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| 2/2/2006 12:00:00 AM

¿Paz con Israel? ¡Hamás!

El Oriente Medio sigue sorprendiendo al mundo. La victoria en las urnas palestinas del movimiento armado Hamás dio un nuevo y dramático giro al futuro de la región.

A40 minutos de Jerusalén hay una esquina donde no han dejado de disparar al aire desde que se conoció la victoria de Hamás en las elecciones parlamentarias palestinas. Es que en Hebrón se concentra un gran número de seguidores del movimiento de resistencia islámica. Así lo atestiguan los afiches que inundaron las fachadas de la mayoría de las casas, y el museo sobre la lucha del movimiento, en el que se ven fotografías de sus líderes o se narran los atentados terroristas realizados contra Israel.

A pocos metros de ahí, en Belén, la gente aún no asimila la noticia. Esto lo confirma Assir Abdalliz, un joven de 24 años que dijo haber votado por el movimiento de resistencia Hamás. "Yo di mi voto por ellos porque estoy cansado de la corrupción y de los errores del actual gobierno palestino. Sin embargo, no imaginé que fueran a ganar".

Según los datos preliminares divulgados en Ramala, Hamás obtuvo 76 de los 132 escaños del Parlamento para los próximos cuatro años. Al Fatah, el partido gobernante, no llegó a los 50. Tanto en Israel como en Palestina, la gente no tiene idea sobre lo que vendrá de ahora en adelante. Mahmoud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina, está realizando consultas con el fin de que el Hamás forme el nuevo gobierno. Ya el primer ministro Ahmed Qureia y su gabinete renunciaron, como lo exige la ley. Esta semana comenzarán los primeros acercamientos entre los dos partidos. Incluso Hamás le propuso a Al Fatah, formar un gobierno de coalición, para hacer un gobierno más estable.

La noticia fue recibida con preocupación por los cristianos que viven en la ciudad de Belén. Un hombre que prefiere mantener su nombre en reserva dice estar pesimista. "Desde hace un tiempo, la vida para los cristianos se ha complicado. Los hombres del Hamás y de otros movimientos islámicos quieren que Palestina sea un país tan ortodoxo como Irán.

En Gaza y Nablus, las calles se han llenado de miles de hombres vestidos de negro y verde -los colores de Hamás- y muchos salen con el Corán en sus manos. En los alrededores de la Mukata en Ramala, sede de la Autoridad Palestina, el movimiento no ha parado. Del edificio salen y entran los hombres derrotados de Al Fatah. El caos se percibe en el ambiente, no sólo cerca de la sede del gobierno, sino también en las congestionadas calles del centro.

Y en Israel la angustia por la nueva realidad es cada vez más intensa. En este pequeño país la gente recuerda los atentados de este grupo armado, las incursiones del Ejército de Israel en retaliación y las amenazas de ese movimiento, que tiene en sus estatutos el objetivo de destruir al Estado judío.

Conocida la victoria, el primer ministro israelí encargado, Ehud Olmert, afirmó que no se sentará a negociar con un gobierno palestino dominado por el Hamás. "No es un socio para la paz sino un movimiento que apoya el terrorismo". Algo similar han expresado políticos israelíes como Shimon Peres o el ex primer ministro y actual líder del Likud Benjamín Netanyahu. Este último ha dicho que "se ha creado el 'Hamastán', un Estado parecido a Irán, que se ha levantado muy cerca de Jerusalén y Tel Aviv".

Por su parte, el presidente norteamericano George W. Bush dijo en rueda de prensa que no dialogará con Hamás mientras no renuncie a sus armas. Afirmaciones que son rechazadas por dirigentes del movimiento, quienes sostienen que la presencia militar israelí y el asesinato selectivo por Israel de sus dirigentes, incluido el jeque AhmedYassin, hacen que sus contrapartes no tengan autoridad moral para exigirles dejar las armas.

