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| 5/30/2013 12:00:00 AM

¿Pataleo diplomático tras reunión de Capriles y Santos?

El impasse entre Colombia y Venezuela parecer ser la consecuencia de un pulso de poder interno en el chavismo.

A inicios de esta semana nadie imaginó que se avecinaba una tormenta que dañaría el buen clima de las relaciones diplomáticas de Colombia y Venezuela.

En la noche del domingo, desde Bolivia, el presidente venezolano, Nicolás Maduro, felicitó a su homólogo colombiano Juan Manuel Santos por el acuerdo logrado sobre tierras, el primer punto de la agenda de paz que negocian el Gobierno y las FARC. Al día siguiente, en el aeropuerto de Maiquetía, el ministro del Interior venezolano protagonizó, en presencia de un general de la Policía colombiana, la extradición de tres narcotraficantes al país. En ese sentido, el funcionario celebró una nueva fase de cooperación binacional dentro del marco del nuevo plan del gobierno 'Patria Segura'.

Aunque ese mismo día Maduro dijo públicamente que sabía sobre un viaje de “la derecha” a un país vecino para tratar, según él, de “desestabilizar” a Venezuela, el mandatario no le dio mayor importancia al asunto y destacó más bien el viaje de tres de sus ministros a Bogotá, quienes visitaron la capital colombiana con el interés de buscar acuerdos económicos.

No obstante, la armonía en las relaciones comenzó a tambalear este miércoles, cuando el líder de la oposición venezolana, Henrique Capriles Radonski, llegó a Bogotá. Todo cambió finalmente cuando Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional venezolana y quien parece que actúa, en ocasiones, como el principal enemigo del presidente Maduro y no como su coequipero, emitió unas incendiarias e imprudentes declaraciones en contra de la visita del gobernador de Miranda a Colombia, afirmaciones que no hubiera hecho si Chávez continuara de presidente. Luego, el turno fue para el canciller Elías Jaua, quien también se pronunció en contra de la gira del opositor.

¿Quién gana y quién pierde?

Si realmente es Maduro quien manda en Venezuela, este impasse diplomático no pasará a mayores, y las infortunadas declaraciones de Cabello pasarán a la historia como un alarido más de quien trata de socavar su gobierno, como quedó evidenciado con las grabaciones de Mario Silva y un supuesto agente de inteligencia cubana.

Por otro lado, las declaraciones de Jaua hacen pensar que el canciller tuvo que salir a decir “algo” ante la pataleta que montó Cabello. Además, se supone que es mejor que se pronuncie él y no Maduro. En este caso, está claro que su mensaje está más dirigido a las bases radicales del chavismo que al país. No puede olvidarse que desde que fue nombrado canciller, Jaua no se ha destacado por el manejo sutil que caracteriza a las relaciones internacionales. Por sus amenazas a los gobiernos de Estados Unidos y España, y su tono incendiario al calificar ciertas decisiones o personajes de la oposición, se puede decir que el ministro de Relaciones Exteriores venezolano tiene poco tacto.

El fallecido presidente Hugo Chávez había impuesto la “diplomacia presidencial” a punta de micrófono, medio por el que insultó a mandatarios de otros países y amenazó con la ruptura de las relaciones. Su contraparte, el expresidente Álvaro Uribe, también pasó a la historia por salirse de casillas en varias ocasiones. Para ambos países, esas declaraciones en caliente, generó distancia entre los mandatarios y trajo altos costos político, económico, comercial, así como en materia de seguridad.

Debe recordarse que con la llegada de Santos a la Presidencia de Colombia, las relaciones empezaron a recomponerse, y poco a poco, ambos países trabajaron en el “encarrilamiento”. Sin embargo, la enfermedad de Chávez y las elecciones en Venezuela retrasaron ese proceso. Sólo hasta febrero de este año la canciller María Ángela Holguín viajó a Caracas en compañía de los gobernadores colombianos de departamentos fronterizos, un hecho que, de nuevo, rechazó Cabello, para quien no es viable que los gobernadores participen en visitas a otros países. Por el contrario, Colombia considera que las relaciones deben trascender a la comunicación entre Caracas y Bogotá.

Luego de esa cita, solo hasta esta semana ambos países empezaron a considerar un posible acuerdo económico en el que Colombia enviaría alimentos a cambio de petróleo, como lo anunció el mismo ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, quien habló en medio de la reticencia que invade al empresariado colombiano, debido a que, comercialmente, Venezuela no ha terminado de pagar la deuda a quienes tenían negocios en ese país.

¿Tambalea la paz?

Con otros países como Bolivia, Argentina, Uruguay y Brasil, la diplomacia venezolana no sólo está influenciada por la tendencia política de sus mandatarios sino que está atravesada por acuerdos económicos de conveniencia, o lo que se conoce como la “petrodiplomacia”. Por esa razón, no es gratuito que Maduro haya elegido estos países como sus destinos prioritarios tras ser elegido presidente.
 
