Sábado, 20 de diciembre de 2014

| 2013/04/12 00:00

Pablo Neruda: ¿muerte natural o asesinato?

Un testimonio clave asegura que el poeta fue asesinado. Los resultados de la exhumación reescribirían la historia de Chile.

La exhumación de Pablo Neruda se realizó el lunes en una hora y 18 minutos. Los resultados pueden tardar varias semanas. Foto: .

Desde la familia hasta los biógrafos más rigurosos del poeta Pablo Neruda afirman sin vacilación que murió de cáncer de próstata el 23 de septiembre de 1973. El chileno había pedido ser enterrado en su casa en la localidad de Isla Negra, sitio que se convirtió en un museo que recibe a miles de personas cada año para celebrar al ganador del Premio Nóbel, y allí descansa desde hace cuatro decenios. Pero su tranquilidad terminó esta semana cuando peritos exhumaron el cuerpo por petición del juez Mario Carroza.

No se trata de un capricho, sino de una grave acusación que hizo Manuel Araya, el chofer del poeta. “Pinochet cometió un grave error al mandar asesinar a Neruda”, aseveró. Según él, una inyección letal acabó con la vida del autor de Canto general 12 días después de que el dictador Augusto Pinochet llegó al poder. El conductor asegura que aunque la salud del escritor se había deteriorado, llegó estable a la clínica Santa María de Santiago y que solo después de la inyección se empezó a sentir muy mal.

La cosa no hubiera pasado a mayores de no ser por unas extrañas coincidencias que reveló el chofer. Él insiste en que Neruda ya temía por su vida, pues como embajador del asesinado presidente Salvador Allende, era un objetivo del régimen. Por eso, planeó irse a México. Sin embargo, antes de que Araya pudiera llevarlo al aeropuerto, los médicos le pidieron que consiguiera un medicamento fuera del hospital. Al salir, la Policía lo detuvo sin razón alguna y su jefe murió antes de que él pudiera regresar.

Aunque la versión despierta toda clase de sospechas, no será fácil comprobarla, pues las únicas personas que podrían corroborarla –Matilde Urrutia y Laura Reyes, la esposa y la hermana del poeta– ya murieron. Tampoco existen registros médicos del chileno, y los especialistas que lo trataron, cuyas declaraciones se contradicen, también fallecieron. Esas circunstancias llevaron al juez Carroza a permitir la exhumación del escritor. Pero el reto no para ahí, pues incluso los análisis forenses que se hagan hoy pueden no ser concluyentes. “Cuando el cadáver tiene todo su tejido blando dice muchas más cosas y se puede hacer un análisis muy riguroso. Pero después de 40 años, será difícil dar con las causas precisas de la muerte”, dijo a Semana.com la antropóloga forense Ana Carolina Guatame.


Pablo Neruda murió pocos días después de que Augusto Pinochet subiera al poder en Chile.


Y como si la situación no fuera lo suficientemente compleja, la familia también tiene posiciones encontradas al respecto. Rodolfo Reyes, un sobrino de Neruda que apoya la iniciativa, dice: “Queremos que se busque y se sepa la verdad”. Sin embargo, Bernardo Reyes, otro sobrino, está en desacuerdo: “La dictadura no tuvo nada que ver en eso. Entre el 73 y el 76 no hubo un solo crimen mediante inyecciones letales. De esto se ha hecho un circo del cual no quiero ser parte”. Circo o no, la investigación continúa. Las muestras se analizarán en un laboratorio fuera de Chile con tecnología de punta para esclarecer las causas de la muerte del poeta y el país entero espera con ansias los resultados que pueden reescribir un capítulo de su historia.

No descansaron en paz


Aunque parece una práctica extraordinaria, las exhumaciones son comunes y muchos han sido removidos de sus tumbas. Yasser Arafat fue sometido a un segundo análisis forense para comprobar si había sido asesinado, investigación que aún no concluye. También se exhumó el cuerpo del bandolero estadounidense Jesse James, pues se creía que no había fallecido sino que buscaba eludir a la justicia. Las pruebas de ADN determinaron que sí era él. Y uno de los casos más curiosos es el del emperador de Etiopía y fundador del rastafarismo Haile Selassie que murió en un golpe militar. Fue enterrado en una letrina del palacio real y solo años después descubrieron sus restos. Aunque los exámenes indicaron que era él, sus seguidores lo niegan porque están convencidos de que su cuerpo subió al cielo.

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