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| 4/8/1996 12:00:00 AM

¿PAZ PARA ISRAEL? NUNCA, 'HAMAS'

Cuatro bombazos en nueve días ponen a prueba como nunca el proceso de paz entre Israel y los palestinos.


A MEDIDA QUE SE ACERCABAN LAS ELECciones del próximo 29 de mayo, los habitantes de Israel y de los terntorios palestinos se preguntaban qué tanto duraría ese remanso de paz que habían sido los últimos seis meses. E1 asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin a manos de un extremista judío había puesto a reflexionar a los israelíes sobre su propia conducta, pero, por no provenir de un palestino, no había provocado reacciones directas contra éstos. El presidente de la autoridad palestina, Yasser Arafat, cumplía su parte de los acuerdos de paz con relativa eficiencia. Convocadas elecciones anticipadas, el nuevo primer ministro Shimon Peres hacía esfuerzos por no perder su ventaja ante su archirrival Benjamin Netanyahu, líder del derechista partido Likud. El ambiente era tenso, pero aún había campo para el optimismo.
Pero desde el 25 de febrero, en el curso de sólo dos semanas, cuatro ataques terroristas del movimiento palestino Hamas =que se opone a cualquier acuerdo con Israel= produjeron casi 70 muertos y dejaron en escombros la difícil construcción de la paz en Israel, los territorios ocupados y los sectores de autonomía palestina. En efecto, en esa fecha presuntos activistas del Hamas dieron muerte a 26 personas en bombazos perpetrados en Jerusalén y Ashkelon.
El 26 de febrero, el árabe-estadounidense Ahmed Abdel Hamideh lanzó su Fiat Uno contra una parada de autobuses repleta de israelíes y mató a dos personas. El 3 de marzo una bomba explotó en un autobús en Jerusalén, con lo que murieron 18 personas, incluido el terrorista. Y, al día siguiente, ótro kamikaze hizo explotar la bomba adherida a su cuerpo en un centro comercial de Jerusalén. Saldo: unos 20 muertos y 50 heridos.
Eso era más de lo que los israelíes estaban dispuestos a tolerar, y hasta los más liberales comenzaron a cuestionar el proceso de paz iniciado en 1993. Peres, en medio de una avalancha de críticas, declaró la guerra abierta a Hamas, clausuró las casas de los sospechosos (incluso los suicidas) y cerró el acceso de los territorios autónomos, a tiempo que exigía mayores acciones contra Hamas a Arafat, y éste contestaba con numerosos arrestos. Entre tanto, sus posibilidades de éxito electoral frente a Netanyahu parecieron esfumarse. La captura de un supuesto participante intelectual en las masacres no pareció disminuir el furor popular.
En esas condiciones Hamas nunca ha estado tan cerca de descarrilar el proceso de paz, dentro de su filosofía (permeada de fundamentalismo islamista) de que sólo la destrucción de Israel traerá la paz a la región. Por lo pronto quedó claro que la convivencia entre palestinos e israelíes en un territorio tan pequeño, depende de esa nebulosa organizacion. En la aproximación hacia este fenómeno residen las posibilidades reales de paz. ¿Se trata, como piensan los israelíes, de un enemigo que sólo debe ser aplastado? O, como piensa la Organización para la Liberacion de Palestina =OLP- ¿se trata de un fenomeno social que no puede ser aplastado sino atraído hacia la paz?
El problema comienza por el hecho de que la lucha armada es sólo una parte de las actividades de Hamas. Al contrario de otra facción conocida como 'Guerra Santa Islámica', Hamas es un movimiento que carece de una cadena de mando clara, en la que el mando militar está separado del político, a tiempo que éste tiene al menos tres tendencias, que explicarían el hecho de que no ha habido una respuesta clara a los atentados. Por una parte están los moderados de la Franja de Gaza, que quieren participar en la política palestina; los dirigentes de la Ribera Oeste, que tienen una actitud todavía dudosa frente a Israel, y los más extremistas, situados fuera del país y con sede, sobre todo, en Irán.
Lo cierto es que la verdadera fuerza de Hamas (los observadores estiman que tiene el apoyo del 25 por ciento de la población) no nace de sus acciones armadas sino de la amplia gama de actividades civiles que asumió desde 1987, cuando la Intifada (el levantamiento juvenil contra Israel) dejó sin servicios a la mayor parte de la población palestina.
Esas actividades comprenden escuelas, clínicas y clubes deportivos. De hecho, dicen que Hamas recibe el 90 por ciento de sus fondos ( de Irán, los estados del Golfo y árabes en Estados Unidos) para programas civiles y por vías legales.
Arafat sabe que, en esas condiciones, no es posible destruir la infraestructura de Hamas sin producir un caos que podría salirse de las manos, y su estrategia ha sido ir reemplazando los servicios prestados por Hamas por programas gubernamentales, a tiempo que procura darle impulso a los líderes moderados. Lo cierto es que en Gaza, un sector que ha estado bajo control de la OLP durante dos años, la popularidad de Hamas es la más baja de la región, lo que se demuestra en la alta participación electoral en las elecciones de enero a pesar del boicoteo ordenado por Hamas.
Hay otro detalle que también jue ga a favor de la posición de Arafat: los atentados de febrero se presentaron luego de varios meses de inactividad y sólo después del asesinato de Yahya Ayyash, apodado 'el ingeniero', un líder de Hamas conocido por su participación, como técnico en explosivos, en varios bombazos. Ayyash pereció cuando su teléfono celular le estalló en su oído en una acción que ha sido atribuida a los servicios secretos israelíes.
La situación se aproxima a una encrucijada: Arafat, bajo fuerte presión de los israelíes, deberá evitar a toda costa que los ataques continúen, pero aquéllos no deberán arriesgar poner al presidente palestino en una posición tan débil que beneficie a la organización extremista. Entre tanto, sólo la aceleración del proceso de paz, que deje a Hamas sin razón de ser, podría sacar a esa región del atolladero en que se encuentra.
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