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| 4/22/1996 12:00:00 AM

OTRA VEZ PEROT?

DE NUEVO, COMO EN 1992, ROSS PEROT AGITA EL AMBIENTE ELECTORAL ESTADOUDINENSE CON SUS AMENAZAS DE LANZARSE A LA PRESIDENCIA.

Desde cuando comenzó su carrera hacia la candidatura republicana a la presidencia de Estados Unidos, Bob Dole no ha podido pasar una noche sin sobresaltos. Primero fue la irrupción en la campaña del empresario Steve Forbes, quien le inquietó con una propuesta novedosa y muchos millones para gastar. Después fue el comentarista ultraconservador Pat Buchanan, quien con un mensaje populista se convirtió en una amenaza en las encuestas. Dole se las arregló para dejar atrás a esos contendores y la semana pasada, cuando aún no se habían realizado las primarias de California, se había convertido en el seguro aspirante a enfrentar al presidente Bill Clinton en noviembre próximo. Una situación que, aun antes de ser oficial, había sido reconocida de hecho por el departamento de Estado, que le asignó protección del servicio secreto desde la semana pasada.Pero ni eso fue suficiente para que el viejo senador durmiera tranquilo. Porque cuando por fin todo parecía ir sobre ruedas, reapareció un personaje que muchos creían olvidado para siempre: el multimillonario texano Ross Perot, el mismo que animó las elecciones presidenciales de 1992.El martes de la semana pasada Perot produjo conmoción al anunciar su disposición para un nuevo intento por llegar a la Casa Blanca. "No me puedo quedar cruzado de brazos y ver que la situación se deteriora sin hacer todo por ponerla en orden", dijo a la emisora de radio WOAI de San Antonio. Aclaró que su 'Partido Reformista' tiene varias figuras presidenciables y que él sólo asumiría la candidatura si una "convención nacional vía satélite" lo escoge.Pocos creyeron, sin embargo, que si efectivamente ese 'partido' decide lanzar un candidato, éste no sea el propio Perot, quien no sólo ha dirigido con recursos propios la inscripción, que ya es oficial en los estados de Florida y Nueva York, sino que dispone de la combinación mágica de enormes recursos y una figura reconocida, lo que elimina hipotéticos rivales. Al fin y al cabo gastó 70 millones de dólares propios para alcanzar, con el 19 por ciento de los votos, un gran tercer lugar para un independiente, detrás de Bill Clinton y George Bush.Lo que causa la nueva angustia de Dole es que el electorado de Perot parece ser más de origen republicano que demócrata. Una encuesta realizada por el periódico Los Angeles Times mostró que la candidatura de Perot afectaría más a Dole que a Clinton en California, un estado crucial. El sondeo indicó que Clinton derrotaría a Dole 58 a 37 por ciento si la elección fuera entre esos dos candidatos. Pero también sugirió que, con Perot de por medio, los californianos darían un 52 por ciento a Clinton, un 30 a Dole y un 15 a Perot. El propio Dole admitió que una candidatura de Perot "ciertamente ayudaría a las aspiraciones de reelección de Bill Clinton".El enigmaCon el panorama electoral en ese estado, y mientras los estadounidenses analizaban las respuestas equívocas de Perot en la entrevista del viernes en el programa de Larry King (donde hace cuatro años lanzó su candidatura), muchos recordaban la actuación del singular personaje en la anterior campaña electoral, cuando tal vez sin quererlo favoreció la elección de Bill Clinton. En esa ocasión Perot protagonizó una campaña rocambolesca, iniciada a comienzos de 1992, la que abandonó a mediados del año cuando su impulso inicial, su retórica incendiaria contra la política tradicional y su habilidad para acuñar frases impactantes dieron paso a las crecientes críticas de quienes señalaron que Perot estaba más motivado por su ambición de lucimiento que por la real intención de ser presidente de Estados Unidos. En efecto, para junio de 1992 ya se sabía que Perot no era capaz de desarrollar un diálogo constructivo, ni de producir un estudio profundo de su tema preferido, el déficit presupuestal, ni de presentarse en un foro que no estuviera dominado por sus seguidores, pero sí era muy capaz de hacer espiar a cualquiera, ya fuera en el campo de los negocios, en el político y hasta en el familiar. Perot abandonó entonces sus aspiraciones, sólo para reasumirlas unas cuantas semanas antes de las elecciones, según él, a petición de sus seguidores. Para ello contó con que un grupo de éstos, 'por su propia cuenta', habían continuado la inscripción de su nombre en los 50 estados.En esa época corrió la versión de que Perot se había embarcado en su candidatura movido por su odio hacia George Bush, que habría nacido años antes, cuando el entonces vicepresidente le notificó que la administración Reagan desaprobaba sus gestiones para descubrir hipotéticos soldados norteamericanos prisioneros en Vietnam 10 años después de la guerra. Un tema al que Perot se había dedicado con obsesión enfermiza.Ese mismo Perot, muchas veces caracterizado como una especie de inspector de caricatura, está removiendo de nuevo la escena política con su cuento populista de tono antipolítico, apoyado en la ascendencia que tiene en sectores descontentos. La pregunta es hasta dónde llegará esta vez en una actitud que algunos han calificado como una forma de jugar con el sistema democrático de Estados Unidos, y qué será lo que persigue esta vez.
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