Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/04/13 11:21

Habla uno de los periodistas que reveló el escándalo que tiene temblando a los poderosos

Semana.com habló con Frederik Obermaier, comunicador del diario alemán ‘Süddeutsche Zeitung’ que recibió la filtración más grande de la historia y cuyas investigaciones han estremecido al mundo entero.

Frederik Obermaier Foto: AFP

Hace un año, Frederik Obermaier y su colega Bastian Obermayer se toparon con un mensaje de una línea de un informante anónimo que les decía: “¿Están interesados en datos?”. Los dos reporteros alemanes, miembros del diario más grande de ese país Süddeutsche Zeitung, no dudaron y le respondieron que sí. Poco después tenían en su poder 2,6 terabytes de información interna de la firma panameña Mossack Fonseca. De inmediato se dieron a la titánica tarea de escudriñar los documentos, entre los cuales había 11,6 millones de correos electrónicos.
 
Tras meses de trabajo y apoyados en la colaboración de 400 periodistas de todo el mundo, Obermaier y su coequipero destaparon el pasado 3 de abril el escándalo de los Panama Papers, la más grande filtración de información de la historia del periodismo. Semana.com habló con Obermaier.
 
Semana.com: Diez días han pasado desde que usted y su colega Bastian Obermayer descubrieron al mundo los Papeles de Panamá. ¿Cómo se encuentran?

Frederik Obermaier: En un estado en el que nos resulta difícil decir, a ciencia cierta, cómo estamos. Me explico. Durante todo un año trabajamos día y noche en este proyecto, pero nunca imaginamos que tendría una dimensión global tan apabullante.
 
Semana.com: ¿Y eso qué repercusiones ha tenido para ustedes?

F. O.: Estrés y poco sueño, además de que no estamos acostumbrados a encontrar repleto el buzón de correos y a que nuestros celulares timbren y timbren. Pero, aparte de eso, aquí en nuestro periódico las cosas siguen como siempre, y nosotros, trabajando.
 
Semana.com: ¿Es decir que no ha habido represalias?

F. O.: No para nosotros en Múnich. Pero sí para algunos de los 400 periodistas que colaboraron en la investigación. Especialmente en Rusia y algunos países de África. Poco después de denunciar a Putin y sus amigos, la televisión rusa publicó imágenes de nuestros colegas allá. Cosas como esas nos ponen a pensar. En Alemania yo me siento seguro y confío en el Estado, pero en otros países algunos periodistas han preferido desaparecerse por un rato: no contestar llamadas o no volver a la casa y a la oficina por unas semanas.
 
Semana.com: ¿Piensan publicar todo lo que tienen en su poder?

F. O.: No. Lo que es seguro es que seguiremos trabajando y que tenemos todavía muchas historias sin escribir y muchas otras sin descubrir en estos 2,6 terabytes. Pero a la responsabilidad de un periodista corresponde saber qué publicar y qué no.
 
Semana.com: ¿Pero eso no aporta a la impunidad?

F. O.: En Alemania tenemos un código de prensa que dice que solo podemos cubrir temas relevantes para la opinión pública. Si vemos indicios de un delito, los publicamos. Si vemos a una figura pública o a un funcionario involucrado en un presunto delito, lo publicamos. Pero hay temas íntimos de personas muy famosas que no son de interés público, y ahí la responsabilidad de actuar la tienen las autoridades. Y las autoridades, en todo el mundo, tienen los medios para hacerlo.
 
Semana.com: ¿Se les han acercado las autoridades alemanas?

F. O.: Nos mandaron un par de correos cordiales y nos dieron un par de llamadas en el mismo tono para preguntarnos si les podíamos pasar los datos que tenemos. La respuesta fue un rotundo ‘no’.

Semana.com: ¿Por qué?

F. O.: Porque nosotros, los periodistas, no somos una extensión del Estado.
 
Semana.com: ¿Qué porcentaje de los 2,6 terabytes han logrado revisar?

F. O.: Estamos lejos del fin. La filtración de los Panama Papers apenas está comenzando. Y estamos seguros de que hallaremos muchas más historias en el transcurso de este año. Vamos a esperar que pase la emoción de estos días y buscar algo de sueño para, luego, continuar.
 
Semana.com: ¿Cuántas cartas de abogados han recibido?

F. O.: La verdad, no muchas. Y si le soy sincero en este momento no pensamos hacerle seguimiento a ninguna de ellas.
 
Semana.com: ¿Pero ustedes les dejaron claro a los lectores que tener una firma en Panamá, en sí, no es un delito?

F. O.: Vea, cada medio tiene un área jurídica que sugiere decir cosas así para curarse en salud. Y no hay duda: per se no es ilegal tener una firma fantasma. Pero hay algo que vale la pena dejar claro. Solo una muy pequeña porción de los documentos que tenemos es transparente. El grueso no lo es. Hay muchos asuntos ilegales y demasiadas actuaciones ilegítimas. En Alemania tenemos claro que no todo lo legal es ideal. No olvide que las leyes se pueden cambiar cuando ocurren cosas ilegítimas.
 
Semana.com: ¿Visitó a Panamá durante la investigación?

F. O.: Sí, lo hice cuando Mossack Fonseca todavía no sabía que estábamos investigando y por eso tuve que ser muy cauteloso cuando hablé con abogados, fiscales y académicos.
 
Semana.com: ¿Qué piensa cuando oye que en Panamá mucha gente se ha tomado sus denuncias como un ataque al país?

F. O.: Esas críticas no logran sacarme de la convicción de que Panamá es un paraíso fiscal. No lo digo solo yo. Lo dicen los académicos, lo dice la Unión Europea y lo dice la Ocde. Es más, me lo dijeron también allá. Este no es un ataque al país. A mí Panamá me parece un lugar magnífico.
 
