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| 11/28/1983 12:00:00 AM

ORDALIA EN EL CARIBE

En acto desproporcionado y temerario la primera potencia mundial invade uno de los países mas débiles del mundo

El día "D" de los granadinos comenzó también en la madrugada. La primera señal de lo que se venía sobre la pequeña isla fue un helicóptero que apareció ese martes 25 de octubre en el horizonte, cuando apenas los primeros rayos de luz penetraban la rada de San Jorge, la apacible capital de Granada. Tras el primero, se deslizaban otros helicópteros, negros y ruidosos desde muy lejos. Uno a uno fueron llegando a tierra, posándose en terrenos aledaños a la Universidad, cerca de la playa. Eran más de las 6 de la mañana y duró algún tiempo sin que se escuchara un solo disparo. Los primeros "marines", con ligeras chaquetas de combate y pesado equipo militar a las espaldas, saltaron a tierra y corriendo alcanzaron el campus y parte de la pista próxima a la Universidad norteamericana.
A eso de las 8 a.m. tales tropas iniciaron un avance sobre campamentos e instalaciones modulares ocupadas por el personal que construía el nuevo aeropuerto del país. Eran los cubanos. Fue cuando se inició el combate.
Comenzaba así la invasión norteamericana de Granada, un punto perdido en el mapa del mundo-de apenas 344 kilómetros cuadrados y playas de arena caliza-que durante más de cuatro años fue una de las preocupaciones más notables de los funcionarios de la Casa Blanca.
"DEFENDER SUS POSICIONES"
Los cubanos -constructores, maestros, médicos y técnicos no habían sido sorprendidos por el ataque de los "marines". Desde el sábado anterior habían sido advertidos por La Habana de que una flota de barcos de guerra norteamericana navegaba hacia Granada. Sus órdenes eran en caso de ser invadidos-como explicó más tarde Fidel Castro-defender sus posiciones, o sea, el aeropuerto que estaban edificando y no disparar si no eran atacados primero.
Eran ordenes precisas: defender la pista "basta el relleno de la bahía Hardy y, la zona entre Punta Salinas y Morne, si se produce una invasión en gran escala de Estados Unidos".
Los combates se prolongaron durante dos días. Entraron a la lucha, también núcleos del ejército y de las milicias granadinas. Los norteamericanos eran más de 3.000 con apoyo aéreo y los cubanos 600, con armas ligeras y no todos armados. Finalmente, según el ejército invasor-a los periodistas del mundo no se les permitió llegar a Granada durante los primeros días de la intervención-el último punto de resistencia de los granadinos y cubanos fue el Fuerte Frederick, en la colina Richmond. El valor de los cubanos en el combate fue aplaudido por los mismos soldados norteamericanos. Las bajas, inciertas respecto de los cubanos y granadinos, fueron de 8 soldados norteamericanos y 18 civiles muertos, según los primeros reportes. Pero en La Habana, Castro informó que aunque las esperanzas de resistir no eran muchas -las armas en manos de los cubanos contaban sólo con menos de un módulo de municiones de fusil-ellos no se rendirían. Después, los militares norteamericanos informaron que 600 cubanos habían sido arrestados.
RESPUESTAS INSUFICIENTES
Las reacciones que desató esta intervención cundieron por Europa y América con rapidez. En la OEA y en el Consejo de Seguridad de la ONU la mayoría de las intervenciones sobre el caso condenaron la invasión y pidieron el retiro inmediato de las tropas norteamericanas de Granada. Sin embargo, las manifestaciones callejeras no fueron tan numerosas, al menos durante la primera semana de los hechos, como se podía esperar. Esto podría ser explicado por el hecho de que el gobierno de Granada, surgido tras el asesinato de Bishop, había sido objeto de repudio internacional y hasta había sido descalificado por la izquierda, comenzando por el gobierno cubano. En sus declaraciones del 26 de octubre, Fidel Castro reveló que aunque no estaban dispuestos a "hacerle el juego al imperialismo" abandonando al pueblo granadino, las relaciones desde la muerte de Bishop entre Cuba y la nueva dirección de Granada, eran "sumamente frías y en cierto modo tensas". En una comunicación del sábado 22 de octubre a los nuevos dirigentes granadinos, Austin y Layne, Castro había dicho las siguientes palabras proféticas: "La situación política creada en el interior (de Granada) por el divorcio del pueblo con motivo de los acontecimientos de la muerte de Bishop y otros dirigentes el aislamiento exterior, etc., debilitan considerablemente la capacidad defensiva del país, consecuencia lógica de los graves errores cometidos por los revolucionarios granadinos. Por esta situación las condiciones militares y políticas actuales son las peores para organizar una resistencia sólida y eficaz contra los invasores, pues sin la participación del pueblo es imposible". Ante esta realidad, La Habana anunció a Granada la imposibilidad de enviar refuerzos militares no solo por la abrumadora superioridad aérea y naval de USA en el área, sino porque "los infortunados acontecimientos ocurridos en Granada hacen imposible moralmente ante nuestro pueblo y ante el mundo el sacrificio inútil que constituiría el envío de tales refuerzos en una lucha contra Estados Unidos".
