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| 11/23/1987 12:00:00 AM

OJO POR OJO

La destrucción de dos plataformas petroleras iraníes por los norteamericanos atiza la hoguera del Golfo Pérsico

OJO POR OJO, Sección Mundo, edición 286, Nov 23 1987 OJO POR OJO
El ataque le habría dado envidia al mismo Rambo. De forma sorpresiva y con todo el sigilo del caso, los cuatro destructores norteamericanos llegaron cerca a su blanco y, bang-bang, acabaron con él. En el corto lapso de 90 minutos los navíos Kidd, Hoel, Young y Leftwich destruyeron las plataformas iraníes de Sasan y Rostam en aguas del Golfo Pérsico y al mismo tiempo escribieron otra página de la historia de la intervención norteamericana en la conflictiva región.
En lo que ha sido hasta la fecha el acto más audaz desde que los Estados Unidos se involucraran en los asuntos del área, la semana pasada vio cómo la probabilidad de una conflagración a mayor escala se hacía cada vez más grande. En esta oportunidad, los norteamericanos decidieron darle una respuesta "apropiada" a Irán después de que éste hubiera lanzado el 15 de octubre, un misil Silkworm al petrolero Sungari y otro --el día siguiente-- al Sea Isle City, un tanquero kuwaití que tenía enarbolada la bandera norteamericana. La explosión del proyectil en el último de los barcos dejó 12 heridos, entre ellos el comandante de la nave, de nacionalidad norteamericana.
A pesar de que horas después del ataque los iraníes negaron haberlo cometido, el Pentágono no dudó en acusarlos. Según éste, el proyectil habría salido de la península iraní de Fao y --aún si había interrogantes-- el arma utilizada es poseída tan sólo por Irán. El Silkworm es un misil de fabricación china comprado por Teherán presuntamente a Corea del Norte.
Una vez confirmadas las sospechas sobre la responsabilidad iraní, la Casa Blanca anunció las represalias. Fue por ese motivo que los cuatro navios de guerra destruyeron las plataformas petroleras iraníes en la mañana del 19 de octubre. Estas, que habían sido dañadas por un ataque iraquí hace un año, eran utilizadas --según el Pentagono-- como base avanzada para los soldados de la revolución islámica.
Desde ese punto, los iraníes podían seguir, con la ayuda de radares la ruta de petroleros y otros buques con el fin de lanzar sus ofensivas relámpago.
Curiosamente el bombardeo ordenado por Washington --el primero hecho en forma premeditada contra posiciones iraníes-- fue ignorado por la opinión pública que estaba atenta, el mismo día, al descalabro de la Bolsa de Nueva York. Con excepción de uno que otro miembro del Congreso norteamericano, fueron pocas las voces que se levantaron para calificar la acción.
Según esos escasos comentaristas, la situación no podía pasar desapercibida. A punta de aplicar la ley del talión los Estados Unidos se están metiendo cada vez más y más en un conflicto en el que supuestamente no tendrían nada que ver, pero sin decidirse a hacerlo del todo. Para los analistas fue significativo el hecho de que la respuesta armada al ataque iraní se concentrara "tan sólo" en dos perdidas plataformas en la mitad del Golfo Pérsico. Algunos señalaron que si lo que se deseaba era golpear fuerte, los aviones norteamericanos habrían podido destruir las rampas de lanzamiento de los misiles Silkworm, ubicados en la isla de Farsi.
En cambio los iraníes sí ripostaron duro. En respuesta a la respuesta del Pentágono, el jueves pasado otro misil Silkworm hizo explosión en el terminal Sea Island, desde el cual se carga la mayoría del petróleo de Kuwait. Aunque los daños exactos no se habían determinado en el momento de escribir esta nota, ciertos especialistas consideraron que la cosa sería lo suficientemente grave como para obligar a Kuwait a cancelar ciertas entregas de petróleo, debido a "razones de fuerza mayor". Según las primeras informaciones, el proyectil pegó en un punto neurálgico y aparte de dejar una media docena de heridos va a entorpecer seriamente la marcha de la economía kuwaití, que exporta 1.2 millones de barriles de crudo al día.
El ataque iraní constituyó una clara demostración de que las amenazas de Teherán ya no se quedan sólo en palabras. Desde hace rato el gobierno islámico ha sostenido que Kuwait apoya irrestrictamente a Irak, su enemigo en la guerra, y que eso lo faculta para impedirle a los kuwaitíes que exporten normalmente su petróleo, pues es darle una ventaja más a Bagdad. De la misma manera, la agresión es un indicador de que Irán está sintiendo la presión en el Golfo. La semana pasada la aviación iraquí siguió atacando a los petroleros de su enemigo, aparentemente con gran "éxito".
Lo que ahora queda por verse es si después de este último misil va a haber una nueva respuesta norteamericana. Aunque Kuwait recibió la se mana pasada el apoyo de países arabes moderados como Arabia Saudita, los más seguro es que a pesar de todo no se deje involucrar en una guerra en la que sin duda no saldría ganando mucho. Eso hace que sean los Estados Unidos los que decidan si meten los pies más en las convulsionadas aguas del golfo.
Si lo hacen, lo más posible es esperar una nueva ola de atentados. Hace unos dias en Beirut, el grupo chiita Jihad Islámico (guerra santa) amenazó con desatar una escalada de ataques contra blancos norteamericanos y europeos y sostuvo que los musulmanes del Golfo Pérsico estaban dispuestos a intentar misiones suicidas de combate.
Suceda eso o no, la impresión que se tiene es la de que un enfrentamiento abierto y a mediana escala es inevitable entre Irán y los Estados Unidos.
A lo largo de las últimas semanas el nivel de agresión ha pasado del plano verbal al militar, sin que se vea una salida distinta a la de la confrontación directa.
Queda por ver, entonces, cuál va a ser el atentado de esta semana. Como consecuencia de la crisis en Wall Street la Casa Blanca no tuvo que aguantarse las críticas de sus adversarios sobre el manejo de la política externa en el Golfo Pérsico. Esa circunstancia podría propiciar, en opinión de algunos, una actitud más audaz por parte del Pentágono, en caso de intentar un nuevo golpe contra Irán. En cualquiera de los posibles casos, lo que si nadie duda es que en esta guerra del golfo ya falta muy poco para que se anuncie la entrada oficial de un tercero en discordia: los Estados Unidos de América.--

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