Jueves, 19 de enero de 2017

| 2000/03/06 00:00

A oscuras

Tras las primarias de New Hampshire no hay nada seguro en el proceso electoral norteamericano.

A oscuras

Hasta el martes de la semana pasada los analistas de Estados Unidos aseguraban que la competencia por la Casa Blanca se iba a definir en noviembre entre el vicepresidente Al Gore, por el lado demócrata, y el gobernador de Texas, George W. Bush, por el republicano. Tras unos resultados muy normales en Iowa esperaban que uno y otro despacharan a sus adversarios internos y se centraran en la contienda bipartidista. Pero los resultados de las primarias de New Hampshire, consideradas como un indicio importante, echaron por tierra esa presunción.

Por el lado republicano, el senador John McCain no sólo le ganó a Bush sino que le tomó una ventaja porcentual de 18 puntos. Al favorito demócrata no le fue tan mal. Al fin y al cabo Gore le ganó a su oponente el ex basquetbolista profesional Bill Bradley. Pero lo hizo por una ventaja tan insignificante que las sonrisas de los integrantes de su staff resultaban forzadas.

La primera conclusión es que se confirma que, en la era pos Clinton, no hay nada mejor que presentarse como el enemigo número uno de la política tradicional para conseguir simpatías. Tanto McCain como Bradley, que pertenecen o han pertenecido al Congreso y tienen una amplia carrera como políticos profesionales, lanzaron la carta del hombre espontáneo y honesto, el ‘antipolítico’, y la jugada les salió.

La segunda, que es consecuencia de la primera, es que el papel de los independientes pesó mucho en ambos partidos, aunque según parece con mayor fuerza entre los republicanos. Eso llevó al curioso espectáculo de ver a los activistas de dos personas muy diferentes, McCain conservador y Bradley liberal, en busca de los mismos votantes.

Pero los resultados, aun tratándose de New Hampshire, por lo pronto lo único que consiguieron fue encender las señales de alarma en las campañas de Bush y Gore. Después de todo en la orilla republicana George W. Bush sigue teniendo a su favor las encuestas en las que parece ser el más opcionado para vencer a Al Gore, y en la demócrata éste de todos modos tiene la ventaja de haber picado en punta, así su ventaja haya sido menor de la esperada.

En medio de todo ello el tamaño de las arcas de campaña vuelve a jugar un papel crucial. Bush puede haber perdido con MacCain pero la plata le alcanza para muchos más comerciales de televisión. Gore, en cambio, aunque no dispone de esa ventaja ante Bradley, lo compensa con tener a su favor la poderosa y aceitada maquinaria de los sindicalistas y los funcionarios demócratas en el gobierno.

Aunque Bush ha dicho que en chico largo hay desquite y Gore parece muy confiado, lo cierto es que su aura de invencibles ya no los acompaña como antes. De ahí que intentarán a como dé lugar evitar un nuevo éxito de sus contendores, lo que en el caso de Bush podría resultar crucial. Y ello augura que de aquí al ‘supermartes’ del 7 de marzo el tono va a subir y los agravios van a estar a flor de labios.

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