Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/04/01 00:00

Ópera bufa

Con un Silvio Berluconi más delirante que nunca, Italia celebrará unas elecciones calificadas de cruciales., 78141

Berlusconi (izquierda) suele compararse con Jesucristo y con Napoleón, sostiene que es el líder más importante del mundo, y cree que nadie está en condiciones de ocupar su lugar. Romano Prodi, su contendor de centro izquierda, es un ex primer ministro que no representa una nueva cara en la política italiana

“Sua Emittenza” es uno de los muchos apodos que recibe en Italia el primer ministro Silvio Berlusconi. Ese juego de palabras entre emittente (emisor) y eminenza (eminencia) describe con ironía al gobernante que se juega en las elecciones del 9 de abril la continuidad de su gobierno, que ejerce desde 2001. Y las cosas no se le presentan fáciles a ese multimillonario excéntrico, famoso por sus salidas de tono, por su vanidad y su arrogancia. Según los últimos sondeos, está en desventaja, con el 47,7 por ciento de intención de voto, contra 52 por ciento de la coalición de centro izquierda liderada por Romano Prodi, ex primer ministro y ex presidente de la Comisión Europea.

Berlusconi llega a las urnas con los nervios de punta. Muy a su estilo, viene usando la técnica de sonar a toda costa. Lo que cuenta es no dejar que los adversarios obtengan las primeras páginas. Il Cavaliere usó su tiempo legal en televisión para protagonizar hechos que los observadores compararon con una comedia ‘a la italiana’. Exasperado por las preguntas de una periodista, no tuvo inconveniente en pararse y abandonar el set de televisión a los 17 minutos de una entrevista programada para 30. Furioso porque el empresario Diego della Valle, propietario del imperio Tod’s, ­se pasó para el centro izquierda, lo acusó en la reunión anual del gremio, de tener “esqueletos en el armario”. Según la lógica del Primer Ministro, este industrial está con la izquierda por la protección que ‘los jueces rojos’ le darían. Porque una de las armas preferidas del magnate es acusar a los magistrados de comunistas. Tan curiosa es su retórica, que el mismo Primer Ministro que se comparó con Jesucristo, hizo elmilagro de cancelar las diferencias entre patrones y trabajadores y los puso del mismo lado.

Perseguido por los fantasmas comunistas, en Nápoles aseguró que en China, en los tiempos de Mao, “cocinaban los niños”. Sin medias palabras, Oliviero Diliberto, secretario del Partido Comunista Italiano, respondió: “Berlusconi perdió el uso de la razón, si es que alguna vez la tuvo”.

Berlusconi no cumplió su promesa de modernizar el Estado, adelgazar la burocracia y reducir la corrupción. En la lista de Transparency International el país ocupa (entre 159 países analizados) el puesto 37. Para un miembro del G7 y del G8, fundador de la Unión Europea, es inaceptable. Entre tanto, cuando el nuevo gobernador del Banco de Italia, Mario Draghi, admite que este país tiene que mejorar sus resultados si no quiere terminar en recesión, hay quien dice que está pensando en Argentina. De las grandes economías de Europa, Italia es el país más endeudado (más del 101 por ciento del PIB), no cumple con los requisitos del tratado de Maastricht sobre la Unión Europea y pierde competitividad en el nivel internacional.

En el frente internacional, Berlusconi vende como punto a su favor sus ‘estrechos lazos’ con George W. Bush, Tony Blair y Vladimir Putin. Pero muchos piensan que su manera de tratarlos y su modo de comportarse en los eventos internacionales, como si fuera todavía un cantante de crucero, han hecho de Italia un hazmerreír. El Primer Ministro, impertérrito, sostiene que con su encanto hizo que Italia dejara de ser un simple peón en el tablero del ajedrez mundial.

Una de las acusaciones más graves es la de haber promulgado leyes ad personam, es decir, para proteger los intereses empresariales de Berlusconi, que van desde seguros, construcción, comida, publicidad, medios de comunicación y publicidad, hasta el equipo de fútbol A.C. Milán. Desde cuando se lanzó a la política se dice que lo hizo para salvarse de la bancarrota y evitar las investigaciones en su contra por corrupción. En la actualidad, según la revista Forbes, es el hombre más rico de Italia, con un patrimonio calculado en 11.000 millones de dólares.

Los más pesimistas no se hacen ilusiones. La coalición de centro izquierda no parece muy compacta y Prodi, con su eslogan ‘la seriedad al gobierno’, no es una cara nueva. Si gana, los pesimistas están convencidos de que nada cambiará y citan la célebre frase que Tancredi, personaje del libro Il Gattopardo de Giuseppe di Lampedusa, pronuncia para explicar la revolución: “Si queremos que nada cambie, es necesario que todo cambie”. La sentencia resume uno de los aspectos más difíciles de explicar en Italia. Es una especie de trágica vocación a la inmovilidad.

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