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| 12/18/2010 12:00:00 AM

Obama en la mala

Para el Presidente norteamericano 2010 fue fatal. Cinco ejemplos de la forma como los republicanos le hicieron la vida imposible.

Este año será recordado como el del resurgimiento del conservatismo en Estados Unidos, a pesar de que en la Casa Blanca hay un presidente demócrata: Barack Obama. Dentro de ese conservatismo, sin embargo, ha habido brotes radicales y extremistas. SEMANA presenta cinco ejemplos.

1. El 2 de noviembre y el Tea Party

Las elecciones legislativas del 2 de noviembre demostraron el giro a la derecha y el descontento con el presidente Obama. Los resultados permitieron que la oposición republicana capturara 60 escaños en la Cámara de Representantes, con lo cual ocupará, a partir de enero, 239 de las 435 curules. El presidente será el conservador John Boehner, en reemplazo de la demócrata Nancy Pelosi.

El otro fenómeno de noviembre fue el Tea Party (Partido del Té), un grupo radical derechista que mira de reojo a los inmigrantes, no cree en el calentamiento global, se declara aislacionista, considera pecado el alza de los impuestos y piensa que Estados Unidos es el salvador del planeta. Fundado en enero de 2009 con un nombre que recuerda a la Revuelta del Té en Boston en 1773, el Tea Party admira a la ex candidata a la Vicepresidencia Sarah Palin y al comentarista de radio Glenn Beck. En los comicios, dos de sus miembros salieron al Senado: Rand Paul, de Kentucky, y Marco Rubio, de Florida, a quien han llamado el "Obama de los republicanos".

La gran pregunta es si el Tea Party, financiado por multimillonarios neoyorkinos como David Koch y cuyos integrantes se declaran en un 80 por ciento republicanos, será capaz de unir a la derecha y vencer a Obama en las presidenciales de 2012. Muchos temen que su extremismo aleje a los más moderados y a los más pobres, que son los afectados por su negativa, por ejemplo, a la reforma de salud impulsada por Obama.

2. La ley de Arizona

El 23 de abril, una decisión de Arizona desató una tormenta nacional e internacional. Ese día, la gobernadora republicana Jan Brewer (foto) firmó la ley SB1070, por la cual se tomaron medidas contra los inmigrantes. Según la norma, los extranjeros deben portar en las calles sus documentos de identidad y sus contratos de trabajo, so pena de ser multados hasta con 5.000 dólares y, en caso extremo, expulsados del país. Pero no solo eso: la ley obliga a los policías a interrogar a los sospechosos y sanciona a los ciudadanos que auxilien a los inmigrantes sin papeles.

La norma generó el rechazo del presidente Barack Obama, que la calificó de "equivocada", y forzó al secretario de Justicia Eric Holder a demandar su constitucionalidad ante la Corte Suprema. El presidente mexicano, Felipe Calderón, también puso el grito en el cielo. Los hispanos se echaron a las calles en 80 ciudades y boicotearon actos públicos. Lo grave, sin embargo, es que más del 50 por ciento de los ciudadanos a nivel nacional vieron la ley con buenos ojos, según una encuesta del diario The New York Times.

3. La mezquita y el Corán
 
 Entre las muestras más palpables de la reacción conservadora en el último año estuvo el proyecto de construcción de una mezquita a dos cuadras de la Zona Cero en Manhattan. La idea es edificar un centro cívico islámico de 15 pisos que incluirá un auditorio para 500 personas.

Las reacciones fueron virulentas. "Sería una profanación equivalente a hacerles un monumento a los japoneses en Pearl Harbor", dijo Rudolph Giuliani, quien era el alcalde republicano de Nueva York en la fecha del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001. Hubo voces en sentido contrario. Una de ellas fue la del presidente Barack Obama, para quien "los musulmanes, como todos los ciudadanos de este país, tienen derecho en este país a manifestar su fe y a construir donde quieran sus centros de oración".

En septiembre, Obama también tuvo que intervenir para que Terry Jones (foto)un pastor cristiano de Ganiesville (Florida), no quemara, como había anunciado, ejemplares del Corán el día 11 de ese mes. El Presidente se pronunció mediante su portavoz Robert Gibbs para que Jones no se saliera con la suya en una iniciativa intolerante que atrajo la atención de todo el mundo.

4. Golpear a Obama, revivir a Bush

Desprestigiar a Obama fue uno de los propósitos de la derecha radical. El asunto se centró en acusarlo de ser un islamista encubierto y tuvo tanto éxito que si se teclea en Google "Obama is a Muslim" ("Obama es musulmán"), aparecen más de 20 millones de enlaces. Palin no ha ahorrado esfuerzos en esa dirección. El 4 de noviembre, justo dos años después de que fue elegido el actual mandatario, Palin reenvió por Twitter la foto de un anuncio de carretera según el cual Obama "es un talibán musulmán que ganó ilegalmente las elecciones". Frases similares se pudieron leer en la manifestación que tuvo lugar en agosto en el Mall, la explanada central de Washington, convocada por el Tea Party para protestar contra el gobierno.

En este 2010 también se produjo otro fenómeno: el reencauche del ex presidente George W. Bush. La operación se puso en marcha con unas vallas publicitarias que aparecieron a principios de año en una carretera de Minnesota, en las que se veía la foto de Bush agitando la mano en señal de saludo (foto), con un letrero que decía "Miss Me Yet?" ("¿Te hago falta ya?"). Y se completó justo después de las elecciones de noviembre, cuando el propio Bush lanzó su libro de memorias Decision Points (Puntos de decisión), que ha vendido más de 1,5 millones de ejemplares.

5. La campaña contra la reforma de la salud

La campaña desatada contra la histórica reforma al sistema de salud puso igualmente de relieve la ferocidad de los adversarios del presidente Barack Obama. La reforma, que fue la principal promesa de Obama como candidato, se aprobó en la Navidad de 2009 (foto) y está considerada un hito, pues les dará cobertura en salud a 30 millones de norteamericanos que no tenían un seguro. Hasta ahora, Estados Unidos era la única potencia de Occidente sin ese tipo de sistema sanitario.

La oposición republicana a la nueva legislación fue inmensa. Primero, por los costos: casi 900.000 millones de dólares al año. Y en segundo lugar, porque las compañías aseguradoras, próximas al partido de Reagan y los Bush, se sienten perjudicadas porque se verán en la obligación de proteger mejor a los clientes.

La andanada republicana dio frutos el 13 de diciembre, cuando Henry Hudson, un juez federal de Richmond (Virginia), dictó un fallo por el cual declara que la reforma a la sanidad va contra la Constitución. Según él, el Estado no puede obligar a que los ciudadanos tomen una póliza de seguro, así como tampoco puede obligarlos, según dijo en una audiencia previa, "a comer espárragos".

La suerte de la reforma puede empeorar. Como juez, Hudson fue nombrado por el entonces presidente George W. Bush, y contra la legislación impulsada por Obama penden otras demandas semejantes en estados con mayoría republicana. De momento, las disposiciones siguen vigentes. Para que queden sin efecto, falta, sin embargo, una sentencia de la Corte Suprema de Justicia, para lo cual deben pasar varios meses más.
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