Dos intervenciones en TV necesitó el Presidente norteamericano para justificar su "hazaña" granadina. En la primera, el mismo martes, el mandatario invocó la necesidad de proteger al millar de norteamericanos que se hallaban en la isla y el restablecimiento de las instituciones democráticas en la isla. Dos días más tarde, justificó la intervención diciendo que Cuba había proyectado ocupar Granada y que había preparativos (como el aeropuerto) tendientes a convertir la isla en una "colonia soviéticocubana". Reagan reiteró su anterior alegación al decir que tras la muerte violenta del primer ministro granadino, el gobierno norteamericano se tornó crecientemente preocupado respecto de los mil ciudadanos norteamericanos que se hallaban en esa nación y que habia temido que la "autoproclamada pandilla de militares" pudiera prohibir su pacifica evacuación. "La pesadilla de nuestros rehenes en Irán no debe repetirse nunca", declaró.
El otro elemento que dejó sentado en su primera intervención fue el pedido que le hicieran urgentemente el domingo 23 de octubre seis gobiernos de la región miembros de la Organización de Estados Orientales del Caribe (OECS), que con unos 300 soldados secundaron a la postre a los "marines" norteamericanos.
¿HUBO UNA RAZON AL MENOS JURIDICA?
Pero ¿se justificaba jurídicamente, al menos, esa intervención? Indudablemente no. El concepto de la defensa de la seguridad de ciudadanos e intereses económicos como justificativo de intervenciones militares es un concepto superado por el principio de la no intervención y del respeto de la legislación y tratados internacionales suscritos por los países, a lo que Estados Unidos no se sustrae. Además, en el plano práctico, se sabía que ninguno de los norteamericanos en Granada llegaron a sufrir amenaza ni herida alguna durante los aciagos días que precedieron a la invasión. Washington además, no intentó verificar con dichos ciudadanos su situación, ni zonminó a Granada a salvaguardiar su seguridad. ¿Pudo haber intentado la dictadura granadina capturar a tales ciudadanos para convertirlos en rehenes y obstaculizar con ellos el avance de los "marines"? Esta mera suposición difícilmente podría ser invocada como razón para el desembarco.
El pedido de algunos gobiernos de la región caribeña tampoco sería una justificación para la intervención. Se sabe que la reunión de los países caribeños nucleados en Caricom, efectuada días antes de los eventos, aunque aprobó condenas al nuevo régimen granadino por el asesinato de Bishop, no produjo acuerdo alguno sobre ninguna acción conjunta. Si hubo un pedido de la OECS, pero ésta no es un tratado militar. Además Barbados, Estados Unidos ni Granada eran miembros de dicha organización.
El eventual uso militar del aeropuerto de Granada pudo haber sido manejado de otra forma. Recuerdese el incidente de los misiles en Cuba en 1961. En esa oportunidad, Estados Unidos pudo obtener su exigencia de cesar el levantamiento de rampas lanzadoras para tales armas sin acudir a una intervención militar directa, sólo con amenazar a Cuba y la URSS de emplear la fuerza. ¿Por qué no se intentó ese disuasivo menos grave con Granada?
Por otra parte, Washington no invocó esta vez al TIAR ni consultó a la OEA, organismos y pactos instituidos con apoyo de Estados Unidos para atender cuestiones relacionadas con la seguridad hemisférica.
LA GEOPOLITICA SE IMNPUSO
¿Qué elemento estuvo pues, realmente, tras la decisión de Reagan de invadir Granada? Puede afirmarse que el Presidente había llegado a un momento crítico en su carrera. Como gobernante del país más poderoso del mundo, no había podido presentar hasta ese momento a sus electores y aliados éxitos apreciables en áreas criticas de la politica exterior, como Nicaragua, El Salvador, el Medio Oriente. Tenia pues que actuar a su manera en alguna parte del globo.
Era obvio que Washington, bajo el efecto acumulativo de las frustraciones desde Vietnam, Irán, etc., estaba buscando desde hacia tiempo un objetivo ante el cual "medir susfuerzas". Finalmente, se le presentó esta isla insignificante en términos militares, con una quiebra interna de su liderato revolucionario, aislada moral mente, etc., y decidió actuar, creyendo que asi "ablandaría" de paso, a lo que él mismo ha llamado el "sedicioso y expansionista eje Moscú-La Habana".
