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| 11/17/2007 12:00:00 AM

Ofensiva ultraconservadora

Mayores restricciones a las mujeres y hasta la prohibición de un libro de Gabo marcan el nuevo rumbo doméstico del gobierno de Mahmoud Ajmadineyad. 

Hace unos días Fátima iba con su novio cogida de la mano por el parque Mellat, uno de los más bonitos del norte de Teherán, cuando los paró la Policía. Como no tenían ningún papel que certificara que estaban casados, los amenazaron con llevarlos a la cárcel. Les dijeron, además, que llamarían a los padres de ella para que vinieran a sacarlos de allí. Fátima, de 27 años, empezó a llorar desconsolada. Cuenta que se pegó un susto tremendo porque sus padres no saben que este chico, que es amigo suyo desde hace años, es su novio. Si se enteran, le prohibirán verlo, pues siempre les ha oído decir que es hombre sin ambiciones. Al final, el castigo se limitó a recibir un gran regaño por parte de los policías y a firmar un papel en el que se comprometían a nunca más romper las reglas.

Ellos reconocen que tuvieron mucha suerte. Según algunos medios occidentales, más de 2.000 personas han sido encarceladas en los últimos meses en Irán por comportamientos contrarios a la moral islámica. Estos van desde llevar mal puesto el heyab (velo) hasta participar en fiestas privadas donde personas de ambos sexos, sin ningún lazo familiar, se divierten al estilo occidental. Mucho más grave si los encuentran tomando alcohol, consumiendo drogas o viendo películas "decadentes".

Los controles se han recrudecido en el último año como no pasaba en Irán desde hace 10. Durante los ocho años del presidente reformista Mohammed Jatamí (1997-2005), los ciudadanos, sobre todo las mujeres, conquistaron un espacio que les permitió alejarse hasta cierto punto de las normas de la Revolución Islámica. Los hombres y las mujeres pudieron ir juntos por la calle sin ningún lazo sanguíneo o marital y ellas pudieron llevar una moda más cercana a los estándares occidentales.

Pero las cosas están cambiando de nuevo. Después de dos años de gobierno, Mahmoud Ajmadineyad empieza a hacer pesar sus creencias conservadoras. Hasta este año sus posiciones se sentían más en la política exterior y en la defensa de la construcción de plantas de energía nuclear. Pero ahora, trasgredir las reglas será más difícil. En las últimas semanas han cerrado varios cafés, ubicados muchos de ellos en las librerías, con el argumento de que incitan a malos comportamientos. El último lo sellaron porque había cuatro mujeres con 'bad heyab', que quiere decir el velo mal puesto. "Nosotros no fuimos consultados cuando esos lugares fueron abiertos. Y si las bibliotecas llegan a seguir esta misma moda, también tomaremos medidas", dijo Mohsen Parviz, director del departamento de artes y cultura del Ministerio de Cultura y guianza islámica, al periódico Hambastegi. A esto se suma que las calles de Teherán y de otras ciudades grandes están llenas de lo que la gente ha decidido llamar "Fashion Police". En realidad, se llama Gaste Ershad, que es algo así como la Policía que dice qué se puede hacer.

La mayor parte de quienes conforman este cuerpo son mujeres a las que apenas se les alcanza a ver el óvalo de su rostro bajo sus chadores negros que se distinguen por la insignia policial en el cuello. Suelen ubicarse en cualquier parte de la ciudad y paran a quienes como Fátima no se comportan como toca, o que no van vestidas según los estándares islámicos. Esto es, cabeza y cuello tapados con un pañuelo, abrigo ancho que cubra las rodillas, y nada que atraiga la atención, como maquillaje, tacones altos, uñas pintadas de rojo o vestimentas de colores muy llamativos. A los hombres también los paran cuando llevan cortes de pelo o pintas extravagantes.

Según un comunicado hecho público la semana anterior, no se permitirá que las mujeres lleven sombreros en invierno en reemplazo de las pañoletas. Tampoco se permitirán los pantalones a media pierna y las botas largas sin pantalón debajo. Mucho menos si son altas. Y se exigirá que la gabardina que las cubra sea ancha y larga.

A primera vista las jóvenes de clases media y alta llevan su gabardina como las reglas mandan. La trampa es que van ceñidos al cuerpo, lo que no le gusta a la Policía. Pero todas estas tendencias son la excepción a la regla. La proporción de mujeres que van vestidas de manera tradicional es mucho mayor. Esta diferencia es más evidente en el barrio popular de Teherán y en las ciudades de provincia.

Las nuevas restricciones han creado un profundo malestar dentro de la gente que no vive la religión tan profundamente. Se preguntan entre susurros por qué vuelven los controles ahora cuando la gente estaba más tranquila. ¿Por qué crear malestar al quitarles las libertades que habían ganado

, dicen. De todas maneras son pocos los que creen que la gente vaya a dejar que las reglas retrocedan a donde estaban 10 años atrás. Con seguridad buscarán la manera de conservar los espacios ganados. Y también coinciden en preguntarse por qué mejor el gobierno no se preocupa por frenar la inflación, que crece a paso agigantados, del 19 por ciento según la cifra oficial (se dice que es mucho más alta), y acabar con la pobreza. Ese es el verdadero problema en este momento y no los velos, afirman.
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