Semana.com: ¿Cuántas firmas hay como Mossack Fonseca?

F. O.: Se habla de docenas. Y Mossack Fonseca es una de las más grandes, con vínculos muy fuertes con el estado panameño. Pero no nos limitemos a Panamá. El problema de la evasión de impuestos está presente en todo el mundo, también en Alemania. Aquí por ejemplo no tenemos un registro público inmobiliario, lo cual, según cualquier experto, permite el lavado de activos.
 
Semana.com: Mucha gente tiene la sensación de que el tema de las firmas ‘off shore’ es difícil de entender. ¿Ustedes cómo han hecho para explicarlo?

F. O.: Somos conscientes del problema, pero hemos captado la atención de la gente mediante historias sencillas, cercanas a las personas. Los periodistas no pueden hundirse en lo técnico. En el mundo tributario hay magnates, delitos y esfuerzos contra la democracia. Investigando con ese enfoque pudimos saber que por un paraíso fiscal pasan criminales que financian la guerra en Siria, patrocinan el tráfico de armas y manejan redes de prostitución infantil.
 
Semana.com: ¿Cuántas personas conforman el equipo investigativo del Süddeutsche Zeitung?

F. O.: Cinco, entre los cuales hay expertos como Hans Leyendecker y Klaus Ott. Contamos también con una periodista especializada en datos y colaboramos con un exdirector de ‘Der Spiegel’ que nos ayuda a coordinar el trabajo con algunas cadenas de televisión.
 
Semana.com: ¿Es verdad que tienen una oficina de seguridad a la cual ni siquiera los aseadores tienen acceso?

F. O.: Sí, es una oficina especial que armamos pocas semanas después de recibir la información. Recubrimos las ventanas, atamos los computadores con cadenas a los puestos y les pusimos laca a los tornillos de las ‘CPU’ para saber si alguien había intentado moverlos. Trabajamos con memorias externas y todas las noches, antes de salir, las guardamos en una caja fuerte. Pero lo más importante es que todos los equipos en ese cuarto están desconectados de internet.
 
Semana.com: ¿Por qué cree que les filtraron la información precisamente a ustedes?

F. O.: Esa pregunta nos ha ocupado durante meses, pero no tenemos certeza. A lo mejor porque llevábamos mucho tiempo investigando y escribiendo sobre temas relacionados con el modelo ‘off-shore’ y con los paraísos fiscales. Lo importante, en todo caso, fue poder demostrar que, aunque no somos el periódico más grande del mundo, pudimos manejar muy bien la información.
 
Semana.com: Ustedes han dado muy pocos detalles sobre el informante. ¿Puede decir por lo menos en qué idioma les escribió y a través de qué medio?

F. O.: Nunca daremos más detalles porque justamente de eso se trata la protección de fuentes. Lo único que le puedo decir es que, desde el momento cero, se comunicó con nosotros a través de un medio encriptado.
 
Semana.com: ¿Cuándo decidieron buscar ayuda para investigar?

F. O.: Muy pronto. Pero no solo por la cantidad de información, sino por la diversidad de temas. Le pongo un ejemplo: Islandia. Hoy todo el mundo está hablando de la renuncia del primer ministro, pero eso no habría sido posible sin la colaboración de periodistas islandeses. Como esa había y hay todavía enemil historias. Por eso buscamos ayuda del Consorcio Internacional de Periodistas Investigativos (ICIJ, por su sigla en inglés).
 
Semana.com: En el periodismo investigativo, tradicionalmente los reporteros prefieren trabajar solos. ¿Cómo lograron reunir 400 colaboradores?

F. O.: Cualquier investigación gana en el momento en que se hace en equipo. Ganan los periodistas y gana el lector. Bajo esa premisa, el ICIJ asumió la ardua labor de convencer a docenas de periodistas de que el trabajo colaborativo vale la pena. Necesitaron paciencia, y sobre todo tuvieron que llevar a todos, incluidos periodistas de personalidades complicadas, a comprometerse con el asunto.
 
Semana.com: ¿Es verdad que hubo reuniones secretas en Washington, Múnich, Londres e, incluso, la pequeña ciudad noruega de Lillehammer?

F. O.: En Washington, donde está el ICIJ, nos reunimos unos 40 periodistas, y de ahí surgió la necesidad de hacer un segundo encuentro más grande. Este tuvo lugar en Múnich, donde asistieron casi todos. Lo de Lillehammer fue una coincidencia, ya que justo allá tuvo lugar una convención de periodismo investigativo y así aprovechamos para charlar a medianoche después de los eventos. En Londres hubo un último encuentro, muy serio, para tratar temas sensibles con los colegas de Rusia. Para ello usamos la oficina segura que The Guardian le prestó a Julian Assange para preparar el material de una de sus grandes filtraciones.

Semana.com: ¿Cómo lograron guardar el secreto entre tanta gente durante meses?

F. O.: Parece un milagro porque era muy difícil de creer que íbamos a lograrlo. Es más, teníamos listo un plan de emergencia para el caso de que la información saliera a flote antes de tiempo. Pocas semanas antes de la primera publicación, la presión aumentó porque tuvimos que confrontar a los denunciados y recibimos llamadas enfurecidas de personajes como el vocero de Putin diciéndonos que estábamos haciendo un ataque informativo.
 
Semana.com: ¿Cuál era la hora prevista para la publicación?

F. O.: Domingo, 8 de la noche, hora alemana. Aquí, sin embargo, hay una anécdota. Poco antes de esa hora, nosotros pusimos en la red nuestro especial multimedia para hacer una prueba y a los pocos segundos lo descolgamos. Quedamos en shock cuando vimos un tuit del propio Edward Snowden diciendo que la nuestra era la mayor filtración de la historia.

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