Para muchos analistas tal lógica en la conducción de la primera potencia mundial, implica una alta peligrosidad para las relaciones internacionales. SEMANA habló al respecto en Washington con Viron Vaky, ex subsecretario de Estado para América Latina, y aunque el señaló que la intervencion había partido de una preocupación legitima sobre la seguridad de los ciudadanos norteamericanos en esa isla, y de la necesidad de deprimir la influencia soviética y cubana en el continente, los efectos que tal acción tendrá para Estados Unidos serán "muy adversos" especialmente ante los paises de habla hispana en el continente y la comunidad británica. En cambio, en Washington, el embajador norteamericano en Colombia, Lewis Tambs, dio a SEMANA otra perspectiva. En su opinión, esa acción va a reproducir "buenos resultados" en las negociaciones de paz en Centroamérica, "así como las maniobras en Honduras pudieron haber llevado a la guerrilla salvadoreña a dialogar con nosotros". En otras palabras, la ley del garrote seria recurso más útil que la legislación internacional y el diálogo civilizado para llegar a soluciones en el ámbito interamericano. Si esa moral se impone definitivamente, el futuro nada tiene que ofrecernos a nuestro continente. -
UNA AMPLIA REPROBACION MUNDIAL
"La más grande nación del mundo invade a uno de los países más débiles. Esta es sin duda la imagen que va a simbolizar, para la posteridad, la poca gloriosa intervención de los "marines" en Granada". Con estas palabras el diario francés "Le Monde" se sumaba, el jueves pasado, al clima antinorteamericano que se generalizó en Europa y América ante los hechos de la invasión a la pequeña isla del Caribe Oriental.
Veamos cómo fueron esas protestas en algunos paises.
Inglaterra, que durante la administración conservadora ha mantenido una larga luna de miel con Washington, ahora deja ver que ese idilio puede ser frágil. La Reina Isabel II en su calidad de jefe de la Comunidad Británica a la que pertenece Granada, expidió una declaración en la que condenó fuertemente la invasión pese a que los norteamericanos habían informado a Londres su propósito, unas horas antes. La primera ministra Margaret Thatcher quien antes del suceso pidió a los norteamericanos "sopesar las consecuencias" de tal acción, pero que no criticó la invasión fue calificada por ello por la oposición laborista como el "obediente cachorro de Reagan".
El moderado diario "The Times" afirmó por su parte que "los comunes están disgustados por la incapacidad británica para contener a Washington". Denis Haely alto dirigente del Partido Laborista no vaciló en señalar que gracias al desembarco "ha dejado de existir la relación especial entre los gobiernos de Gran Bretaña y Estados Unidos". Téngase en cuenta que estos altercados USA-lnglaterra ocurren una semana antes de la fecha prevista para la llegada de los misiles "Cruise" a territorio británico acuerdo que de por si ha desatado ya numerosas manifestaciones pacífistas en las calles londinenses.
Alemania y Francia. Mientras el gobierno demócrata-cristiano de Helmut Kohl pedía timídamente el retiro de las tropas norteamericanas de Granada, apenas "cumplido el objetivo de salvaguardar la seguridad de los ciudadanos norteamericanos", la opositora Social Democracia y Los Verdes se desataban contra los Estados Unidos. Los primeros hablaron de "un día negro para la Alianza Occidental" y los segundos acusaron al canciller Kohl de "confiar el destino de nuestro país a este vaquero de celuloide ansioso por desenfundar el revólver". En París, el clima antinorteamericano rápidamente surgió y los comunicados de condena de la invasión del presidente Mitterrand, y de los manifestantes en frente de la embajada norteamericana, no se hicieron esperar.
Los soviéticos, a través de Tass, afirmaron que el objetivo de la inteNención norteamericana era "poner fin al proceso revolucionario en Granada y someter nuevamente al país al dominio neo-colonialista". Las autoridades del Kremlin consideraron como "muy grave" la intervención de fuerzas "increíblemente superiores" a las que defendían a Granada, y aseguró que ella era el primer paso de nuevas acciones militares contra los gobiernos "indeseables".
En Libia el coronel Kadafi mandó un mensaje desde Trípoli, al Consejo de Seguridad en las Naciones Unidas declarando que la invasión eliminaba la esperanza de que las naciones pequeñas vivieran libremente. "La llegada de gente como Reagan al poder en un país agresivo como Estados Unidos, es un indicio de la derrota de la humanidad... Nada puede rescatar a la humanidad y la movilización actual sepultada, sino una alianza internacional para invadir a Estados Unidos e imponer los principios de libertad y justicia y purgar el espíritu fascista en los Estados Unidos, que se ha tornado en una amenaza para la libertad de todas las naciones pequeñas y la paz mundial" El grupo de Contadora: México, Venezuela, Colombia y Panamá, se pronunciaron en contra de la invasión. México, a través del senado condenó la ocupación armada como un acto "anti-jurídico y vergonzoso" y demandó el retiro de las tropas, mientras en las calles, el Movimiento por la Paz, los partidos de izquierda y las organizaciones sindicales, realizaron una manifestación de más de 10.000 personas en la capital federal.
