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| 10/23/2012 12:00:00 AM

Obama vs. Romney: los candidatos lo dejaron todo en el tercer asalto

Cuando el tercer debate terminó, lo único que se llevaron a casa los dos candidatos fue su ropa y a sus esposas, lo demás se quedó en el escenario. Por momentos, el escenario en la pequeña ciudad de Boca Ratón fue una arena de gladiadores.

Ni si quiera la imagen de Tagg Romney (hijo del candidato republicano), 26 minutos antes de comenzar el debate, permitía suponer lo que sucedería: su sonrisa nerviosa y su tensa posición corporal hablaban por él. Quizás esta vez las cosas serian diferentes y no tendría ese deseo confesado, que lo acechó durante el segundo debate, de tocar a Barack Obama, el presidente número 44 de los Estados Unidos de América.
 
Dieciséis minutos antes de lo acordado, llegó Michelle, lucia un hermoso vestido negro de fondo gris y un moño negro a la izquierda de su esbelta figura. Un minuto después se presentó la bella Ann Romney, esposa del guerrero republicano, quien se sentó y comenzó a secretear de inmediato con su hijo menor. Después ambas mujeres se vieron pensativas, por momentos nerviosas: Michelle sonreía, mientras Ann permanecía inmutable. Así pasaron 18 largos minutos. La tensión era tal que por momentos incluso parecían no respirar.
 
Dos minutos antes de la hora pactada, lo único que se veía, era una cabeza blanca como el algodón, de espaldas a un público increíblemente inmóvil. Frente a ella, dos sillas vacías. Era la cabeza del viejo Bob Schieffer, moderador del evento. Y esta imagen se mantuvo, hasta que dos minutos después del tiempo pactado, Bob, cortó el silencio, introdujo el evento, mencionó un par de reglas y pidió a los candidatos entrar. De inmediato y en el medio de un sonoro aplauso, el segundo más grande en toda la historia de Boca Ratón y sólo antecedido por el aplauso final, que sería aún mayor, aparecieron los dos candidatos, se acercaron el uno al otro, y se dieron la mano, sonrieron y se dirigieron a sus sillas. Obama escuchaba atento al moderador, mientras Mitt localizaba entre el público a Ann, y le sonreía.

Campañazo inicial
 
La primera pregunta fue sobre Libia y la muerte del embajador americano en el atentado de Benghazi, Cristopher Stevens El primero en hablar fue Romney. Agradeció al público, a la universidad y por último a su contrincante: El presidente. Luego y durante más de dos minutos en que Obama escuchaba atentamente, explicó lo que opinaba. Esta vez y para sorpresa de todos, no enfrentó el tema con decisión como lo había hecho durante el segundo debate, en cambio incluyó en su relato una innecesaria felicitación a su rival, en relación con el manejo de Al Qaeda.
 
Esta alusión sin embargo no pareció conmover a Obama, que, y cuando llegó su turno, arremetió de una manera apresurada. Enumeró cada uno de los logros de su administración en el manejo de las situación en Libia. Comparó la invasión de Bush a Irak, con su estrategia de recurrir a una coalición internacional para sacar a Gaddafi del poder, sin tener que enviar, como si lo hizo Bush, tropas a invadir, lo que hubiera costado la vida, no a cientos sino a miles de soldados americanos.

Hasta ahí, las aguas fluían tranquilas. El público ni parecía estar allí, ni el menor ruido se oía, apenas unas sombras aparecían cuando el moderador era enfocado. Pero y como suele suceder antes de las grandes batallas, unos segundos de calma lo llenaron todo. Entonces Mitt Romney tuvo su segundo turno, esta vez su espada se alzó más fuerte, y quiso dar la primera estocada. Se refirió al tema de Egipto e Irán, y afirmó que el terrorismo seguía siendo la mayor amenaza para Estados Unidos.
 
