10 noviembre 2012

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Obama y Estados Unidos: ganó el futuro

ESTADOS UNIDOSCon Obama triunfó el país del siglo XXI: multicolor, moderno y tolerante. Pero también se profundizaron las divisiones. Si el presidente quiere pasar a la historia, tendrá que buscar consensos vitales para la nación.

Obama y Estados Unidos: ganó el futuro.

Foto: AFP

"Es la economía, estúpido". Por meses se asumió que esa frase sería el norte de la campaña presidencial. Pero el martes pasado la función se acabó. Más de 60 millones de ciudadanos reeligieron al demócrata Barack Obama, que contra todos los pronósticos barrió en el Colegio Electoral y se llevó casi
todos los estados indecisos. La gente no solo votó pensando en recortes, deudas, empleos, presupuestos e impuestos. Los negros, los latinos, las mujeres, los homosexuales, los jóvenes castigaron el programa ultraconservador del republicano Mitt Romney y le dieron la victoria a Obama. El país del siglo XXI, diverso, progresista, colorido, urbano y cada vez más numeroso le ganó a la nación blanca, masculina y envejecida, cuyo peso se reduce día a día. Las minorías se volvieron la mayoría y a Romney le tocó entender que ahora "es la demografía, estúpido".

Estados Unidos salió de estas elecciones como un país más liberal, más abierto, más moderno. Pero también más dividido, con dos hemisferios que coexisten sin comunicarse. Aunque como dijo el propio Obama el viernes, de eso también se trata la democracia y las partes tienen que resolver sus diferencias, pues el país necesita acuerdos vitales para enfrentar retos urgentes.

Los estrategas del presidente reelecto sabían que la economía era un lastre y por eso le apostaron a construir una coalición de minorías. En otras palabras, pensaron que la demografía le podía ganar a la crisis. La primera parte de la estrategia fue conseguir toneladas de dinero, y Obama recaudó 1.000 millones de dólares, un récord histórico. Invirtieron en una base de datos ultrasofisticada que se convirtió en un oráculo. Así identificaron qué poblaciones tenían las llaves de la victoria. Con precisión quirúrgica, bombardearon de publicidad ciertos canales, ciertos horarios, ciertas regiones para conquistar sus objetivos con certeza.

En la segunda parte del plan, Obama mandó mensajes hechos a la medida de los votantes claves. Para los estudiantes ofreció aumentar las becas y congelar los intereses de sus préstamos. Para las mujeres firmó una ley antidiscriminación laboral y Michelle Obama dijo que "somos más que capaces de decidir sobre nuestros cuerpos y nuestra salud. Eso es lo que cree mi esposo". A los latinos les prometió una reforma migratoria. A los homosexuales les propuso legalizar el matrimonio y se comprometió con que no los excluyeran del ejército por su orientación sexual.

El martes pasado esos fueron los votos que le dieron la mayoría. Se llevó 93 por ciento de los votos afro, 71 por ciento de los latinos, 73 por ciento de los asiáticos, 55 por ciento de las mujeres y 60 por ciento de los jóvenes. Esas poblaciones, que ya habían votado por Obama en 2008, tienen un peso cada vez más grande. Mientras el voto blanco bajó en cuatro años del 74 al 72 por ciento del total, el de los latinos pasó del 9 al 10 por ciento, el de los asiáticos del 2,5 al 3 por ciento, el de las mujeres del 53 al 54 por ciento y el de los menores de 30 años del 18 al 19 por ciento. Como le dijo a SEMANA Louis DeSipio, investigador en estudios hispánicos de la Universidad de California, "en una carrera muy apretada, las minorías, y los latinos en particular, eran críticos para una victoria demócrata en estados indecisos como Florida, Colorado, Nevada, y Virginia. Reconfiguraron la política y la coalición demócrata".

El harakiri de Mitt

Para rematar, Romney le dejó a Obama las cosas fáciles. En vez de conquistar a los electores del futuro, se encerró en el voto masculino, blanco y conservador del pasado. Bajo la influencia de los radicales del Tea Party, Romney pasó de ser moderado a ser el adalid de la ultraderecha. Escogió a Paul Ryan, uno de los republicanos más rígidos, como vicepresidente. Y las posiciones extremas, no solo en materia económica, fueron la espina dorsal de su programa. Sugirió que los indocumentados se "autodeportaran", quería construir un muro más largo y más alto en la frontera con México, propuso recortar programas de planificación familiar, acabar con los subsidios a contraceptivos, dijo que el matrimonio solo puede ser entre un hombre y una mujer.

Esa fue una estrategia suicida. Si bien cerca de 89 por ciento de los blancos votaron por Romney, se le olvidó que el año pasado por primera vez nacieron menos bebés de padres blancos que del resto, que cada mes 50.000 latinos cumplen 18 años y que para 2020 uno de cada tres electores será negro, latino o asiático. Como le dijo a SEMANA Rogelio Sáenz, decano de la facultad de Política Pública en la Universidad de Texas, "es muy obvio que el país está mutando y que el futuro de Estados Unidos está muy ligado a su población latina. Ese es el motor del cambio".

Por eso el partido republicano tiene que dar un viraje, pues su supervivencia está en juego. El martes el comentarista político ultraconservador Bill O'Reilly dijo que "el establecimiento blanco es ahora la minoría. La demografía está cambiando, ya no son los Estados Unidos tradicionales". Al Cárdenas, exdirector de los republicanos de Florida añadió que "nuestro partido tiene que darse cuenta de que es demasiado viejo, demasiado blanco, demasiado masculino. Se tiene que poner al día con la demografía antes de que sea tarde".

