Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/03/18 00:00

Palacio tambalea

Los indígenas amenazan al presidente Palacio si firma el TLC, mientras un grupo de militares estaría planificando la salida del mandatario ecuatoriano. La crisis es grave.

La popularidad del presidente Alfredo Palacio llega apenas al 14 por ciento

Con disturbios y protestas que atenazan al país, la situación en Ecuador se deteriora cada vez más y el presidente Alfredo Palacio, como ocurrió a todos sus antecesores en los últimos seis años, está en el filo de la navaja. El movimiento indígena -apoyado por los organismos de derechos humanos- quiere "que Palacio se vaya a su casa", mientras sectores militares están planificando el desalojo del poder del primer mandatario (ver recuadro). Para completar, el ministro de Gobierno, Alfredo Castillo, renunció a su cargo por negarse a reprimir a los indígenas, en un gesto que los analistas tacharon de "desleal" y que aumentó la incertidumbre del alto gobierno. El parecido de Ecuador con los famosos failed states, o estados fallidos, es cada vez más evidente.

Y es que la crisis de gobernabilidad es angustiosa. Desde el lunes, las comunidades indígenas decidieron cerrar la Carretera Panamericana y otras vías importantes, para demandar al gobierno su retiro de todas las negociaciones del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.Pero no sólo el TLC molesta a los aborígenes. También reclaman la expulsión de la petrolera estadounidense Oxy, la nacionalización del petróleo y la anulación de un acuerdo antidrogas que permite a Washington el uso de la base militar de Manta hasta el año 2009, y que Ecuador no se involucre en el Plan Colombia. Luis Macas, presidente de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie) dijo a SEMANA que "las movilizaciones están demostrando la unidad indígena, para defender la soberanía nacional". Macas exige una consulta popular sobre el TLC, cuya última ronda de negociaciones está prevista para el 23 de este mes en Washington.

El dirigente indígena advirtió también que los legisladores de Pachakutik (el brazo político de los aborígenes) llevará a juicio en el Parlamento al presidente Alfredo Palacio por traición a la patria. El proceso terminaría con la destitución del jefe de Estado, que asumió el 20 de abril de 2005 tras el derrocamiento de Lucio Gutiérrez y cuya popularidad ha bajado al 14 por ciento. Palacio, por su parte, parece estar entre la espada y la pared: si firma, se va del poder, y si no lo hace, el país podría caer en la mayor crisis económica de su historia, según predicen los gremios empresariales. "Quedarnos fuera implicaría perder gradualmente 600.000 empleos, y ningún país puede soportar una pérdida de esa naturaleza", dijo a SEMANA el ministro de Comercio Exterior, Jorge Illingworth. A la protesta de las comunidades se han sumado varias provincias que reclaman obras como puentes, agua potable y alcantarillado. De paso, la situación ha traído consigo el desabastecimiento de productos agrícolas y su encarecimiento a las principales ciudades, como Quito, Cuenca y Guayaquil. El desfile indígena es interminable. Indígenas de los pueblos Kichwas, Shiwiar, Shuar y Achuar, de la Amazonia, se unen a los de las etnias Salasacas, Chibuleos y Panzaleos, de la Sierra. Los aborígenes bajan desde los cerros, donde tienen sus sembrados de maíz, fríjol, arveja, cebolla y otros productos que, según los dirigentes, no van a poder vender por el TLC. Luego, armados de palos, piedras, clavos y llantas encendidas, cierran el tránsito. Hay muchas mujeres -algunas con sus bebés atados a la espalda- y los militares no se atreven a intervenir. Otros van marchando hacia la capital. Quieren llegar hasta el Palacio de Carondelet para plantear sus demandas. En Quito, los estudiantes apoyan las protestas y se registran a diario intensas batallas campales con la Policía.  

Los vehículos, en tanto, van formando interminables colas de kilómetros. Y los pasajeros de los buses tienen que caminar con sus maletas al hombro, tratando de encontrar un trasbordo que no existe. En los camiones comienzan a dañarse los productos y el mal olor se expande poco a poco a lo largo de la vía. Es el caos instalado en las carreteras.

Hace dos semanas, los trabajadores petroleros también se declararon en huelga, instigados, según el gobierno, por el ex presidente Lucio Gutiérrez. Es la moda que tiene en jaque la gobernabilidad del país: los paros son la fórmula mágica para que el gobierno atienda a los ciudadanos. Y si bien el Ejecutivo sostiene que no dialogará mientras la protesta persista, la realidad es que al final siempre cede ante los manifestantes. Por eso, cuando se le pregunta a Macas por qué se niega al diálogo, responde: "Lamentablemente, no existe otro lenguaje para que nos entiendan". Como indicó a SEMANA el presidente del Congreso Nacional, el socialdemócrata Wilfredo Lucero, "la realidad es que vamos camino a la anarquía y probablemente a la disolución". "Hay quienes creen que los fusiles son la mejor forma de resolver la situación", sostuvo a SEMANA el dimitente Castillo -un ex dirigente comunista y el tercer titular que deja el puesto en 10 meses de gobierno-.

En medio de todo, finalmente, no faltan los observadores que sostienen que la turbulenta situación es propicia para un golpe de Estado. Los militares pueden tumbar a Palacio. O los indígenas. O, finalmente, se caerá solo. Nada raro en un país como Ecuador donde, como se ha visto en los últimos seis años, todo puede suceder.

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