Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/04/25 00:00

Objetivo Evo

El rocambolesco complot para asesinar a Evo Morales e independizar a Santa Cruz tiene tanto de drama como de comedia política.

Según Evo Morales, los extranjeros planeaban asesinarlo. A la derecha, Eduardo Rozsa Flores, un misterioso personaje abatido en la operación.

¿Qué tienen en común un húngaro, un croata y un irlandés? La pregunta, que bien podría ser el arranque de un chiste, no causa ninguna gracia ni a los gobiernos de esos países ni a las autoridades bolivianas. Esas eran las nacionalidades de los tres hombres abatidos el 16 de abril en un hotel de Santa Cruz, y que, según el gobierno del presidente Evo Morales, eran mercenarios internacionales que planeaban asesinarlo. El supuesto complot, digno de una película de James Bond, no sólo atiza la polarización interna, sino que amenaza con desatar una crisis diplomática.

Todo comenzó cuando Morales anunció que una operación "antiterrorista" había evitado un atentado en su contra y que la Policía había dado de baja a tres sospechosos y capturado a otros dos. Las dudas surgieron cuando se supo que los agentes apagaron las cámaras de seguridad del hotel y aseguraron que se trató de un enfrentamiento, mientras algunos medios de comunicación sostienen que los sospechosos fueron prácticamente fusilados en calzoncillos.

La versión del gobierno tomó fuerza gracias a uno de los supuestos mercenarios abatidos, Eduardo Rozsa Flores. De padre húngaro y madre boliviana, nació en 1960 en Santa Cruz pero, tras el golpe de Estado de Hugo Banzer, la familia se vio obligada a refugiarse en Chile. De allí debieron huir cuando subió al poder Augusto Pinochet y terminaron en Hungría, donde el pequeño Rosza soñaba con regresar a Latinoamérica y seguir los pasos del Che Guevara. Pero tras vivir en la Unión Soviética, donde se desencantó del socialismo, regresó a estudiar a Hungría y terminó en los Balcanes en la lucha por la independencia de Croacia. Nada de eso explica, sin embargo, que ese hombre que viajaba con un pasaporte húngaro y otro croata fue parte del Opus Dei antes de convertirse al Islam en 1995. Eran tales la variedad y el exotismo de su hoja de vida, que le hicieron varios documentales.

Antes de salir rumbo a Bolivia, Rozsa Flores grabó una entrevista destinada a aclarar sus motivos en caso de que resultara muerto en su aventura. El canal húngaro MTV1 transmitió el martes las explosivas declaraciones, en las que asegura que alguien lo había llamado "para organizar la defensa de la ciudad y la provincia de Santa Cruz", un bastión opositor, aunque no aclaraba quién. Habla de métodos pacíficos, pero sus palabras son alarmantes: "estamos preparados para declarar en pocos meses la independencia y crear un nuevo país". Para rematar, su blog tiene vínculos con Nación Camba, el movimiento de extrema derecha de Santa Cruz.

El gobierno de La Paz se apresuró a cobrar las palabras de Rosza. "Este hombre vino a morir o matar en el intento, vino a dividir Bolivia", dijo el ministro del Interior, Alfredo Rada. "A todos esos que piden pruebas sobre el magnicidio, les pregunto ¿qué están esperando? ¿la prueba definitiva? ¿el cadáver del Presidente?".

Para añadir ingredientes al misterio, junto a Rozsa murieron el rumano-húngaro Magyarosi Arpac y el irlandés Michael Dwyer, mientras el boliviano-croata Mario Tadic y el húngaro Elot Toazo están detenidos en una cárcel de La Paz. Según algunos reportes, los fiscales investigan la presencia de más irlandeses en territorio boliviano, así como conexiones con militares argentinos de extrema derecha.

Pero los gobiernos de Croacia, Hungría e Irlanda no creen en la versión de las autoridades bolivianas. "Podemos asumir que se convirtieron en víctimas de la política interna boliviana", dijo el canciller húngaro, mientras su homólogo irlandés aclaró que su compatriota no tenía antecedentes y pidió una investigación internacional, lo que indignó a Morales. "No tienen ninguna autoridad para pedir explicaciones -dijo-. Yo puedo pensar que ellos son los que han mandado".

Las consecuencias diplomáticas son imprevisibles. Morales ha denunciado conspiraciones en el pasado, tanto, que expulsó al embajador estadounidense por sus tratos con la oposición. Por lo pronto, en el plano local, como explicó a SEMANA el analista político Carlos Toranzo, "el gobierno va a ser mucho más duro con todos los opositores sin hacer ningún tipo de distinción". Pero al asunto le quedan tantos cabos sueltos, que es muy probable que regrese a las primeras planas con su extraña trama de europeos mercenarios y conversos religiosos que se lanzaron, con motivos aún desconocidos, a una aventura en el altiplano de los Andes.

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