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| 3/30/2003 12:00:00 AM

Pecados militares

Las normas humanitarias que pretenden hacer menos salvaje la guerra son otras de las víctimas de este conflicto. Ambas partes las han violado en forma flagrante.

En 1991 Jefrey Zaun apareció por primera vez en la televisión. Después de haber sido capturado en combate el soldado norteamericano fue grabado por los iraquíes mientras leía ante las cámaras, bajo amenazas y con signos de tortura, un guión en el que denunciaba la intervención norteamericana. El se convirtió, alrededor del mundo, en el rostro de la primera Guerra del Golfo.

La semana pasada el drama de los prisioneros de guerra, encarnado por Zaun, revivió cuando la televisión iraquí transmitió el interrogatorio que les hicieron las autoridades a cinco soldados norteamericanos capturados después de haber dado un giro equivocado con su vehículo cerca de Nassiriya, en el sur de Irak. A ellos se sumaron las imágenes de dos pilotos de helicóptero transmitidas al día siguiente.

Sin perder tiempo los funcionarios norteamericanos, con el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, a la cabeza, salieron a dar declaraciones en las que invocaban el respeto a la Convención de Ginebra sobre el tratamiento a los prisioneros de guerra, las "leyes de la guerra", firmada por 180 países, entre ellos Irak y Estados Unidos.

Gran parte del debate se ha centrado en el artículo 13, que establece que los prisioneros no deben ser expuestos en posiciones humillantes y que deben ser protegidos contra los insultos y la curiosidad pública.

La interpretación de este artículo, escrito antes del auge de los medios audiovisuales, está sujeta a debate. Para algunos analistas los norteamericanos también han incurrido en violaciones en este punto. Detlev Vagts, especialista en derecho internacional de la Universidad de Harvard, manifestó a SEMANA que "las fotos en las cuales no se ven las caras de los prisioneros de guerra, en mi concepto, no violarían el artículo. Pero aquellas que los muestran con una pistola apuntando a su cabeza sí los violarían. Creo que las fotos norteamericanas y las iraquíes están cerca del mismo nivel y, si ellos cruzaron la línea, nosotros también lo hicimos".

Rumsfeld ha pedido a los medios de su país que, por respeto a esa norma, no reproduzcan las denigrantes imágenes de los muertos y los prisioneros de las tropas de la alianza que ha producido la televisión iraquí. Sin embargo el gobierno norteamericano en ningún momento se ha manifestado contra aquellas que muestran a las tropas iraquíes en el momento de la rendición, muchas veces de rodillas y con las manos atadas. Los medios que han decidido usar esas imágenes, por su parte, se defienden con el argumento de que el Convenio de Ginebra cobija a los Estados, mas no a la prensa.

Pero más allá del papel de los medios (ver artículo pág. 26) el debate sobre los derechos humanos y las normas que pretenden defender a los combatientes abarca violaciones más serias que la sola exposición ante las cámaras. "Puede no ser absolutamente claro qué grado específico de exposición viole la prohibición de Ginebra sobre los prisioneros y la curiosidad pública. Pero no hay duda de que lo que los iraquíes han hecho refleja una flagrante indiferencia de los estándares básicos del derecho humanitario, dijo a SEMANA Erick Schwartz, especialista en derechos humanos, crímenes de guerra y derecho internacional, quien fue asistente especial del presidente para asuntos multilaterales y humanitarios durante el gobierno de Bill Clinton. Las autoridades iraquíes han permitido la grabación de los interrogatorios; soldados iraquíes han fingido rendirse para poder atacar a las tropas norteamericanas y las autoridades iraquíes han usado civiles como escudos humanos. Cualquiera que sea la interpretación de las reglas específicas de la Convención de Ginebra, comparar las violaciones iraquíes con las acciones del ejército norteamericano las trivializa".

Las palabras de Rumsfeld para invocar el derecho internacional llegaron en un momento en que al país del norte se le critica, precisamente, por ignorar los derechos humanos y los convenios internacionales en la guerra contra el terrorismo. El trato que se les ha dado a los Talibán y a los miembros de Al Qaeda capturados después de la guerra en Afganistán ha sido el centro de las críticas. Washington se ha negado a otorgarles la categoría de prisioneros de guerra y los ha calificado como "combatientes ilegales". Se trata de un término inventado por el gobierno Bush, no contemplado en el derecho internacional, que ha sido descrito como un "agujero negro legal" por medio del cual Estados Unidos ha justificado las arbitrariedades.

La gran mayoría de esos detenidos son trasladados a instalaciones militares en otros países fuera de la jurisdicción de las leyes norteamericanas. Aparte de la base de Guantánamo, en Cuba, donde hay cerca de 650 presos de la guerra contra el terrorismo, la CIA tiene centros de interrogación en Bagram, Afganistan y en una base en la isla Diego García. Con tal de conseguir información vital la inteligencia norteamericana no ha tenido inconvenientes para aplicar técnicas cercanas a la tortura, que incluyen la privación del sueño y de la luz, obligar a los prisioneros a estar en posiciones incómodas por largo tiempo o exponerlos a frío o calor extremos. De acuerdo con un informe publicado por el The New York Times, la CIA ha llegado hasta el punto de remitir a algunos prisioneros a los servicios secretos de países reconocidos por emplear la tortura física, como Egipto, Siria, Jordania y Arabia Saudita.

Cientos de organizaciones en todo el mundo se han manifestado en contra de estas violaciones. Un comunicado de Human Rights Watch al respecto, emitido en enero, advertía a Washington que "decir que las convenciones de Ginebra no se aplican a la guerra contra el terrorismo es particularmente peligroso y es fácil prever que esta 'excepción' pudiera ser contraproducente para las fuerzas de Estados Unidos en conflictos futuros".

Sin embargo, antes que cuestionar la conveniencia de los tratados, la actual situación reafirma la necesidad de unas reglas para la guerra. "Lo que la actual crisis está ilustrando es la necesidad de tratados internacionales, como la Convención de Ginebra, para el tratamiento de prisioneros y civiles, y algunos norteamericanos finalmente están cayendo en cuenta de que la severa detención de los afganos de Al Qaeda y los prisioneros Talibán en Guantánamo puede haber sido un error. La administración Bush olvida que hay muy buenas razones para jugar de acuerdo con las reglas internacionales, y una de esas razones es porque motiva a los demás a seguir también esas reglas, dijo a SEMANA Jonathan Teppperman, especialista en derecho internacional y humanitario del consejo de relaciones exteriores de Estados Unidos. Es poco probable que Saddam hubiera tratado a sus prisioneros norteamericanos de una mejor manera si Estados Unidos hubiera hecho lo mismo con los afganos en Guantánamo. El problema es más bien de relaciones públicas. Estados Unidos suena como un hipócrita cuando confía en la Convención de Ginebra en algunos casos y la ignora en otros".
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