Nicaragua, realizó una marcha multitudinaria encabezada por la junta de gobierno sandinista. "Es una nueva manifestación de la permanente arrogancia de los Estados Unidos", dijo el canciller D`Escoto. "Debemos acelerar nuestra preparación y organización, en espera de una eventual aventura intervencionista de Norteamérica en Nicaragua".
En Cuba, donde hubo una inmensa concentración, Fidel Castro señaló: "Si se quiere evitar más derramamiento de sangre, deben cesar los ataques contra personal cubano y granadino que aún combate. Nosotros hicimos lo posible por evitar los hechos, pero lo que no podíamos decirles a nuestros compatriotas, era que dejaran de defenderse,,. "Han invadido Granada invocando falsos pretextos, como siempre lo han hecho a lo largo de la historia imperialista de los Estados Unidos, violando la carta de la ONU y de todos los organismos internacionales", dijo el ministro de la cultura cubano en Paris.
República Dominicana, invadida por los Marines en 1965, rechazó la insursión norteamericana, mientras cientos de manifestantes, protestando contra los Estados Unidos, chocaban con los efectivos de la policía.
Brasil, Ecuador, Perú y Bolivia calificaron los sucesos de "lamentables" y abogaron por la utilización de sistemas regionales que eviten esos censurales sucesos.
Chile y Argentina, criticaron a su turno la aventura norteamericana. En Granada y reiteraron el principio de la no intervención.
El Movimiento de paises No Alineados, se mostró preocupado por el auge de las politicas coloniales y enfatizó: "Hoy es Granada, mañana puede ser cualquiera de nosotros".
Las excepciones a estas críticas fueron pocas. EL gobierno de Protugal apoyó la invasión diciendo que la acción militar se produjo para "defender el restablecimiento de la normalidad" en la isla.
Costa Rica y El Salvador, guardaron curioso silencio. El presidente costarrisense Luis Alberto Monge se abstuvo de opinar diciendo: "No podemos inmiscuirnos en las decisiones que han tomado esas naciones vecinas de Granada, ni entrar a opinar sobre si se hizo bien o mal".
UNA HISTORIA DE INVASIONES EN LA REGION
Los Estados Unidos han intervenido militarmente en numerosas ocasiones desde principios de siglo en América Central y el Caribe. A continuación presentamos un balance de las intervenciones directas no teniéndose en cuenta las realizadas indirectamente, como por ejemplo, el fallido desembarco de los cubanos anti castristas en la Bahía de Cochinos, o el golpe de Estado propiciado para derribar al gobierno legalmente elegido en Guatemala, en 1954.
ANTECEDENTES
De 1900 a 1902: ocupación de Cuba.
1903: intervención armada en Panamá.
1904: intervención en República Dominicana.
De 1906 a 1909: nuevamente intervención en Cuba.
1909: intervención en Honduras.
1910 y luego de 1912 a 1913: diversas intervenciones militares en Nicaragua.
1911: Las fuesas norteamericanas ejercen diversas presiones en Honduras, Nicaragua y República Dominicana, para recuperar bienes financieros de los Estados Unidos.
1912 a 1917: nueva intervención militar en Cuba.
1914: otra vez intervención militar en República Dominicana.
Del 21 de abril de 1914 al 23 de noviembre del mismo año: los "marines" ocupan Veracruz, en México.
1914: fuerzas militares norteamericanas desembarcan en Haití y se quedan hasta 1934.
1916: el general Pershing penetra en territorio mexicano para "castigar" a Pancho Villa.
De 1916 a 1924 los "marines" ocupan República Dominicana.
De 1922 a 1924 y luego de 1926 a 1933 los "marines" invaden Nicaragua.
1965: en abril el presidente Johnson decide una intervención armada masiva en República Dominicana donde un levantamiento militar y civil reclamaba el regreso al poder del ex presidente Juan Bosch. A mediados de mayo había más de 40 mil soldados norteamericanos ocupando Santo Domingo donde las fuerzas del coronel Caamaño se enfrentaron a una Junta Militar instaurada y apoyada por los Estados Unidos.
La sublevación fue finalmente aplastada.
Tomado de "Le Monde" 27 octubre 1983.
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