El movimiento de resistencia islámica, Hamás, apareció después de la guerra de 1967, como reacción contra el poder secular e izquierdista de Al Fatah, el partido que creó Yasser Arafat que hasta ahora fue la fuerza principal de la política palestina. En los 80 y de la mano deYassin, la organización incorporó, además de su orientación social, la vía de las acciones terroristas. Antes de su muerte, en abril de 2004, Abdel Azis Al-Rantissi, jefe en ese momento de la organización, recordó su propósito de establecer un Estado musulmán en el actual territorio que hoy ocupa Israel y reafirmó su deseo de desaparecer del mapa a Israel. Pero, además de sus actividades terroristas, el movimiento se ha encargado de suministrar asistencia social y médica a la población más pobre en lugares como Nablus o Gaza. Para lograrlo, se encarga del sostenimiento de escuelas y hospitales, en lugares que nunca recibieron ayuda por parte de Al Fatah.

Por todo eso, el triunfo de Hamás ha puesto de cabeza el proceso de diálogo con Israel, que deberá recomenzar, si acaso es posible, de cero. Mientras tanto, los gobiernos occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, se ven a gatas para explicar por qué los resultados de un certamen democrático sólo son aceptables si son favorables a los partidos 'moderados'. Sobre todo porque algunos observadores del proceso, como Edward L. Peck, ex asesor en terrorismo de la administración Reagan, atribuyen el triunfo de Hamás a que los comicios se realizaron bajo la ocupación militar israelí. Y otros, como Robert Dreyfuss, autor de El juego del diablo: cómo hizo Estados Unidos para desatar el fundamentalismo islámico" afirman que mal pueden Washington y Tel Aviv negarse a hablar con Hamás, cuando este grupo "fue estimulado por ellos en los años 70 y 80 para que minaran los grupos nacionalistas e izquierdistas como Al Fatah".

Para esos comentaristas, la causa de la caída del partido de Arafat no sólo se debió a su corrupción y su ineficiencia, sino a que sus contrapartes no le dieron oportunidad de mostrar resultados. Dicen que tanto en el tema de los asentamientos y la construcción del muro de separación, como en el estatus de Jerusalén, los gobernantes de Al Fatah debieron enfrentarse siempre con hechos cumplidos, mientras eran culpados, por omisión, de los actos terroristas cometidos por grupos distintos.

Por eso, el panorama es oscuro. Aunque cuenta con instituciones medianamente desarrolladas, Palestina depende de Israel, y su relativa independencia es una concesión hecha en desarrollo de los acuerdos. Por ello, es difícil imaginar cómo podría funcionar la Autoridad Nacional Palestina con un gobierno cuyo objetivo sea la destrucción de Israel.

Por otra parte, la economía palestina se financia en gran parte por ayudas de Estados Unidos y de la Unión Europea, y se espera que éstas se suspendan. Y si ello sucede, Palestina puede entrar en una confrontación interna muy peligrosa. Además, todas las mercancías que se producen allí salen a través de los puertos israelíes, por lo que Israel concentra los impuestos de las exportaciones, y cada mes los transfiere a la Autoridad Palestina. Según el gobierno israelí, son cerca de 300 millones de dólares cada mes, que pueden llegar a ser retenidos a partir de ahora si el Hamás no abandona el extremismo y deja las armas.

Gershon Bassin, analista israelí reconocido, da su pronóstico: "El ascenso del Hamás al poder es el resultado de las políticas erradas en las relaciones entre palestinos e israelíes. A Hamás le tocará volverse más moderado y práctico, pero esto tomará años, no días". Por eso, el Medio Oriente seguirá cautivando la atención mundial. Y cambiando su realidad de manera abrupta en muy cortos períodos. No sólo por haber vivido la salida inesperada de Ariel Sharon del gobierno israelí hace poco, sino ahora por la conquista del poder por parte del Hamás en Palestina. n
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