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| 11/27/1989 12:00:00 AM

Palabras, tan sólo palabras

Las gestiones cafeteras fueron lo único concreto de la cumbre de San José, caracterizada por la retórica y las palmaditas en el hombro.

Dicen que el presidente nicaraguense, Daniel Ortega, andaba escondido detrás de cada puerta, esperando el paso de su colega norteamericano George Bush para detenerlo, darle la mano y obligarlo a posar sonriente ante los fotógrafos como si estuvieran dialogando, como si Bush hubiera aceptado al final una aplazada reunión que Ortega esfaba desesperado por realizar. Se dieron la mano, intercambiaron saludos y durante esos pocos segundos Ortega aprovechó para ponerle una queja: a pesar de los acuerdos, los "contras" han intensificado sus acciones militares en Nicaragua. Bush escuchó la traducción, no respondió y se despidió.
Si alguien quiere una imagen concreta de los logros y alcances de la reunión de 17 presidentes en la hermosa y cálida ciudad de San José, Costa Rica, ese diálogo que no era diálogo, esa cordialidad que tampoco lo era y ese encuentro forzado por la cortesía y las circunstancias resumen bien los alcances de una cita que buscaba celebrar los 100 años de la democracia en ese pequeño país donde no existe ejército, donde los gastos policiales no superan el uno por ciento del presupuesto nacional y donde uno de los mayores dolores de cabeza está representado por los miles de refugiados centroamericanos que buscan asilo todos los días, huyendo de los conflictos de sus países.
Al final de ese encuentro de tres días, durante el cual se inauguró una enorme plaza que costó unos 500 millones de pesos colombianos, todos coincidían en que el logro más importante de la cumbre había sido el consenso de reactivar el Pacto Cafetero, y en esos términos el presidente Virgilio Barco expresó: "Me siento satisfecho con los resultados de los diálogos sostenidos sobre el tema del café, estamos reconstruyendo la unidad de los países productores y dentro de pocos días realizaremos una reunión de los productores latinoamericanos con el fin de recuperar la vigencia del acuerdo". Evitar el desplome de los precios, regresar al Pacto, volver al diálogo entre productores y consumidores: esos fueron los grandes logros de una reunión a la cual no fueron invitados los mandatarios de Chile, Cuba, Haití y Panamá (los representantes de la oposición panameña se codearon con los mandatarios mientras el general Manuel Antonio Noriega redoblaba el cerco contra los corresponsales extranjeros, cerrando las oficinas de la United Press y dejando en el aire, tácita, la amenaza contra los demás corresponsales) no asistieron voluntariamente por razones internas Bolivia, España, Guatemala,.Perú, Portugal, República Dominicana y Surinam.
Los presidentes de Colombia y Estados Unidos fueron los más protegidos y las medidas de seguridad desarrolladas por cuatro mil efectivos de la Guardia Civil, Guardia de Asistencia Rural y otros cuerpos de vigilancia, en una población que sólo llega a 3 millones de habitantes, provocaron profundo malestar en esta. Para la muestra el ex presidente Rodrigo Carazo, invitado a los actos oficiales, se excusó de asistir como protesta por la pésima imagen de inseguridad que estaba dándose de Costa Rica ante el mundo.
La oratoria política, típicamente latinoamericana, no podía faltar en San José. En la ceremonia de inauguración de la cumbre, el presidente Oscar Arias exigió un nuevo entendimiento entre los ricos y los pobres: "Estamos cansados del mundo de la denuncia. Queremos un mundo de resultados. Llevamos cuarenta años denunciando la pobreza y la pobreza sigue aumentando; cuarenta años denunciando las disigualdades y las desigualdades siguen aumentando. Hagamos que caigan los dogmatismos para que un nuevo entendimiento nos permita trabajar por mejores soluciones".
Y como no todo tenía relación con el romanticismo ideológico, Arias también anunció el que se consideró el regalo norteamericano por el centenario de la democracia en su país: la renegociación de la deuda costarricense a través del Plan Brady, deuda que llega a los 4.600 millones de dólares y que quedó reestructurada.
En el mismo discurso de inauguración, Arias destacó el papel que Colombia y la administración Barco han asumido en la lucha mundial contra la droga y esas palabras provocaron unos dos minutos de aplausos.
El presidentre George Bush, cauteloso en sus declaraciones públicas, retórico y sin ganas de comprometerse oficialmente en nada, dijo varias veces que "las Américas pueden convertirse en modelo para el resto del mundo en cuanto a una auténtica colaboración entre los mundos desarrollado y en desarrollo, donde el comercio sea libre, la prosperidad sea compartida y los beneficios de la tecnología sean para todos". Su colega Daniel Ortega, seguramente molesto por la inutilidad de sus esfuerzos por conversar con Bush, comentaría después:
"Ojalá el señor Bush pase de las palabras a los hechos y espero que entienda que es necesario un diálogo real con América Latina, para que se establezca una verdadera relación entre socios, como él mismo dice".
Entre partidas de tenis, caminatas al aire libre, visita a los lugares más hermosos de San José, encuentros con los costarricenses desde bien protegidos balcones, actos de inauguración de la Plaza de la Democracia, los periodistas tenían sus favoritos para acosar: el presidente Barco Vargas dialogando con su colega brasilero acompañado por su canciller y el gerente de la Federación de Cafeteros (fue la delegación más pequeña, mientras otras misiones contaban con centenares de personas que arrasaron con la escasa capacidad hotelera de San José); el presidente Bush recibiendo a Violeta Chamorro, quien derrochó simpatía con todos los que querían saludarla y hablarle, y a los representantes de la oposición panameña, pero evitando hasta el momento el apretón de manos en público, cualquier roce con Daniel Ortega; el presidente Menem afirmando que "cada país debe enfrentar por su lado el problema de la deuda externa, porque este es un conflicto que no puede negociarse de manera conjunta"; el presidente de El Salvador, Alfredo Cristiani, mezclando el problema de los precios cafeteros con el número de muertos que la guerra civil ha ocasionado en el pequeño país; el presidente electo de Panamá, Guillermo Endara, acusando al canciller colombiano de "tacaño" por no haber actuado con más firmeza contra Noriega en el seno de la OEA; el presidente Daniel Ortega anunciando el final del cese al fuego como respuesta a las actividades de los "contras" y así, sucesivamente, cada presidente, cada mandatario llevaba un tema específico que soltaba reiteradamente ante los periodistas, para quienes después de esas 72 horas de sonrisas, ceremonias y comidas en las que predominaron los platos internacionales y no los regionales, la cumbre de San José puede exhibir estos logros noticiosos:
- Los países productores latinoamericanos se reunirán muy pronto para plantear internacionalmente una nueva estrategia para reactivar el Pacto Cafetero y mejorar los precios;
- El presidente Bush mantendrá su línea dura con los sandinistas; hubo consenso en la necesidad de no bajar la guardia en la lucha contra la droga pero es necesaria otra reunión en la cual estén presentes países productores como Perú y Bolivia;
- La imagen de Colombia y el presidente Barco Vargas en ese último terreno se mantienen incólumes;
- Las reuniones de Bush con los opositores de Panamá y Nicaragua indican el rumbo futuro de las relaciones de Washington con esos gobiernos;
- El ingreso de Canadá a la OEA;
- Los políticos latinoamericanos son y seguirán siendo retóricos y exhibicionistas líricos, como lo prueba la mayoría de los discursos pronunciados.
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