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| 8/15/2012 12:00:00 AM

Paul Ryan, el todo por el todo a la derecha de Mitt Romney

El ultraconservador Paul Ryan es la fórmula presidencial de Mitt Romney. Su nombramiento podría ayudar a que su campaña despegue pero también podría ser un error táctico.

Mitt Romney se decidió. Apostó duro. Lo hizo por un personaje que compensa su fama de millonario sin contacto con la realidad. Se trata del congresista Paul Ryan, un wisconsinés de 42 años, católico (Romney es mormón), con fama de buen estudiante, a quien no le va mal decir que representa a "una parte de América que incluye barrios deprimidos, áreas rurales, suburbios y localidades industriales".
 
Pertenece a la quinta generación de una familia propietaria desde finales del siglo XIX de una empresa de construcción, la Ryan Incorporated Central, a la que da nombre el origen irlandés del tatarabuelo de Paul. Sus antepasados la fundaron en la zona septentrional del medio oeste, cerca del lago Míchigan, en el pueblo Janesville, que actualmente cuenta con 60.000 habitantes. A la familia se le ha llamado en efecto 'los Kennedy de Janesville'.
 
Ryan sin embargo es un convencido conservador, una de las estrellas ascendentes del Partido Republicano, con siete periodos consecutivos en el Congreso de su país, el primero de ellos a los 28 años. Durante su carrera ha sido un cruzado de las iniciativas conservadoras, siguiendo una línea que lo ha convertido en una estrella del ala dura de su partido, el Tea Party.
 
En ese sentido, ha votado contra el matrimonio y la adopción por parte de parejas homosexuales, lo mismo que contra las iniciativas destinadas a liberalizar las leyes sobre el aborto; está de acuerdo con la construcción de un muro en la frontera con México para frenar la migración ilegal; y se ha opuesto en varias ocasiones a un mayor control en la venta de armas: como su antecesora Sara Palin, es un ferviente defensor del derecho a portarlas.
 
Pero a diferencia de la exgobernadora de Alaska, Ryan es "un tipo de espécimen conservador más sustancial y menos virulento", como los diferencia el semanario británico The Economist. Pragmático —o darwinista social, según sus detractores— el compañero de Romney tiene mucho más de osado ideólogo que de símbolo cohesionador.
 
“El camino hacia la prosperidad”
 
Recientemente, este joven político ha sido protagonista de la vida política estadounidense por su presupuesto alternativo, titulado Path to Prosperity (El camino hacia la prosperidad), que busca ahorra 261.000 millones de dólares en una década.
 
En el perfil que le dedica The New Yorker ("Fussbudget" del 6 de agosto) se cita a Ryan advirtiendo que el plan presupuestal de Obama —al que se opone— “hace que sea más difícil sobrevivir para los negocios en la economía global, que para las personas sea más complicado ahorrar para su retiro, y que crezca tremendamente nuestra deuda.”
 
Entre las medidas contempladas por este documento —que ya es una referencia para los gobernantes republicanos y una bestia negra para los demócratas— están la reducción de las pensiones y de las ayudas alimentarias, la disminución de los impuestos, y severos cambios en la financiación estatal de la salud pública, en particular en los programas de Medicare y Medicaid.
 
Recordando los textos de la escritora rusa Any Rand, cuya lectura lo motivó a ser servidor público, Ryan afirma que “la pelea que acá estamos dando, y no hay que equivocarse al respecto, es la del individualismo contra el colectivismo.”
 
Romney, ¿más cerca o más lejos de la Presidencia?
 
Tras sus olímpicas metidas de pata del 'verano perdido', a Romney el nombramiento de Ryan le ha permitido un cierto respiro. En sus editoriales, los diarios conservadores The Wall Street Journal, Weekly Standard y National Review ya le habían pedido con insistencia que lo eligiera, y es cierto que su nominación ha conseguido cierto apaciguamiento.
 
Además de sus credenciales como republicano pura sangre —capaz de simpatizar con los votantes católicos del común— entre las virtudes de esta estrella ascendente se encuentra la ayuda que puede prestar en los 'estados indecisos' (swinger states) de su región, como Iowa, Pensilvania o Ohio.
 
Respecto a sus posibilidades de relanzar el debate, los foros conservadores no ocultan su entusiasmo. En su editorial "¿Por qué no Paul Ryan?" del pasado 8 de agosto, The Wall Street Journal escribía que "él ha puesto la reforma de la ayuda pública en el centro del debate—antes de que se convirtiera en una crisis que requiere cortes salvajes". Y agrega que lo ha hecho "como parte de una visión más amplia que enfatiza en la reforma tributaria para acelerar el crecimiento y restricción de gastos para prevenir un destino presupuestal como el de Grecia".
 
Algunos críticos, sin embargo, han visto la elección de Ryan una jugada de corte maquiavélico por parte de Romney. Si el electorado que ya ha logrado cautivar es el de la derecha —que de cualquier modo difícilmente dejaría de votar contra Obama— ¿para qué lanzarse más a la derecha?
 
En concreto, ¿no se está alienando así el candidato republicano a los electores de centro y a los indecisos? Justamente donde se encuentran sus mejores posibilidades de crecer.
La sospecha de cierta resignación en el campo de Romney ha llevado incluso a Noam Scheiber, editor de The New Republic, a notar con severidad que: "Ryan es la manera en que Romney y sus consejeros pueden evitar que se les echen la culpa por lo que ahora luce como una probable derrota (…) y pasarle la responsabilidad a los conservadores."
 
La misma postura defendió el pasado 6 de agosto Ezra Klein, columnista de The Washington Post, quien adicionalmente ve un debilitamiento de la posición de Ryan, pues en cuanto vicepresidente “tendrá que ser un soldado de Romney” y perderá la capacidad de fijar la agenda republicana, como lo ha hecho hasta ahora desempeñándose como presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara de Representantes.
 
Las últimas encuestas

Por su parte, tres de las encuestas nacionales publicadas a principios de mes muestran que Obama ha incrementado su distancia. La de Fox News registra incluso una distancia de nueve puntos, que es la mayor señalada por esa cadena.
 
"Con tan solo revisiones históricas mínimas", concluye Scheiber, se podría “contar una historia sobre cómo Romney estaba sosteniendo el paso hasta principios de agosto, cuando el consentido de los conservadores se unió al equipo e hizo que las estadísticas comenzaran a bajar constantemente".
 
El sondeo conjunto del diario USA Today y la empresa Gallup publicado el lunes 13 de marzo ha confirmado la baja aceptación de la elección de Ryan. Un 42 por ciento de los estadounidenses cree que la elección es "regular" o "pobre", y un 29 por ciento opina que no está preparado para asumir ese cargo. Se trata del más bajo nivel de aceptación registrado por esta encuesta, realizada desde 2000.

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