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| 10/17/2015 10:00:00 PM

La debacle de la ONU

A punto de cumplir 70 años, la ONU ha perdido su influencia. La organización creada para desterrar la violencia y la miseria en el mundo, brilla por su ausencia.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) parece estar en todo. Por estos días envió una delegación a Guyana para resolver la disputa territorial con Venezuela; criticó a los soldados israelíes por su “uso aparentemente excesivo de la fuerza” contra los palestinos en Cisjordania; y hasta recibió de Rusia la solicitud para que retomara la investigación por el derribo del vuelo de Malaysia Airlines el año pasado en el este de Ucrania. Pero se trata de apariencias. Ad portas de su aniversario 70, la ONU está prácticamente ausente de los grandes conflictos que debería ayudar a resolver.

La idea de fundar la Organización de las Naciones Unidas (ONU) nació durante la Conferencia de Yalta, celebrada por los aliados en febrero de 1945. “El objetivo principal fue crear una institución que impidiera una tercera guerra mundial y trabajara por un sistema coherente de gestión global”, dijo a SEMANA Adam Chapnick, miembro del Departamento de Defensa Nacional del gobierno de Canadá.

Entró en vigencia el 24 de octubre de 1945 con la mira de no fracasar como su antecesora, la Sociedad de las Naciones, establecida en 1919, después de la Primera Guerra Mundial. Pero con el paso del tiempo no ha hecho más que parecerse cada vez más a ella. “Entre 1947 y 1991, la división del mundo en zonas hostiles durante la Guerra Fría hizo imposible este objetivo, debido al sistema de veto en el Consejo de Seguridad”, dijo a esta revista Nicholas Burns, antiguo subsecretario de Estado de asuntos políticos y profesor de la Universidad de Harvard.

Si en la Guerra Fría su campo de acción era estrecho, hoy lo es aún más para un organismo que atraviesa problemas económicos y funciona con un sistema burocrático rígido, lento e ineficaz. “Los Estados miembros de las Naciones Unidas ya no tienen suficientes recursos para ‘salvar el mundo’ y no quieren emplear los fondos necesarios para crear nuevas instituciones. Aunque se están llevando a cabo discusiones para crear un tribunal en Siria, la ONU es un discurso político donde lo único real es la falta de presupuesto”, le contó a SEMANA una experta legal de la ONU que no quiso revelar su nombre.

Además, de cara a los grandes conflictos actuales, la organización está maniatada y su participación es inútil, pues su estructura está anclada en 1945. “Por ejemplo, frente al bombardeo ruso en Siria, las Naciones Unidas no pueden hacer nada, es un tema político donde la única institución que puede actuar es el Consejo de Seguridad, pero Rusia es miembro con derecho a veto”, dijo la experta. Para muchos, su inacción frente al bombardeo con gases tóxicos perpetrado contra su propia gente por el dictador sirio Bashar al Asad, viejo aliado de Rusia, marcó un punto de no retorno. Por situaciones como esta, es imprescindible ajustar la organización al nuevo panorama, que poco tiene que ver con la hegemonía de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.

Y lo peor es que no se ven muchas posibilidades en el futuro. Países como Alemania, Japón, Brasil e India buscan tener una mayor participación, pero hasta ahora no han tenido eco. Según la fuente consultada por SEMANA, en estos momentos se adelanta un debate para reconfigurar el Consejo de Seguridad, pero ni Rusia, Estados Unidos, China, Reino Unido, ni Francia, las grandes potencias que ocupan sillas permanentes con derecho a veto, parecen realmente interesadas en hacerlo.

Pero, tal vez, la crisis va mucho más allá de la composición del Consejo de Seguridad. Los problemas han tomado nuevas formas y han surgido amenazas para la estabilidad global, como el terrorismo, el narcotráfico, las migraciones y la proliferación de armas nucleares, químicas y biológicas. Se trata de asuntos para los cuales la vieja estructura resulta lamentablemente precaria, sin que surjan nuevas fórmulas para enfrentarlos. A pesar de todo, dice la experta consultada, la ONU todavía representa un poder moral incontrastable “y sigue siendo indispensable a pesar de que está atravesando por una mala época”, agregó. Lo malo es que los problemas crecen, se multiplican, cambian de forma, y la Organización de las Naciones Unidas sigue ausente.
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