Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/09/08 00:00

Otro campanazo

Los atentados frustrados en Alemania y Dinamarca recordaron la permanente amenaza del terrorismo al territorio europeo.

Dos de los tres presuntos terroristas son alemanes conversos al Islam y uno es turco.

Pocas veces el arresto de tres jóvenes en una casa de vacaciones en una villa alemana podrá causar el alboroto que produjo la operación del martes pasado. Tan pronto se conoció la noticia, los fantasmas de los atentados de Madrid, en 2004, y Londres, en 2005, comenzaron a deambular por las redacciones de la prensa europea. El titular de El País de Madrid lo decía todo: 'La Policía alemana frustra su 11-M'. Y es que, basados en la cantidad de material, muchos observadores aseguran que el ataque que planeaban estos islamistas radicales habría hecho palidecer a cualquiera de los dos anteriores. Al parecer, los objetivos incluían el aeropuerto de Fráncfort y una base aérea estadounidense. A eso se sumó que las autoridades danesas anunciaron el día anterior el arresto de ocho jóvenes musulmanes en Copenhague, con lo que habrían evitado un atentado por tercera ocasión en igual número de años.

La Policía cree que los sospechosos planeaban hacer coincidir su ataque con el aniversario de los del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono y los arrestos fueron una bofetada para la opinión pública. Aunque en los años 70 el país experimentó su cuota de terrorismo doméstico con las Brigadas Rojas, los alemanes se creían a salvo de la amenaza. Como recordó uno de los columnistas de The Guardian, "Alemania era uno de los últimos enclaves en Europa donde la 'guerra contra el terrorismo' aparentemente no había penetrado. Era acogedor, confortable y seguro. Berlín, en particular, parecía un refugio bucólico".

La razón era débil: el gobierno alemán se opuso a la guerra de Irak y nunca envió tropas, a diferencia de Londres, Madrid y Copenhague. Sin embargo, sí envió tropas a Afganistán, y otra de las hipótesis de los investigadores es que el atentado pretendía influir sobre el debate acerca de la retirada de los 3.000 soldados alemanes en el Asia Central.

Lo más preocupante es el perfil de los presuntos terroristas. Dos de ellos son alemanes convertidos al Islam y el tercero es uno de los casi tres millones de turcos que habitan en el país. En total, en Alemania habitan 3,3 millones de musulmanes, de los cuales 18.000 son alemanes convertidos. Y ya ha habido más de un reporte sobre jóvenes alemanes que van a campos de entrenamiento en Pakistán.

La mayor sorpresa corrió por cuenta del líder del grupo, Fritz Gelowicz, nacido en Munich hace 28 años. A pesar de su nombre típicamente alemán, para sus socios él era Abdullah. Se habría convertido en la adolescencia y hacía parte del bloque de islamismo duro de la ciudad de Ulm que preocupa a las autoridades alemanas. Después de viajar a Arabia Saudita para peregrinar, y a Siria para estudiar árabe, se habría enrolado en un campo de entrenamiento de la Unión de la Yihad Islámica, una organización que lanzó varios ataques en Uzbekistán en 2004.

"El retrato esbozado por documentos legales y entrevistas con funcionarios de inteligencia es el de un hombre joven agitado por problemas en el matrimonio de sus padres, rápidamente adoptado por fuerzas que lo torcerían hacía su agenda", aseguraba un reportaje de The New York Times. "Ellos lo convirtieron no sólo un soldado voluntarioso, sino en un líder capaz". Según las autoridades, Fritz reunía mucho odio y sangre fría.

Precisamente por sus antecedentes, las autoridades le hacían seguimiento y lo habían detectado merodeando las instalaciones militares estadounidenses cerca de Fráncfort a finales de 2006, pero prefirieron no intervenir. Durante un semestre vigilaron a los sospechosos e incluso les habrían cambiado los químicos con los que pretendían fabricar las bombas por otros de menor concentración.

Además de la pérdida de la inocencia para los alemanes, el incidente reavivó la pregunta sobre el próximo atentado terrorista y lo que los países europeos, que tienen un enorme respeto por la esfera privada, están dispuestos a sacrificar a cambio de seguridad. "Probablemente es imposible detener todos los grandes ataques terroristas. Necesitamos valorar constantemente los riesgos de estos ataques y darnos cuenta de que muy pocos seremos directamente afectados por el terrorismo", dijo a SEMANA Charles D. Ferguso n, experto en terrorismo del Council on Foreign Relations de Estados Unidos. "Sin embargo, somos indirectamente afectados por el costo que requiere proteger a nuestra sociedad. Necesitamos encontrar una manera de vivir con este riesgo sin dar a los terroristas tanto control sicológico sobre nuestras vidas".

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