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| 5/26/2007 12:00:00 AM

Pancho ‘for President’

Bill Richardson no sólo es el precandidato mejor preparado para llegar a la Casa Blanca. También es el único hispano en la carrera presidencial.

En la primera imagen del comercial, el precandidato demócrata Bill Richardson presenta lo que parece ser una entrevista de trabajo. Su entrevistador lee la hoja de vida con displicencia. "Bueno, 14 años en el Congreso, embajador ante Naciones Unidas, secretario de energía, gobernador de Nuevo México, ha negociado con dictadores en Irak, Norcorea, Cuba, Zaire, Nigeria, Yugoslavia y Kenia, consiguió el cese del fuego en Darfur, nominado cuatro veces al Premio Nobel de Paz...". Hace una pausa para darle un mordisco a su hamburguesa, y remata:"¿Qué le hace pensar que puede ser Presidente?". En la segunda escena, Richardson defiende su gestión hasta que el entrevistador lo interrumpe: "Para lo que estamos buscando, usted puede estar un poco sobrecalificado".

El divertido anuncio televisivo muestra en unas pocas frases cómo un personaje relativamente desconocido como Richardson, puede tener hasta demasiados méritos para ser Presidente de Estados Unidos. Richardson anunció formalmente su aspiración la semana pasada. "Se acabó el comité exploratorio, ahora vamos por todo", aseguró en español este hombre bonachón y rechoncho que podría convertirse en el primer hispano en la Casa Blanca. Sus declaraciones suelen tener una versión en inglés y otra en la lengua de Cervantes. Los analistas coinciden en que se trata del candidato más calificado pero, paradójicamente, es una de las caras menos conocidas por los votantes demócratas. Muchos incluso desconocen sus raíces latinoamericanas.

Una infancia en el D. F.

William Blaine Richardson III debería haber nacido en Ciudad de México, donde residían sus padres, el estadounidense William Blaine Jr. y la mexicana María Luisa López. Pero como su padre nació en un barco, lejos de su país, y eso siempre lo acomplejó, envió a su esposa en un tren a California para dar a luz y regresar en 1947. Ese arranque de nostalgia salvó el sueño de Bill, pues de no haber nacido en suelo estadounidense, no habría podido aspirar a la Presidencia.

Richardson pasó su infancia jugando béisbol con niños pobres en la capital mexicana. A los 13 años su familia se mudó a Massachussets. Cuando llegó lo llamaban 'Pancho', pero pronto se adaptó. Era un extraordinario beisbolista y eso lo hizo popular.

Se graduó en leyes en la Universidad de Tufts y en 1982 fue elegido por Nuevo México al Congreso, donde mostró inclinación por las relaciones internacionales. En Corea del Norte negoció la liberación de dos pilotos norteamericanos que habían sido capturados, pero la misión que lo hizo famoso llegó en 1995, cuando viajó a Bagdad para negociar con Saddam Hussein la libertad de dos trabajadores estadounidenses que habían cruzado la frontera desde Kuwait. Después visitó diversos lugares del mundo para repetir la misión una y otra vez. "El hecho de haber crecido en un ambiente bicultural me ayuda a ser un negociador, como diplomático y como político", dijo a The Washington Post.

Su labor se vio recompensada cuando, en 1997, Bill Clinton lo nombró embajador ante las Naciones Unidas. Año y medio después lo designó secretario de energía. Era la época del escándalo de Monica Lewinsky, y Richardson se vio salpicado por haberle ofrecido un puesto en la ONU.

En 2002, el hoy precandidato se convirtió en el primer hispano elegido gobernador, con el 56 por ciento de los votos. En su primer mandato consiguió poner a Nuevo México en el mapa gracias al dinero del petróleo (es el quinto productor de Estados Unidos). Entre los 50 estados, hoy aparece décimo en crecimiento económico. Richardson redujo el desempleo y mejoró la educación. También aprovechó los paisajes, que van desde montañas nevadas hasta desiertos, para posicionar a Nuevo México como escenario de películas de cine, lo que le ha dejado al Estado unos 700 millones de dólares. En noviembre fue reelegido con el 69 por ciento de los votos. Pero nunca abandonó su trabajo diplomático. Hace poco visitó Corea del Norte por la disputa acerca de su programa nuclear y negoció el cese del fuego en Darfur, en Sudán.

Una campaña cuesta arriba

Con esos antecedentes, no sorprende que tenga un estatus de celebridad en su estado. Pero no ocurre lo mismo en el nivel nacional. Mientras Hillary Clinton ha obtenido notoriedad por ser mujer, y Barack Obama por ser negro, Richardson ha pasado casi inadvertido como el único hispano. Los números no lo favorecen. En las encuestas aparece rezagado y recaudó en el primer trimestre 6,2 millones de dólares, menos de la mitad de John Edwards y menos un cuarto de lo recaudado por Hillary y Obama.

Él lo sabe, pero no parece preocuparle. "No estoy consiguiendo la atención de las estrellas de rock y eso está bien. Clinton, Obama y Edwards son los más conocidos, son candidatos glamorosos y los medios están fascinados con ellos, dijo a The New York Times. Pero el presidente Clinton y John Kerry estaban en el mismo bajo nivel de un solo dígito en el que estoy y se convirtieron en los nominados".

Richardson tiene algunas cartas a su favor. Para empezar, los gobernadores suelen ser nominados más fácilmente que los senadores, como Hillary y Obama, quienes tienen que responder por sus votos polémicos en el Congreso. Sólo dos senadores han sido elegidos presidentes en el siglo XX mientras Jimmy Carter, Ronald Reagan, Bill Clinton y George W. Bush venían de ser gobernadores. "Si gana la candidatura demócrata, sería el candidato más fuerte, dijo a SEMANA David Johnson, estratega político y encuestador de Strategic Vision. Es el que tiene más experiencia, con unos antecedentes no demasiado liberales y no demasiado conservadores, de modo que no polariza. Muchos republicanos aseguran que votarían por él".

Su gran reto es pasar de ser el primer candidato de la segunda fila a meterse entre los tres favoritos de los demócratas. Su estrategia se basa en una campaña al viejo estilo, con mucho trabajo de base, que pretende destacar su hoja de vida. El hecho de que anunciara su candidatura desde California no fue casualidad. Es uno de los estados con un fuerte componente de hispanos, con quienes se identifica no sólo por su aspecto, sino porque tiene al español como idioma materno. Y es el estado que más votos aporta al colegio electoral en el complejo sistema norteamericano. Su idea es hacerse fuerte en Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del sur, los primeros estados del complicado calendario de primarias en Estados Unidos. De conseguirlo, lograría la esquiva atención de los medios. Si logra salir fortalecido de allí y después ganar California, su candidatura se podría convertir en realidad.

Richardson se propone reparar "el daño hecho a nuestro país en los últimos seis años". Entre sus propuestas se destaca el retorno de todos los soldados de Irak, regresar a la diplomacia como herramienta primordial de la política exterior norteamericana y un plan energético para reducir en 90 por ciento los gases de efecto invernadero para 2050.

Si el impulso no le alcanza, el gobernador de Nuevo Mexico también podría ser la llave presidencial de alguno de los candidatos que hoy lideran las encuestas. "Richardson va a estar en la lista de todos para vicepresidente, especialmente si sale elegido Obama o Edwards, que no tienen mucha experiencia", asegura Johnson. En caso de que la fórmula llegara a ser Obama-Richardson, representarían a las dos principales minorías de Estados Unidos. Las mismas que suman casi 100 millones de estadounidenses, es decir, un tercio de la población. Una plataforma electoral que ningún partido querría despreciar.
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