Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 3/14/2009 12:00:00 AM

‘O colosso’

La reunión del presidente Luiz Inacio Lula da Silva con Barack Obama confirma a Brasil como el interlocutor latinoamericano de las grandes potencias.

"Por favor, llámame Barack", dijo en un momento de la conversación el recién posesionado presidente de Estados Unidos. "Bueno, pero entonces espero que me llames Lula", replicó su homólogo brasileño. La llamada tuvo lugar en enero, y fue una de las primeras del popular inquilino de la Casa Blanca a mandatarios extranjeros.Su interlocutor fue también el primer gobernante latinoamericano en ser recibido en Washington. Son pocos los que pueden hablarle 'de tú a tú' al llamado "líder del mundo libre" y, gracias al estatus de Brasil como un poder emergente, Luiz Inacio Lula da Silva es uno de ellos.

El Presidente brasileño se propone "cambiar la geografía política y económica del mundo" antes de dejar el poder, según le dijo hace unos meses a la revista Time. Sus palabras suenan grandilocuentes, pero reflejan lo ambicioso de la diplomacia brasileña, que en los últimos tiempos ha dejado su huella. En un mundo en reacomodo, Brasil es un jugador global.

Basta con dar un vistazo a la apretada agenda de Lula en la semana que pasó. Antes de viajar a Estados Unidos para reunirse con Obama y participar en un foro económico el brasileño ya había recibido las visitas del príncipe Carlos, heredero de la corona británica; del ex mandatario chileno Eduardo Frei, candidato a repetir en las elecciones de finales de año; y del presidente uruguayo, Tabaré Vásquez.

Lula es un invitado de lujo en los grandes foros, como la próxima cumbre del G20 en Gran Bretaña para discutir la crisis económica mundial. Brasil pone la primera letra del acrónimo Bric, que lo agrupa junto a otros tres grandes poderes emergentes: Rusia, India y China. También comparte una tríada de cooperación sur-sur con India y Sudáfrica, y al lado de Alemania, Japón e India ha creado el grupo de los cuatro países que demandan un asiento permanente en el consejo de seguridad de las Naciones Unidas en la eventualidad de una postergada reforma. También tiene una marcada presencia en África y fue denominado por la Unión Europea como su aliado estratégico.

En la región Lula ha tenido avances y retrocesos. El "hermano mayor", como suele llamarlo el presidente boliviano Evo Morales, no ha podido resolver del todo sus diferencias comerciales con Argentina, ni ha logrado tener una relación fluida con Uruguay y Paraguay, los dos socios pequeños en el Mercosur. También le ha resultado muy difícil moderar al presidente venezolano Hugo Chávez y ha chocado de frente con el ecuatoriano Rafael Correa por el incumplimiento de un firma brasileña encargada de construir una represa en ese país.

Pero Brasilia ha estado detrás de iniciativas como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), o el Consejo de Defensa Suramericano y ha demostrado que tiene la voz cantante en momentos clave como la crisis boliviana del año pasado. El estilo brasileño, en contraste con el de Chávez, se caracteriza por enviar sus mensajes con prudencia, sin que eso los haga menos contundentes. El acuerdo militar que firmó hace unos días con Colombia para monitorear conjuntamente la frontera, por ejemplo, es interpretado como una crítica a la ambigua postura de Venezuela y Ecuador frente a la lucha contra las Farc.

El gigante suramericano, en los últimos tiempos, parece haberse convertido en la voz de Latinoamérica en la escena mundial. "El rápido aumento de la influencia regional y global de Brasil representa un cambio crucial en los asuntos interamericanos", reconoce 'Diálogo Interamericano' en su informe anual, publicado esta semana. En el documento cataloga cooperar con Brasil como uno de los 10 grandes retos de la política exterior de Estados Unidos en el hemisferio. Según el informe, "los dos países están en desacuerdo en varios asuntos de políticas, y Brasil aboga por nuevos arreglos institucionales que presagian un reducido papel de Estados Unidos en la región", pero deben cooperar en áreas vitales como el cambio climático, el desarrollo de la energía y las negociaciones sobre el comercio mundial.

El ascenso brasileño se ha visto ayudado por el mal momento de sus posibles 'competidores' en la región. "Por un lado, México está atravesado por una crisis fenomenal y Argentina ha dejado de tener gravitación significativa en América del Sur", explicó a SEMANA desde Buenos Aires el internacionalista Juan Gabriel Tokatlián. "Brasil se encuentra en el mejor de los mundos posibles: larga tradición de buenos vínculos con Estados Unidos, se ha convertido en un poder emergente y los poderes alternativos de la región hoy son poderes muy marchitados en su influencia".

En ese contexto, Lula se perfila como un aliado estratégico muy valioso para Barack Obama. No en vano, Celso Amorin, el canciller brasileño, ha comparado en varias entrevistas la asombrosa trayectoria del primer afroamericano en la Casa Blanca con la de su jefe, el ex obrero metalúrgico que llegó al palacio presidencial de Planalto.

Obama parece reconocer el estatus del gigante suramericano y se ha comprometido a trabajar en coordinación directa con Brasil sus posiciones de cara a la crisis financiera y la reunión del G 20. Lula, por su parte, ha dicho que pedirá a Washington replantear las relaciones con una mirada "desarrollista" de América Latina que trascienda los temas de narcotráfico y crimen organizado.

Pero también hay gran expectativa por el papel de Brasil en dos temas más concretos, las relaciones de Washington con sus enemigos declarados en el hemisferio: la Cuba castrista y la Venezuela de Hugo Chávez. Brasil ha tenido una posición solidaria con La Habana y hasta cierto punto también con Caracas, explicó a SEMANA José Álvaro Moisés, politólogo de la Universidad de São Paulo. Se espera que Lula presione levantar el bloqueo a la isla y porque Washington tenga una mirada menos hostil hacia Venezuela. El propio Chávez ha avalado la 'mediación' brasileña. "Pero el problema no es tanto la actitud de Estados Unidos hacía Venezuela sino de las hostilidades de Chávez hacía los norteamericanos. Lula no tiene la capacidad de cambiar el pensamiento de Chávez", opina Moisés.

El manejo de la economía ha sido uno de los grandes éxitos de Lula y, por primera vez, más de la mitad de los brasileños pertenece a la clase media. Pero nadie está a salvo de la crisis mundial. Algunos estudios aseguran que Brasil podría ser la única economía emergente capaz de evitar la recesión. Sin embargo, esta semana fueron revelados los peores datos de crecimiento desde los 90 y algunas proyecciones apuntan a una contracción de casi 2 puntos porcentuales. El gobierno, que había negado el impacto, admite que el crecimiento en 2009 podría ser cercano a cero.

Pero el auge diplomático parece capaz de sobrevivir. "Brasil desde hace mucho tiempo tiene una estrategia internacional. La tuvo antes de la llegada de Lula y eso va a continuar, con los problemas que pueda llegar a tener su economía, -afirma Tokatlián-. Brasil tiene la única cancillería de grado triple A en América Latina". El camino trazado es que Brasil deje de ser un poder regional para ser un poder global. Con el coletazo de la crisis se pondrá a prueba si, como ha dicho Lula con ocasión de los recientes hallazgos petroleros, Dios es brasileño.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1844

PORTADA

Francisco superstar

La esperada visita del papa a Colombia tiene tres dimensiones: una religiosa, una política y otra social. ¿Qué puede esperarse de la peregrinación del sumo pontífice?