.

El analista Rosendo Fraga, consultado por SEMANA, recordó que el de 1976 fue el sexto golpe exitoso en menos de 43 años. Por eso,"el golpe era una situación común", a lo que se suma que en ese momento "los militares llevaban 10 años gobernando Brasil; Pinochet hacía dos y medio que lo hacía en Chile; en Uruguay, los militares lo estaban ejerciendo de hecho, Bolivia llevaba cuatro años de gobierno militar; Perú, ocho; Ecuador también tenía un gobierno militar, y en Paraguay, el general Stroessner ya había cumplido dos décadas". Pero la dictadura argentina consumó la coordinación entre los gobiernos militares, que asumió el título de Plan Cóndor, un plan para detener, torturar, secuestrar y asesinar opositores izquierdistas bajo la complaciente y participativa mirada de Henry Kissinger, secretario de Estado de Estados Unidos.

Casi desde el comienzo de las desapariciones, un grupo de madres se instaló en la Plaza de Mayo para desafiar a los dictadores. Con el pasar de los años, la resistencia fue creciendo hasta que, tras la aventura militar en las Malvinas en 1982, la dictadura llegó a su fin y tras ella cayeron sus regímenes hermanos en Uruguay, Brasil, Paraguay, Chile y Bolivia.

En 1985 los líderes militares fueron juzgados y condenados. Pero tras una serie de sublevaciones militares, los gobiernos de Raúl Alfonsín y de Carlos Menem frenaron los juicios e indultaron a los generales. Sin embargo en los últimos años los principales responsables han sido detenidos y durante el gobierno de Néstor Kirchner se han reabierto los procesos.

Mirta Baravalle, de las Madres de Plaza de Mayo, que perdió a su hija Ana María, embarazada de cinco meses, y que desde entonces busca a su nieto, dijo a SEMANA que "esta larga lucha ha servido para instalar la memoria de lo que pasó, para que la posteridad sepa lo que significa, porque el recuerdo no sólo pertenece a los familiares, sino a toda la población".

Por las rendijas de las persianas de su apartamento, en el barrio de Belgrano, Jorge Rafael Videla, octogenario, mira cómo la vida transcurre sin él, condenado en arresto domiciliario por 66 asesinatos, 306 secuestros, 93 casos de tortura, 26 robos y sustracción y apropiación de menores. Afuera, miles de personas marcharán para que esa historia nunca regrese.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.