Sábado, 25 de octubre de 2014

| 1992/02/24 00:00

ORDEN DE DISPARAR

HASTA DONDE HAY OBLIGACION DE CUMPLIR LAS ORDENES SUPERIORES? LA CONDENA DE DOS GUARDIAS ESTEALEMANES REVIVE EL DEBATE

ORDEN DE DISPARAR

FUE UNA MUERTE IRONlca. El 10 de febrero de 1989 Chris Gueffrov, un mesero de 20 años de edad nativo de Berlín Oriental, intentó cruzar el muro que le separaba de la parte occidental de la ciudad. A menos de 40 metros de distancia, los guardias de fronteras Ingo Heinrich y Andreas Kuhnpast le conminaron a detenerse. Cuando el joven fugitivo desoyó sus gritos, se escucharon varios disparos. Nadie lo sabía aún, pero el hombre que quedó tendido en el "corredor de la muerte" sería la última de las 200 víctimas de la separación forzada de las dos Alemanias. Nueve meses más tarde, miles de jóvenes como Gueffroy celebrarían la caída del muro de la infamia y atravesarían con toda tranquilidad una frontera hasta entonces letal.
La tragedia de Gueffroy revivió la semana pasada, cuando fueron condenados los dos guardias que hicieron los disparos. Ingo Heinrich pasará tres años y medio en la cárcel por homicidio no premeditado y Andreas Kuhnpast soportará solamente una sentencia suspendida, porque no apuntó directamente a la víctima. Dos de sus comandantes fueron sobreseídos, por no haber dado específicamente la orden de matar.
La condena se convirtió en una espada de Damocles para la mayor parte de la oficialidad este alemana de la época, y puso sobre el tapete un debate legal que tiene sus raíces en el famoso proceso de Nuremberg.
Heinrich se declaró inocente de los cargos porque "estaba siguiendo las leyes y comandos de la República Democrática Alemana". Los abogados argumentaron que sólo los altos funcionarios que expidieron las órdenes deberían ser responsables de las muertes resultantes. El juez Theodor Seidel opinó, sin embargo, que los guardias tenían la "obligación de desobedecer la política mortal del gobierno comunista para quienes intentaran saltar el muro" y que disparar contra conciudadanos que sólo querían salir del país era, como los crímenes de los nazis, "contrario a la esencia de los derechos humanos". Las leyes de Alemania Oriental permitían específicamente el uso de la fuerza para evitar el cruce de fronteras, pero para Seidel "No todo lo que es legal es justo ".
Por otro lado, consideró que la distancia a la que se hicieron los disparos convirtieron el hecho en una virtual ejecución.
Pero como dijo uno de los defensores, "es muy fácil hablar ahora de leyes superiores, pero esos muchachos crecieron en la RDA, en sus instituciones y creencias, y consideraban su ley la única existente". La condena implica conceptos básicos del derecho, como que para castigar a alguien de un delito, la norma correspondiente debe existir con anterioridad al hecho. Por otra parte, queda en entredicho el concepto de obediencia debida a un gobierno que se percibe como legítimo.
El fallo abre las puertas para el procesamiento de cientos de funcionarios acusados no sólo de disparar sobre los fugitivos, sino de otros procedimientos usuales en la RDA, como los tratamientos siquiátricos injustificados las adopciones forzadas, etc. Uno de los mayores afectados es el propio ex líder del país Erich Honecker, quien lucha desde la embajada chilena en Moscú para no ser extraditado a Alemania.

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