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| 4/29/2002 12:00:00 AM

¿Patadas de ahogado?

Cual Cronos, la crisis argentina se tragó al ministro de Economía Jorge Remes Lenicov y se dirige amenazante hacia el presidente Eduardo Duhalde, quien ensaya medidas desesperadas para escapar de sus garras.

Al cerrar esta edicion Eduardo Duhalde anunciaba un acuerdo de 14 puntos con los gobernadores para tratar de revivir la moribunda economía, pero no se sabía todavía quién reemplazaría al ministro de economía Jorge Remes Lenicov, pues no había muchos candidatos para ocupar un cargo tan impopular.

Dos hechos confluyeron para llegar a una situación tan desesperada: la renuncia de Remes Lenicov, tras el fracaso de su viaje a Washington para ablandar el corazón de los directivos del Fondo Monetario Internacional, y el colapso del sistema bancario argentino.

El problema de las demandas del FMI es que son muy difíciles de cumplir para un gobierno en crisis y falto de apoyo popular. “Nos corren el arco cada vez que vamos a meter un gol”, se quejó de ellas un alto economista. El ajuste pedido por el Fondo implicaría despedir a 400.000 empleados en un país que lleva 45 meses de recesión, con la mitad de la población por debajo de la línea de pobreza y una de cada dos personas de la provincia de Buenos Aires sin empleo o subempleada. De adoptar las recomendaciones del organismo internacional Duhalde sería barrido por la ira popular y, con él, el conjunto de la clase política.

Como si el ‘apretón’ del FMI fuera poco el gobierno trata al mismo tiempo de impedir el colapso del sistema financiero. A los analistas de Wall Street les cuesta creer lo que pasa: los jueces han emitido 18.000 sentencias en contra de los bancos y a favor de los ahorradores, exigiendo la devolución de los depósitos atrapados en el ‘corralito’ bancario impuesto en diciembre del año pasado. Los bancos deben devolver esos depósitos en dólares o en pesos al cambio del día, que hoy por hoy es de 3,5 pesos por dólar, y todo el dinero que sale del ‘corralito’ huye despavorido hacia las casas de cambio para transformarse nuevamente en billetes con la cara de George Washington. Esta dinámica alimentó la devaluación y la espiral inflacionaria.

Los bancos empezaron a caer. Primero fue el canadiense Scotiabank, que suspendió operaciones hace una semana. Para evitar nuevos cierres y ante la perspectiva de que en los próximos días se produjeran miles de sentencias a favor de los ahorradores, el gobierno decretó un feriado bancario y cambiario indefinido. La medida fue brutal. Se prohibió incluso reponer los fondos de los cajeros automáticos, lo que dejó a todo el país sin un peso en el bolsillo durante una semana.

Para impedir el colapso financiero Duhalde le pasó el balón al Congreso, exigiendo una ley para convertir los ahorros de la población en bonos pagaderos a 10 años y amenazó a los parlamentarios con no levantar el feriado bancario hasta conseguir la aprobación de esta medida.

Pero el Congreso no estaba dispuesto a sacrificarse pues, ante la perspectiva de que se votara a favor de la medida, los depositantes se agolparon en las puertas del Parlamento impidiendo la entrada y salida de los diputados y senadores. Si el ‘plan Bónex’ era aprobado el edificio iba a arder con todos sus miembros adentro. A Duhalde le faltó poder político y el plan murió antes de nacer.



El acuerdo

Abandonado por el Fondo, desairado por los congresistas que lo eligieron, Duhalde quedó solo y empezó a tejer, improvisadamente, un pacto con los gobernadores para mantenerse en el poder. El acuerdo de 14 puntos es una formulación de compromisos generales, en el que se ratifica el objetivo de adelantar las exigencias del FMI. Sin embargo las medidas no parecen satisfacer ni a la población ni a Washington.

El secretario del Tesoro norteamericano, Paul O’Neil, que se caracteriza por sus ácidos comentarios sobre Argentina, criticó duramente el cambio de ministro a mitad de camino. El acuerdo con el FMI parece cada vez más lejano.

El problema, como dijo a SEMANA el principal analista político del diario Clarín, Eduardo van der Koy, es que “20 años después la Argentina repitió la guerra de las Malvinas: un gobierno civil declaró el default”, esto equivale a una declaración de guerra a los acreedores. Pero, como lo muestra la experiencia de hace dos décadas, para declarar una guerra se necesita un liderazgo fuerte, y Argentina no lo tenía entonces ni ahora.

SEMANA habló con uno de los autores del plan Fénix, que propone una serie de medidas para salir de la crisis sin acuerdo con el FMI, pero el economista también criticó, desde su óptica, el plan de Duhalde, señalando que “este gobierno tiene un defecto de origen: la legitimidad la da el pueblo, y Duhalde no fue elegido”. Por eso políticos como el ex presidente Alfredo Rodríguez Saa empiezan a exigir que se convoquen unas elecciones anticipadas en 90 días, aunque nadie sabe quién las puede ganar.

La sensación que muchos tienen es que si alguna vez Duhalde tuvo poder éste se le ha ido escurriendo entre los dedos. El presidente, que asumió en los primeros días de enero, no hace más que vacilar. Cambia las medidas económicas sobre la marcha, sin un plan coherente. Su idea es que si logra revivir la economía luego se podrán hacer las elecciones en un clima más favorable y retomar las negociaciones con el Fondo en otras condiciones.

Pero el tiempo se acaba y el futuro de Duhalde está en manos de una población descontenta, dispuesta a servir nuevamente de verdugo, como lo hizo hace cuatro meses con Fernando de la Rúa.
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