Pero se concentró demasiado en su ataque, descuidando peligrosamente el escudo, entonces Obama, guerrero experto, contratacó: "Es bueno escuchar que el Gobernador Romney considera ahora a Al Qaeda como el principal enemigo, y no a Rusia como lo dijo hace unos meses". Quizás este era el momento que Tagg requería para hacer realidad su deseo, pero para el momento, el presidente estaba fuera de su alcance, por fortuna para todos. Esta primera herida sin duda afecto a Romney, pero habría más, y tanto él, como su rival venían con una carga suficiente como para continuar un largo combate.
 
Tan brutal fue el ataque, que el moderador tuvo que dar tiempo a Romney para defenderse: "el tema del debate no es atacarme a mí, es fijar y defender una posición", fue el argumento. Nada mal si se tiene en cuenta que esta respuesta hizo ver a su rival un poco pasado de agresividad, algo que tampoco es bien visto por el votante primario.
 
Después de casi 6 minutos en la primera pregunta, el moderador interrumpió y pasó a otro tema.
 
Golpe a golpe

La siguiente cuestión fue alrededor de Siria. Obama fue el primero en responder, para ese momento Romney tenía el rostro colorado y se notaba visiblemente molesto. Esta vez ambos candidatos salieron bien, el republicano evitó la confrontación, como lo haría durante casi toda la noche, y explicó lo que se debería hacer con Siria, también se alineó a la respuesta de Obama en el sentido de que la participación de Estados Unidos tendría que ser consultada con sus aliados, y se aseguró en nombrar a Israel como el primero.
 
Y fue claro al afirmar, "no quiero tropas americanas en el campo de batalla". El guerrero demócrata pareció inquietarse no esperó a que su rival terminara. El gobernador inteligentemente evitó la confrontación y nuevamente reafirmó su idea de que Estados Unidos debía liderar y actuar, pero siempre a través de coalición. Entonces Obama arremetió de nuevo, ahora con más vehemencia: "el gobernador dice que no tiene otras ideas diferentes a las que el Gobierno esta usando, porque lo que pasa y no quiere admitir, es que lo que se esta haciendo, es lo que se debe hacer".
 
Luego vino el tema Egipto y en general la primavera árabe, ambos candidatos escucharon la pregunta. Obama tenía el turno, resaltó en lo importante que fue el movimiento para los jóvenes, cómo el movimiento les dio esperanzas, y extrañamente concentró su respuesta en el tema económico y por ahí empató, hábilmente, con una exposición acerca de lo que su administración había hecho en ese tema, pero en Estados Unidos. Romney de nuevo adhirió a la respuesta del presidente, pero tomó un segundo aire cuando dijo: "para poder ayudar (a Egipto y al medio oriente) tenemos que ser más fuertes (…) crecer nuestra influencia, lo que infelizmente no ha pasado durante los últimos años, en ningún lugar del mundo, tenemos más influencia hoy, que hace cuatro años".

Ahí fue cuando Schieffer repreguntó ¿Cuál es el papel de Estados Unidos hoy en el mundo? Romney, muy seguro, respondió. "Tenemos que defender nuestros principios (…) tenemos que luchar por nuestros principios, aumentar nuestra capacidad militar, aumentar nuestros aliados". Obama, por su parte, enfatizó en que las Alianzas que el país tiene hoy, nunca fueron mejores. Y de nuevo habló de economía: "tenemos que regresar a las manufactureras a nuestra tierra, entrenar a nuestras trabajadores". Enseguida, señaló inmisericordemente al Gobernador, acusándolo de manipular, al "defender a la clase media, cuando en realidad, a lo único que defiende es a personas adineradas de clase alta", luego habló de cómo tampoco le gustaban al gobernador los educadores.
 
Entonces, un preocupado moderador intentó pasar a otro tema, pero un Romney, de buenos modales hasta ese momento, explotó y se hizo con la palabra, detalladamente explicó que en realidad gustaba de los maestros, y mientras Obama intentaba interrumpir, dejó claro que incluso en su estado, Massachusetts, su posición con relación a los educadores había sido la de fortalecerlos.
 