Este año los republicanos sacaron 1 millón menos de sufragios que en 2008. En cinco de las últimas seis presidenciales perdieron en el voto popular. Y para 2016, según un cálculo del diario Washington Post, solo pueden aspirar a un máximo de 292 delegados en el Colegio Electoral. Es una locura cuando se sabe que se necesitan 270 votos electorales para llegar a la Presidencia. Tendrían que hacer una campaña perfecta. Lo más increíble de todo es que algunos extremistas están culpando a Romney de la derrota por no haber sido lo suficientemente conservador.

Lo peor es que esa ceguera de ciertos republicanos no es solo demográfica, sino que el martes algunos estados aprobaron el matrimonio homosexual y la legalización de la marihuana (ver recuadro), dejando claro que después de varios años de lucha, el progresismo avanza.

También es claro que a pesar de la guerra de los republicanos contra el intervencionismo de Obama, los ciudadanos validaron sus políticas. Reeligieron el Obamacare, la megarreforma al sistema de la salud que permitirá que 45 millones de estadounidenses queden por fin asegurados. Reeligieron, y eso fue clave en el estado de Ohio, el rescate a la industria automotriz. Reeligieron la manera como Obama reestructuró la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias (Fema) que fue decisiva en la atención a la tormenta Sandy.

Un consenso obligatorio

Pero no hay que equivocarse. Puede que Obama le haya sacado a Romney más de 100 votos en el Colegio Electoral y que le haya ganado en nueve de los diez estados indecisos. Pero en el voto popular solo le sacó dos puntos porcentuales de diferencia. Obama salió reelegido con menos sufragios que hace cuatro años, algo que no le pasaba a un presidente en ejercicio desde hacía más de 100 años. Además, la Cámara de Representantes siguió bajo control de los republicanos y el Senado de los demócratas. Así que los equilibrios fundamentales no cambiaron pero las divisiones simplemente se profundizaron.

El problema es que Estados Unidos tiene retos inminentes, que necesitan una respuesta bipartidista. En su discurso de celebración, el presidente Obama dijo que "en las próximas semanas y meses quiero trabajar con los líderes de ambos partidos para enfrentar los desafíos que solo podemos resolver juntos". Romney también señaló que "en un momento como este, no podemos arriesgarnos con disputas partidistas".

Y es que Estados Unidos está al borde del "abismo fiscal". Los partidos tienen hasta el 31 de enero de 2012 para ponerse de acuerdo sobre el control de la deuda pública que alcanza 16 billones de dólares. De lo contrario, y de forma automática, se pondrán en marcha unas leyes que recortan el gasto federal y aumentan los impuestos. Eso sería un desastre. Los economistas predicen que la recesión volvería a Estados Unidos y el desempleo se dispararía. Según le dijo a SEMANA Cary Covington, politólogo de la Universidad de Iowa, "la única solución a nuestros problemas es la transacción. Los partidos van a tener que bajarle a la retórica, y ser pragmáticos. No queda de otra".

Obama lo sabe. Aunque conquistó a los ciudadanos del futuro, para pasar a la historia tiene que resolver las divisiones y los problemas del presente. Como exclamó en Chicago el martes en la noche: "En un país de 300 millones, la democracia puede ser ruidosa, caótica, complicada. Tenemos opiniones distintas. Cada uno tiene sus convicciones. Y cuando atravesamos tiempos difíciles, cuando tomamos grandes decisiones como país, es inevitable que se agiten las pasiones y surjan controversias. Eso no va a cambiar de la noche a la mañana, ni tiene por qué. Estos debates que tenemos son una seña de nuestra libertad".
 
Marihuana, amor y libertad
 
Los estadounidenses no solo votaron por Obama. También aprobaron leyes progresistas que le dan un giro liberal al país.
 
El miércoles en la mañana, Estados Unidos se despertó como un país más diverso, más liberal y más tolerante. Los ciudadanos no solo elegían presidente, también votaron por senadores, congresistas y varios referendos. En muchos estados los resultados hicieron avanzar la causa progresista.

En Seattle, la gente no solo salió a celebrar la victoria de Obama. Más de 1.000 personas se reunieron a festejar la legalización del matrimonio homosexual en el estado de Washington. “74,74” gritaban, refiriéndose al referéndum 74, que preguntaba si se aprobaba o no el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Maryland y Maine también apoyaron la medida y Minnesota votó contra la prohibición del matrimonio gay. Aunque otros seis ya lo han aprobado, sí son los primeros en que el voto popular impone la decisión.

La legalización de la marihuana triunfó en Colorado y Washington. Aprobaron el uso recreativo de la droga para mayores de 21 años, aunque a nivel federal sigue siendo ilegal. En Massachusetts se votó a favor del consumo medicinal de la marihuana, dando un paso contra la estigmatización de la hierba. Toda una revolución en el país que se inventó la guerra contra las drogas.

Otros estados también apoyaron medidas progresistas, como en Florida, donde los ciudadanos rechazaron la restricción al aborto. Maryland también aprobó el Dream Act, una ley que le da la residencia a los jóvenes indocumentados que hayan estudiado el bachillerato o la universidad en Estados Unidos.

“Soy muy consciente de que tendré el honor de ser la primera senadora mujer de Wisconsin” dijo en su discurso de victoria la demócrata Tammy Baldwin y completó “soy plenamente consciente de que seré el primer miembro abiertamente homosexual del Senado, pero no estoy aquí para hacer historia sino para marcar la diferencia”. Sin duda su triunfo es histórico, así como en New Hampshire lo es la victoria de una gobernadora y de una delegación federal absolutamente femenina. En la Cámara de Representantes no solo abundarán las mujeres sino que 13 de ellas son afroamericanas, nueve latinas y seis asiáticas. Además, dos son veteranas de guerra. Todo un récord.
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