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| 7/30/2016 12:00:00 AM

El llamado del Papa Francisco para que cese la violencia

El pontífice rechazo el cruel asesinato del sacerdote Jacques Hamel, degollado mientras celebraba una misa en un pequeño pueblo en Francia.

El padre Jacques Hamel sirvió a su iglesia hasta el último respiro. Desde hace tiempo, este cura del norte de Francia con 85 años de vida y 60 de consagración a la comunidad católica se había pensionado de la Iglesia, pero seguía de cura auxiliar en la parroquia San Esteban de la pequeña ciudad Saint-Étienne-du-Rouvray. El 26 de julio, dos terroristas islámicos lo degollaron mientras oficiaba la misa de la mañana, al frente de cinco fieles aterrorizados y de un Jesús crucificado.

Ante el horror del crimen, el papa Francisco, en un avión hacia Cracovia para participar en la Jornada Mundial de la Juventud, sorprendió con una declaración radical sobre el contexto violento en el que están sumergidos varios países. “No tengamos miedo de decirlo: el mundo está en guerra (…) Tuvimos la guerra de 1914, luego la de 1939-1945 y ahora esta. Quizás no es tan orgánica. Organizada, sí, pero no tan orgánica. Pero es una guerra”, afirmó al frente de los periodistas que lo acompañaban antes de aclarar que en ella nada tenían que ver las religiones.

Los actos de los últimos tiempos, cometidos por yihadistas, por fundamentalistas de extrema derecha o por desequilibrados mentales sin una motivación política o religiosa, han generado un ambiente de terror y paranoia en el mundo entero. Los atentados en Francia que han dejado 236 muertos, los cuatro ataques en Alemania en una semana, los numerosos hechos violentos durante el mes de ramadán en todo el planeta, los tiroteos en Estados Unidos, la reciente masacre de 19 personas en Japón en un centro para discapacitados … La lista es larga.

En Francia, el país más afectado por el terrorismo islamista, se habla de un preludio de guerra civil. Se teme que grupos radicales ataquen a la comunidad musulmana. Es el caso del Frente de Liberación Nacional Corso (FLNC), un movimiento nacionalista de Córcega, que anunció una “respuesta determinada” al Estado Islámico, en caso de atentados contra la isla.

Una represalia contra  los musulmanes significaría caer en la trampa de Estado Islámico. Uno de los libros de cabecera del yihadismo, Llamado a la resistencia mundial, del sirio Abou Moussab al-Souri, explica a los candidatos a la yihad que es necesario llevar a cabo acciones locales contra la población para que esta termine por vengarse y así provocar una guerra. “El objetivo es hacer explotar lo que Estado Islámico llama una ‘zona gris’, una zona donde los ‘infieles’ y los musulmanes viven juntos sin destruirse. En el mundo soñado por Estado Islámico, solo hay dos campos: los impíos y los musulmanes”, analiza en las páginas del periódico Libération Luc Mathieu, periodista especialista del yihadismo.

Además del terrorismo islamista, otros ataques de hombres con un perfil psicológico complejo contribuyen a ese clima de guerra. El ejemplo más reciente en Europa es el del germano-iraní que mató a nueve personas e hirió a otras 35 en Múnich. Admirador de Hitler y orgulloso de haber nacido el mismo día que el dictador alemán, el joven de 18 años escogió el quinto aniversario de la matanza del noruego de extrema derecha Anders Behring Breivik para acabar con la vida de siete extranjeros y dos alemanes.

A eso se suman los incontables tiroteos en Estados Unidos cometidos por individuos con perfiles dispares. Esa diversidad de personalidades y de expresiones de la violencia que hace pensar en una especie de guerra subterránea, de características que van más allá de la ideología. A falta de mejores explicaciones, algunos analistas adelantan la teoría de que detrás de todo, incluso del terrorismo islámico, está la desesperanza que se ha apoderado del mundo, que afecta sobre todo a las poblaciones jóvenes y marginales, que no ven futuro alguno en un ambiente social dominado por el mercado y el todos contra todos.

Es difícil para los responsables políticos dar una respuesta a la altura de la situación que tranquilice a la gente, pues estas amenazas acechan en cualquier lugar, como en una iglesia, y utilizan cualquier arma, como un cuchillo o un camión. Muchos claman resistencia y resiliencia, pues saben que mucha sangre se derramará antes de que se encuentre una solución, si es que existe en las condiciones actuales.

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