Pero la noche por momentos parecía venirse encima del guerrero rojo (color de los republicanos) y así sucedió cuando, y después de la pregunta de Schieffer, acerca de la propuesta de Romney de ampliar la Marina, éste no respondió y más bien invitó al moderador a dirigirse a su sitio web, y ver cuál era su propuesta para balancear el gasto. Obama no desaprovechó la oportunidad y sentenció: "debió haber respondido la pregunta". Romney intentó defenderse, pero lo único que le salió fue: "yo voy a ser capaz de balancear el gasto". Obama, no contestó, en ese momento estaba embelesado mirando, probablemente, a Michelle dentro de público.
 
La agresividad del demócrata pareció desbordar los limites, cuando y ante una ampliación de 30 segundos otorgada por el moderador con el fin de que los candidatos terminaran de hablar del tema del gasto militar y en general de lo que harían en ese campo, Obama afirmó: "pienso que el gobernador Romney probablemente no ha invertido suficiente tiempo conociendo como funcionan nuestras fuerzas militares". Sorpresivamente Romney prefirió callar.
 
Entonces llegó el tema Israel: "¿Declararán ustedes que un ataque contra Israel es un ataque contra Estados Unidos?", pregunto Bob. Un Romney mucho más convincente ganó este round, al declarar: "y si Israel es atacado, nosotros cuidaremos sus espaldas, no sólo diplomáticamente, no sólo culturalmente, sino militarmente, eso es lo primero".

Guardia arriba
 
En este punto y a pesar de llevar más de una hora en la lucha, los hombres parecían más decididos que nunca, y si hasta ahora Obama era un claro ganador, Romney no se resignaría tan fácil. De hecho, el republicano arremetió, en el que se puede decir fue el mejor de sus ataques durante todo la noche, y justo cuando se hablaba del tema de Irán: "tenemos hoy en día un Irán 4 años más cerca de ser un Irán nuclear". "Francamente (...) parece que usted piensa y hace las mismas cosas que nosotros hacemos, pero las dice más duro, y de alguna manera piensa que eso lo hace diferente", fue la sucinta respuesta de un Obama aporreado en este punto. 
 
Pero Romney estaba decidido a no parar. "Creo que ellos (Irán) vieron debilidad (…) y digo eso porque desde el comienzo, El presidente en su campaña de hace 4 años, dijo que se reuniría con los peores lideres; Chávez, Kim Jong-il, Castro y el presidente Ahmadinejad de Irán". Ante tamaña acusación el presidente se vio obligado a decir: "nada de lo que el gobernador ha dicho es verdad, empezando con esa idea de que yo me disculpe. Esa es quizás la mayor tontería que se ha dicho en esta campaña". Pero el daño ya estaba hecho y también este fue un punto para el republicano.

No le quedó más a Obama que echar los restos y recordarle a su rival "el hecho es que mientras coordinábamos una coalición internacional (contra Irán), para asegurar que las sanciones fueran efectivas, usted (Romney) invertía en la compañía petrolera estatal China, que hacia negocios con sector de petróleos iraní". El ataque fue tan contundente que la única respuesta de Romney parecía más el lamento de un moribundo: "estamos cuatro años más cerca de un Irán nuclear, Estamos cuatro años más cerca de un Irán nuclear".
 
Para ese momento ambos candidatos lucían como aquellos daguerrotipos que cuelgan en los salones de las casas viejas, inmóviles, concentrados. Romney, en torno a la aparente distancia de Estados Unidos e Israel dijo: "el presidente recibió una carta de 38 senadores demócratas diciendo que la tensión (de Irán) con Israel era un problema real, ellos le pedían a él (Obama), que por favor arreglara las tensiones (…) el daño está en su propio partido (demócrata)". No obstante esta vez, el presidente no concedería tan fácil el punto, y respondió: que, y al igual que en todos los temas, Romney cambiaba de opinión a cada instante, que ahora le proponía usar la diplomacia con Irán, "lo que apenas unos días antes había rechazado".
 
