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| 11/24/1986 12:00:00 AM

OJO POR OJO

Ping pong de expulsiones entre soviéticos y norteamericanos, origina crisis en embajadas

El juego, a simple vista, parece muy sencillo: "Ojo por ojo, diente por diente". Y además con ñapa, si es posible. Tú, Gennadi Zajarov; yo, Nicholas Daniloff. Tú, 25 diplomáticos soviéticos en la misión ante las Naciones Unidas; yo, 5 diplomáticos norteamericanos en Moscú y Leningrado. Tú, 55 diplomáticos soviéticos en Washington y San Francisco; yo, 5 diplomáticos más en Moscú y la prohibición de contratar empleados locales en las embajadas. De todos modos, contrariamente a lo que suele suceder cuando de diálogo se trata, donde la regla general entre las dos superpotencias es el "hablar y no contestar", cuando de acusar de espionaje se refiere, la respuesta no se hace esperar.
Esta vez, no había pasado una semana siquiera tras la cumbre de Reikiavik, cuando el domingo 19 la Unión Soviética anunció, a través de la agencia TASS, la expulsión de cinco diplomáticos norteamericanos por estar envueltos en "actividades no permitidas", la fórmula diplomática para calificar el espionaje. La acción, que implica el mayor número de norteamericanos expulsados simultáneamente de la Unión Soviética, fue interpretada como una retaliación a la orden emitida el 17 de septiembre pasado por el gobierno de los Estados Unidos, por la cual se exigía a 25 diplomáticos soviéticos en las Naciones Unidas, de quienes se dijo habían sido identificados como agentes de los servicios de inteligencia, abandonar el país.
Pero los norteamericanos tampoco se hicieron esperar y el martes 21 la administración Reagan anunció su "represalia por la represalia": la expulsión de 55 diplomáticos soviéticos asignados a la Embajada en Washington y el Consulado en San Francisco, batiendo también el récord en número de soviéticos expulsados a un mismo tiempo de los Estados Unidos. Dos días más tarde, la URSS asestaba el contragolpe, expulsando otros cinco diplomáticos norteamericanos y estableciendo la prohibición de contratar soviéticos al servicio de la misión estadounidense, dejando por puertas a 260 empleados y a los oficiales de la Embajada americana sin quien les sirva un tinto.
Si bien desde que el Congreso norteamericano ordenara a principios del año la reducción en el personal de la misión soviética ante las Naciones Unidas de 279 a 218 personas, se esperaba que se desencadenara una serie de incidentes similares, el asunto se hallaba relegado a un segundo plano. El plazo para la salida de los 25 soviéticos había sido fijado originalmente para el 1° de octubre. Sin embargo, la solución del caso Daniloff un día antes, así como el intempestivo anuncio de la cumbre en Islandia pospusieron temporalmente la fecha límite. No obstante, el tono dulzón en las relaciones entre las dos potencias que impregnó los días cercanos a la cumbre, no duró mucho. Aunque alcanzó para que en aras a él les fuera permitido salir de la Unión Soviética no sólo a Yuri Orlov y su esposa, caso que se considera hizo parte del "paquete" Daniloff, sino también a dos parejas judías que se encontraban en lista dentro de los casos más prominentes.
La expulsión de diplomáticos, generalmente bajo el cargo de espionaje, ha sido una práctica común en las relaciones Este-Oeste. Y el derecho a una retaliación se considera parte de ella. El año pasado, por ejemplo, la Gran Bretaña expulsó a 25 soviéticos y la URSS a su vez ordenó a 25 británicos salir del país. Londres procedió entonces a expulsar otros seis y lo mismo hizo Moscú, hasta que consideraron que habían quedado "mano a mano".
En este caso, no obstante, las circunstancias parecen diferir. Se asegura que se trata ante todo de una búsqueda de equilibrio entre el número de diplomáticos soviéticos y el de americanos asignados a cada país. El problema radica, dicen los kremlinólogos, en que mientras la Unión Soviética mantiene 301 personas entre la Embajada en Washington y el Consulado en San Francisco, los Estados Unidos sólo tiene 251 en la Embajada en Moscú y el Consulado en Leningrado. Con la expulsión de los 55 soviéticos, cinco por los cinco norteamericanos expulsados y cincuenta por la diferencia, la presencia diplomática en los dos países se equilibró en principio, aunque la expulsión del jueves creó una nueva desventaja para los norteamericanos, quienes además -a diferencia de los soviéticos- tenían mayoritariamente empleados locales como personal de servicio. El problema continúa siendo, sin embargo, la misión ante las Naciones Unidas, la cual no tiene una contraparte en la URSS.
Equilibrio o espionaje, lo cierto es que mientras las dos potencias siguen su interminable contrapunteo de recriminaciones mutuas, con distinto sujeto (léase cumbre, espías, diplomáticos...), el denominador común es el mismo: yo te culpo, tú me culpas, pero entre las dos nos repartimos el mundo .-
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