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| 7/14/1986 12:00:00 AM

OLVIDAR ES VIVIR

A pesar de las acusaciones sobre su pasado nazi, Waldheim ganó las elecciones presidenciales austriacas.


"En medio de la tormenta", como si el título de su autobiografía hubiera sido una premonición de lo que sería su posterior elección a la Presidencia de Austria, Kurt Waldheim, el antiguo secretario de las Naciones Unidas, logró en su ascenso político lo que algunos habían considerado como imposible: salir victorioso en una contienda en la cual su mayor oponente parecía no ser el candidato del partido contrario, sino él mismo y su controvertido pasado como lugarteniente en la armada de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Con 67 años de edad y una carrera política de pocos pero indudablemente significantes peldaños, Waldheim, del conservador Partido del Pueblo, logró en una segunda ronda el 53.9% de la votación contra 43.1% de su contendor, el socialista Kurt Styrer, al término de una acalorada campaña electoral, cuyos resultados aún continúan causando revuelo, por la estruendosa derrota que significa para el Partido Socialista en el poder desde el fin de la guerra, y para la comunidad hebrea representada en el Congreso Mundial Judio que fuera el origen en marzo pasado en Nueva York, de las denuncias sobre la vinculación de Waldheim con la Alemania nazi.

Aunque existía ciertamente expectativa alrededor de la elección austriaca, los observadores, sin embargo, se han mostrado poco sorprendidos con los resultados. Desde un comienzo las encuestas le habían otorgado ventaja a Waldheim sobre el candidato socialista, cuyo partido había ido cobrando en los últimos años creciente desprestigio derivado de 16 años en el poder y agudizado por las frecuentes acusaciones de corrupción del gobierno. Además, las revelaciones sobre la vinculación de Waldheim con los nazis, lejos de atentar contra su elección, se convirtieron en un elemento fortalecedor de su candidatura.

El pueblo austriaco, al exonerar al ex diplomático defendiéndolo de lo que consideraba una inadmisible intromisión extranjera en sus asuntos y una acusación contra la nación entera, estaba exorcizando el pasado de toda una generación de hombres que como Waldheim, prestaron servicio en el ejército nazi, cuando Austria fue anexada a Alemania en el final de la guerra.

Si bien es cierto que Waldheim ocultó el período de su vida comprendida entre 1941 y 1945, también es cierto que los documentos revelados por el congreso judío y por investigaciones revisadas posteriormente, no llevan a prueba alguna de la participación de Waldheim en crímenes de guerra.

Cuando tenía 19 años, Waldheim, como muchos otros de sus contemporáneos austriacos, estuvo enrolado en dos organizaciones nazis. Una agremiación de estudiantes y otra, un grupo paramilitar. En 1939 a los 20 años, ingresó a la armada de Hitler. A los 22 fue herido en el frente. A los 23 se convirtió en intérprete y fue enviado a los Balcanes, durante la época de la ocupación alemana. Allí permaneció hasta el final de la guerra.

Miles de austriacos tienen historias comparables a la de Waldheim en esa misma época, por las cuales no han sido acusados. Pero sólo unos pocos se dedicaron después a la actividad política y ciertamente uno solo ha llegado a ser secretario personal del ministro de Relaciones Exteriores, posteriormente ministro del ramo y luego secretario general de las Naciones Unidas por 10 años.

La más seria acusación que pesa contra Waldheim, y la única realmente probada, fue la de no haber hablado abiertamente de su pasado militar, y haber negado repetidamente cualquier vinculación con los nazis, cuando los documentos hallados confirman su presencia entre 1942 y 1945 en los Balcanes, primero como parte de un comando con base en Stalomika, desde donde se deportaron a los campos de concentración nazis miles de judíos griegos, y luego como intérprete en Yugoeslavia y Albania, donde se llevaron a cabo operaciones militares represivas contra los partisanos y la resistencia. De ahí que para muchos, el problema no era tanto la sospecha de que Waldheim fuera un criminal de guerra, como la certeza de que fuera un mentiroso.

Waldheim, que inicialmente negó cualquier vinculación con el ejército de Hitler después de 1942, aduciendo que había sido herido en el frente, se limitó posteriormente a calificar sus actividades como "rutinarias" para un lugarteniente en una posición administrativa .

Dando una prueba cierta de la habilidad para colocarse en posición ventajosa que le atribuyen quienes lo conocieron como diplomático, Waldheim, utilizando el slogan "Los austriacos deben decidir por sí mismos", dedicó sus esfuerzos no tanto a tratar de aclarar su pasado confuso, sino más bien a explotar el sentimiento generalizado entre los austriacos, de que eran ellos como nación, quienes estaban siendo colocados en tela de juicio. Tal como lo explicara Michael Graff, secretario general del Partido del Pueblo, "aquellos que fueron obligados a servir en la armada alemana no iban a permitir que se les describiera como criminales de guerra".

Es así como la victoria de Waldheim ha sido vista en los círculos austriacos, no sólo como una victoria personal, sino como un paso más del pueblo austriaco en su esfuerzo por lograr que permanezcan en el olvido las poco gratas memorias de la colaboración de sus compatriotas con la fuerza invasora.

"Los políticos de todos los partidos muy seguramente desearán ante todo cerrar la puerta tras tan doloroso tema después de las elecciones del 8 de junio", comentó la columnista Barbara Coodnhove-Karergi en la revista austriaca Profil, que publicara junto con el New York Times, las denuncias del congreso judío. "Nos encantaría poder volver a ser la pequeña tierra política sin historia, sin tragedia, sin responsabilidad. Pero esto difícilmente sucederá. Si debemos realmente vivir con un presidente como Waldheim, no tendremos mucha oportunidad para pensarlo de nuevo".

Y ciertamente, las consecuencias del triunfo de Waldheim no se han hecho esperar. A nivel interno han dado ya lugar al retiro del líder socialista del gobierno, lo que significa apenas el primer paso en la caída del gobierno, que es esperada después de las elecciones de parlamentarios en abril del año próximo.

En el terreno internacional, Israel ha llamado a consulta a su embajador en viena, y está empeñada en no nombrar uno nuevo por ahora. En los Estados Unidos, el Departamento de Justicia estudia el expediente Waldheim y los descargos llevados personalmente a Washington por su hijo Gerard, con el fin de determinar si sería susceptible de ser incluido en la lista de criminales de guerra cuya entrada está vedada a los Estados Unidos.

Pero en últimas, no sólo los Estados Unidos no podrán negarle la entrada a Waldheim en su calidad de Jefe de Estado, sino además el mismo Israel tampoco está en posición de adoptar una actitud dura frente a los austriacos, dado el papel clave que la nación europea ha tenido como centro de tránsito de la emigración de los judíos de la Europa del este hacia Israel.
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