Cuando llegó el tema de Afganistán y Pakistán, el recinto se iluminó, cual si fuera el medio día de un día de julio en las playas de Boca Ratón. Mitt Romney pidió replantear toda la estrategia, acusó al presidente de no tener un adecuado planteamiento frente a Pakistán y le sugirió que simplemente no era adecuado dejar de lado una nación que pronto tendría más poderío nuclear que Inglaterra. Obama resumió sus logros en el reenfoque de la guerra en Afganistán y el adiós al conflicto en Irak y, no menos, en poner fin a los días de Osama Bin Laden. Pero luego mencionó que era hora de dedicarse a reconstruir el país desde dentro, y por tercera vez durante el debate, se deslizó a hablar sobre aspectos relativos a la economía, específicamente en el tema de la creación de empleo.

En guardia

A esta altura del partido, la mirada de los dos candidatos era directa, si bien las reglas del debate impedían las preguntas entre ellos, los ojos de ambos lo decían todo. Schieffer, que para entonces ya se había erigido en la tercera estrella de la noche, tomó la palabra e introdujo otro tema candente: China.

La primera pregunta fue: "¿cuál cree usted que es la más grande amenaza para la seguridad nacional de este país?" Obama fue el primero en responder. Quizás porque para entonces la armadura pesaba demasiado, su discurso fue lacónico: "son las redes terroristas". Entre tanto, Romney, también cansado, movía su cabeza asintiendo a la respuesta del presidente, parecía que en eso no habría ninguna discordancia.
 
Obama tomó un segundo aire para emprender una nueva andanada sobre Romney. Hizo referencia a sus negocios y a cómo se debían conservar los empleos en el país y no llevárselos a otra parte, aludiendo claramente a una práctica empresarial típica de los hombres de negocios semejantes al republicano. Romney no se quedó atrás y ripostó. Hizo alusión al déficit de la nación, que de ser reelecto el demócrata, dijo, llegaría a una escandalosa y peligrosa cifra de 16 billones (trillones en inglés) de dólares. Entonces, una nueva víctima quedó en el escenario, como ya había sucedido con Irán y Pakistán. Ahora el turno era para China, a la que culparon de ser una nación que no juega limpio y que, en palabras de Mitt Romney, lo único que hace es falsificar y reproducir los productos americanos.
 
Enseguida, Romney acusó a Obama de mantener una peligroso desbalance comercial, pero el presidente fue más inteligente en este punto y mostró que a pesar de la imputación, las ventas al coloso asiático durante su administración se habían duplicado.
 
A una contra pregunta del moderador, Romney repitió el argumento del desbalance comercial entre China y Estados Unidos, y lo pésimo que eso es para los americanos: "China falsifica nuestros productos y luego los vende a todo el mundo", y a decir verdad, sonó bastante convincente mientras adicionaba: "quiero buenas relaciones con China, podemos ser buenos socios, pero China tiene que seguir la reglas". Entonces un apurado Obama se vio obligado a decir: "gobernador usted invierte en China, y tiene todo el derecho a hacerlo, pero (…) con respecto a lo que hemos hecho, las exportaciones a China se han duplicado, hemos llegado a una mejor relación entre monedas, la mejor en los últimos años. También creo que podemos ser socios, pero nos aseguraremos que China sienta más presión y que se adapte a las reglas comerciales".
 
Romney visiblemente molesto pidió la palabra: "de nuevo (…) atacarme a mí no mejorará la economía, ni generará más empleo…". Obama interrumpió, pero Romney continuó, "yo no liquidé la industria automotriz", luego sacando fuerzas de donde ya no parecía haber, agregó: "(…) yo siempre me preocupé porque este país fuera competitivo".

El final

Después del rifi-rafe, el moderador invitó a los combativos candidatos a dar su declaración final, no sin antes calificar de "vigoroso" el debate.
 