No obstante, en la relación de Venezuela con Colombia lo más importante es la mediación venezolana en el proceso de paz en La Habana, no la economía. Así las cosas, la insinuación de Jaua de que la paz del país pasa por Venezuela es una carta que juega su gobierno para manipular las relaciones.

Sin duda, la advertencia del canciller pone a Santos en una posición difícil. Ya que si bien el pasado domingo el presidente celebró el acuerdo con las FARC como histórico y recibió felicitaciones de la comunidad internacional, ahora tiene que hacer un “gesto”, según los chavistas venezolanos, para demostrar que para él es importante mantener por buen camino las relaciones con ese país. No se descarta que lo haga, esto, en aras del proceso de paz que está en juego. También es probable que se escale la situación y la Cancillería se encargue en privado de resolver asunto.

En conclusión, aunque fue arriesgado que Santos se reuniera con Capriles (lo hizo también el año pasado, a pocos días de las elecciones contra Chávez y de anunciar que su gobierno estaba en conversaciones de paz), el presidente colombiano no es ingenuo y seguramente piensa en la conveniencia del reciente encuentro con el opositor, tanto para sus agendas interna como externa. Además, ante una posible reelección de Santos, este asunto afectaría positivamente su popularidad interna, ya que sería acertado si el país lo ve amigable con el chavismo y la oposición.

Por otro lado, debe tenerse en cuenta que, tras la visita del vicepresidente estadounidense Joe Biden a Colombia, Santos envió una señal internacional. Si bien le interesa tener una buena relación con Venezuela, y que ésta aporte al proceso de paz, está claro que Colombia no hace parte del club de países de la izquierda continental sumisos a los intereses de su vecino. En ese sentido, Santos ha querido mostrarse como un presidente con una agenda progresista, adentro y afuera del país, y como un líder no solamente regional, sino mundial, es decir, con una agenda exterior plural, cosmopolita, y comercial. Pues, aunque a Colombia le pesa su relación con los países del sur y aboga por la integración latinoamericana, le pesa todavía mucho más su relación con los países del norte, especialmente con Estados Unidos, que todavía no ha reconocido a Maduro como presidente legítimo.

Capriles, el más beneficiado

Los más beneficiados de este episodio son Henrique Capriles y la oposición venezolana. Si bien es cierto que los diputados de la Mesa de Unidad emprendieron varios viajes al exterior para dar a conocer sus reclamos por unas elecciones que consideraron tramposas e injustas, la visita de Capriles a Colombia es un titular mundial que atrae mucho más atención a la causa de la oposición venezolana. Que el gobierno se incomode tanto y amenace a otro país de enfriamiento de relaciones, solo deja mal parada a Venezuela, que luce caprichosa, descoordinada y antidemocrática ante los ojos del mundo.

Además, la visita de Capriles al país no es ninguna sorpresa, él mismo la anunció hace un mes. En esa ocasión dijo que conversó con el presidente Santos acerca de la situación en Venezuela.

En esta reflexión no puede olvidarse que Capriles tiene profundas amistades en Colombia. Es vox pópuli que sus asesores políticos y de imagen son colombianos, y por eso, él viaja permanentemente a reunirse con ellos. Por ejemplo, el año pasado viajó a Colombia tres veces. No tiene nada de extraño que, además, el líder de la oposición política de un país, quien cuenta con una importante población de emigrantes que son a su vez sus votantes, viaje a encontrarse con ellos.

Sobre la teoría conspirativa chavista que asegura que la visita de Capriles a Colombia pretende fraguar un golpe de Estado a partir de una alianza con Uribe, un asesor del expresidente le reiteró a Semana.com que Capriles y el exjefe de Estado no se han reunido. Además, el gobernador ha reiterado que no conoce personalmente al exmandatario. No obstante, hay que aclarar que Capriles sí se reunió este miércoles con Óscar Iván Zuluaga, candidato uribista a la Presidencia, y congresistas uribistas como Juan Lozano y Augusto Posada. También se encontró con legisladores liberales como Juan Manuel Galán y Simón Gaviria, y los conservadores Juan Mario Laserna y David Barguil.

Aunque se suponía que Capriles hablaría este miércoles en plenaria en el Congreso, él prefirió no hacerlo y le dejó la tarea al diputado Julio Borges, director de su partido Primero Justicia, quien tampoco lo hizo. Algunos congresistas especularon que la plenaria finalmente se canceló con el fin de no crear más líos diplomáticos, ya que el Polo Democrático también había invitado al diputado oficialista Roy Daza a intervenir, claro, si lo hacía Borges.

Ante la superación de este impasse, los chavistas dicen que la bola está en la cancha de Colombia. No obstante, es el presidente Nicolás Maduro, quien como excanciller y mandatario elegido por los venezolanos, puede decidir si este episodio pasará a la historia como una anécdota intrascendente en las rencillas internas del poder de su país, o como la chispa que encendió un conflicto político innecesario entre países hermanos.
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