El primer turno fue para Barack Obama: "Bien gracias, Bob, gobernador Romney...".  Y se despachó. Primero hizo mención a los tres debates, luego avisó que ahora había una elección, la cual podría ser por continuar los cuatro años que estaban sacando al país de la guerra y del déficit económico en que lo habían dejado, al cual su rival (Romney) quería volver, entre otras cosas aplicando unas reglas preferentes para la gente rica. Enfatizó en que su visión era diferente y que estaba haciendo lo suficiente para crear trabajos localmente, a través de subsidios a las empresas que devolvieran sus fábricas al país. Prometió construir el mejor sistema educativo del mundo. Y controlar la producción de energía sin dependencia extranjera. Como comandante en jefe del ejército prometió mantener la fuerza militar en el primer lugar del mundo. Luego se comprometió a construir casas, reconstruir caminos y puentes, a velar por lo veteranos que volverían de la guerra. Prometió escuchar, cuidar de las familias, y por sobre todo trabajar cada día por hacer que Estados Unidos continúe siendo la mayor de las naciones sobre la tierra. 

Entonces le tocó el turno a Mitt Romney: "Bob. Señor presidente. Gente de Lynn University, que bueno estar con ustedes…". Al igual que su rival, dejó rodar sus promesas. Primero se declaró optimista con el futuro y con la paz, y la declaró su objetivo. Luego anunció que había llegado la hora de tener un verdadero liderazgo y aseguró que mediante eso, el mundo y el país serían más seguros. A renglón seguido dijo que quería asegurarse de la recuperación económica. Alertó que de continuar Obama, el déficit alcanzaría los 20 billones de dólares, y que Estados Unidos seguiría a Grecia en la bancarrota. Aseguró que el único antídoto era balacear el presupuesto y se comprometió a eso. Avisó que de continuar el gobierno el sector inmobiliario no se recuperaría.
 
Le prometió a la gente que recibe caridad, cambiar su ayuda por buenos trabajos. Prometió, a diferencia del su rival (Obama), trabajar con ambos partidos, demócrata y por su puesto republicano. Declaró a su país como la esperanza de la tierra. Y aseguró que su nación había sido bendecida por ser libre y prospera y atribuyó eso a las anteriores generaciones. Y finalmente comunicó que la antorcha que estos habían dejado, ahora la debía portar él. Prometió ser el líder esperado y se mostró partidario de trabajar con todos. A Bob Schieffer, no le quedó otra opción que cerrar el debate.

Un ensordecedor aplauso llovió de todos lados, Obama se paró primero. Después ambos candidatos se fueron a saludar al moderador. Finalmente se aproximaron el uno al otro, estrecharon sus manos y se abrazaron. Y todo bajo la mirada de un público enardecido, uno que estaba allí, junto a ellos y que quería tocarlos; y otro, probablemente cercano a los 100 millones de personas, que permanecía sentado en sus casas, observando quizás atónito.

Para ese momento al escenario ya habían subido las esposas, otra vez Obama saludó a Michelle y le repitió una dosis de palmaditas en la espalda, igual que en el segundo debate, igual que siempre. Romney por su parte, abrazó a la linda Ann, su esposa, que parecía saber que, por un estrecho margen, como lo diría CNN después y también CBS, su esposo había perdido este tercer debate.
 
Luego subieron todos, entre ellos los los hijos de Romney con sus esposas e hijos, una de ellas, casi la más pequeña pronto se enganchó con Obama, por un momento hizo ver al presidente mas poderoso del planeta como un amable y desprevenido niñero. Al poco tiempo las dos parejas presidenciables estaban repartiendo saludos de mano desde arriba del escenario. Romney se movió muy al filo y casi cae del escenario. Hubiera sido demasiado, dos veces en la misma noche, pero ahí estaba Ann, lista para sostenerlo de la cintura.
 
Los Obama se fueron primero, se diluyeron, hacia la derecha del escenario. Unos segundos después los Romney hicieron lo mismo. Y a la audiencia le quedó la certeza que este debate pasará a la historia como el más vibrante de los hasta ahora protagonizados en el camino a la Casa Blanca.
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